×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (1975)

LOLE Y MANUEL Nuevo día

Gong-Movieplay
LOLE Y MANUEL, Nuevo día
 

Manuel Molina fue uno de los precursores de la renovación que se vivió en el flamenco en la década de los setenta; primero en el grupo Smash y después en Lole y Manuel, el dúo que formó con su mujer. Junto a Lole, consiguieron marcar una época difícilmente repetible en la historia reciente del flamenco, un soplo de aire fresco que impactó desde su mismo debut: “Nuevo día” (1975). Esta es la crítica escrita por Laura Sales, publicada en el especial del 20 aniversario de Rockdelux, el de los mejores álbumes españoles del siglo XX. “Nuevo día” ocupó el puesto 22 en esa lista.

El espectacular inicio de “Nuevo día” no deja lugar a la indiferencia: un tímido chelo primero y después toda una troupe de violines que arrastran consigo el alba acompañan la voz orgullosa de Lole Montoya mientras desgrana sílaba a sílaba unos versos inolvidables: “El sol joven y fuerte / ha vencido a la luna / que se aleja impotente / del campo de batalla”. Con su voz se despereza una mañana diferente, el albor de un nuevo flamenco que abandona el refugio de la tradición, donde los ortodoxos se esfuerzan por conservar la identidad de la cultura gitana, último baluarte de un pueblo desposeído y olvidado. Pero Lole, hija de La Negra y de Juan Montoya, y Manuel Molina, hijo de El Encajero y componente de Smash, abrazan sin miedo lo que viene de fuera para crecer en todas direcciones: “Está claro que yo no toco la guitarra como lo hace mi padre, ni Lole canta como lo hace su madre”, decía en su día Manuel. “Nuestros padres no oyeron a Janis Joplin ni a Jimi Hendrix, tampoco escucharon la música de The Beatles. Nuestro cambio está, sobre todo, en el ritmo”; el ritmo ralentizado de viejos patrones transformados en organismos porosos e hipersensibles.

 
LOLE Y MANUEL, Nuevo día

“Está claro que yo no toco la guitarra como lo hace mi padre, ni Lole canta como lo hace su madre”, decía Manuel Molina.

 

Y ahí encaja la renovación lírica de las letras de Juan Manuel Flores, llenas de bellos motivos campestres que conectan con el espíritu del hippismo que impregnaba la escena internacional. Son versos con la musicalidad de la rítmica natural del castellano (qué fácil suena y qué difícil resulta encontrar una fluidez semejante en las letras de nuestra música actual) y una plasticidad que deslumbra a poco que una se esfuerce en aplicar la imaginación visual. Como el poético colorido de “Un cuento para mi niño”, la historia de una mariposilla blanca, feliz entre claveles y violetas, que un coleccionista acaba clavando con alfileres en una cartulina negra. La poesía más esquemática y los tópicos más manidos pierden su marrullería en la intensísima voz de Lole: el clavel es “rojo como los labios de quien yo sé”, y eso ya lo dice todo.

Lole y Manuel se separaron sentimental y profesionalmente a la vez, como les ocurre a tantas parejas artísticas; y pese al éxito y a la influencia de su sensibilidad polifacética, hoy no se les recuerda lo suficiente. “Lole y Manuel han hecho una música que todavía no se ha entendido”, dice la Lole de ahora. Y la impresión que da al escucharlos hoy es que “Nuevo día” es un disco que tiene que girar y girar, y que la verdad es que nos da mil vueltas a todos.

“Nuevo día”.

Arriba