×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (2011)

LISABÖ Animalia lotsatuen putzua

Bidehuts
LISABÖ, Animalia lotsatuen putzua
 

“Animalia lotsatuen putzua” es rock en su máxima expresión. El grito y sus efectos secundarios. Una bestialidad que mereció los máximos honores en la revista. Primero, a los pocos días de su publicación, con esta crítica de Juan Cervera que fue disco del mes en enero de 2012 (en ese mismo Rockdelux 302, el de las listas con lo más destacado del año, fue escogido el número 1 en el apartado de mejores álbumes nacionales de 2011). Después, con la portada del Rockdelux 303 y sus cuatro páginas dedicadas a una extensa entrevista con el grupo.

Qué bestialidad. Bastan treinta segundos desde el momento de activar el play y Lisabö ya te han dejado noqueado. Muy bestia, sí. Pero con sentido. Como todo lo que hacen, han hecho hasta ahora los de Irun. Sin prisas. Los de Karlos Osinaga y Javi Manterola nunca se han dejado tentar por ninguna escena ni tendencia. En todo caso, por la suya: la de hacer música visceral y al límite, música que duele y golpea, que convierte en una experiencia realmente física su escucha, tanto grabada como (más) en directo.

Lo de Lisabö es un aquelarre eléctrico que no entra en el juego de neutralizar por la fuerza al oyente: su furia busca la participación y la implicación, la simbiosis entre mensajero y receptor. Es lo más elevado a lo que puede aspirar el arte, cualquier arte, y el quinteto vasco ha encontrado el equilibrio perfecto para envolver con sus detonaciones sonoras y hacer que el cuerpo (y la mente) transpiren la música que fabrican.

“Animalia lotsatuen putzua” (“El pozo de los animales avergonzados”) es un viaje de vértigo asentado en las dobles guitarras eléctricas y baterías, el bajo y las voces. Es un ritual de dolor y cura del que no pueden desligarse los textos de, una vez más, Martxel Mariskal, prosa poética o poemas en prosa que escarban con imaginación en las arterias del existencialismo y la angustia para encontrarle un sentido al hecho de vivir. “Estamos despellejando el cielo con nuestras uñas afiladas”: una frase, al azar, que se clava como chinchetas oxidadas en el hueso del alma. Otra: “Todos somos enigmas ancestrales del futuro, en los límites del éxtasis”.

Sin noticias discográficas desde “Ezlekuak” (2007), poco prolíficos, autoexigentes, “Animalia lotsatuen putzua” contiene únicamente seis canciones en cuarenta y cinco minutos. Nada sobra, nada falta. Depuran su fórmula de electricidad domada, refriegan calma y violencia, declaman como si les fuera la vida en ello. Una centrifugadora emocional cuyo impacto no se diluye ni cojea. El apasionante tsunami de la banda no admite medias tintas: arrasa, libera. Entrar en Lisabö es sentir cómo bulle la sangre y el cuerpo se tensa, es despertar del letargo de una anestesia impuesta, es morder, gritar, sangrar. Es un viaje al límite con gratificación final, la que siempre se logra tras perseguir un esfuerzo tan doloroso como esperanzador. Aprieten los dientes: Lisabö han vuelto. Gracias.

“Ez zaitut somatu iristen”.

Arriba