×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
 

ÁLBUM (2012)

LORENA ÁLVAREZ Y SU BANDA MUNICIPAL Anónimo

Sones-Warner
LORENA ÁLVAREZ Y SU BANDA MUNICIPAL, Anónimo
 

A comienzos de este año se editó “La cinta”, siete canciones empaquetadas en un bolsito artesanal, con casete y walkman para su escucha. Un centenar y medio de copias que volaron con rapidez y sirvieron para admirar todavía un poquito más a su responsable, la asturiana Lorena Álvarez, un prodigio poco común que hurga en la tradición de su entorno para amasar píldoras musicales (y literarias) que parecen formar parte de nuestras vidas desde tiempos inmemoriales. Todas reaparecen aquí, en su álbum de debut, grabadas de nuevo, pero sin perder ni una gota de frescura y naturalidad. “Anónimo” se completa con nueve canciones más, proponiendo un menú de dieciséis viñetas en treinta y siete minutos que se abren con el sonido de un rebaño de ovejas de paso por cualquier aldea de nuestra geografía.

Los directos de Lorena ya han convertido en clásicos populares títulos como “La boda”, “Pequeño saltamontes”, “Novias” o esa miniatura que es “Muchas gracias” (“Muchas gracias por amargarme el día / siempre fuiste así de detallista. / Gracias, gracias / por hacerme sufrir / ojalá que también te pase a ti”). Sí, Lorena habla de lo de (casi) siempre, de amor y despecho, y hornea sus misivas en moldes de la cultura popular, esa que parece perdida irremediablemente en los pliegues de lo digital. Y así, lo mismo resuenan ecos de jotas que de pasodobles y romances. No, no es una reinvención posmoderna –ironía, la justa–, sino la utilización de unos códigos a menudo despreciados e ignorados por la cultura pop dominante y que aquí arden briosos, orgullosos, vigentes, estableciendo (a veces) inesperadas y nutritivas conexiones (¿es “Burro” folk cósmico?, ¿es “Buenos días” un ensayo perdido en el carromato de Vashti Bunyan?).

“Anónimo” es, por momentos, destartalado y nudoso, como una buena madera sin pulir ni barnizar. No es un reproche; estas canciones, repletas de tortillas, novios y novias, charcas, barro, paellas, gallinas y jamón y, a veces, terribles verdades –vean “Testamento” y su frase para la eternidad: “Hay tan poco donde elegir / para cuando te llega la hora de morir”–, necesitan de estos mimbres. No son amigas de la sofisticación ni de los adornos de mercadillo. Su andamiaje acústico nunca levanta la voz, pero se va adentrando en la piel como un dulce veneno de hierbas frescas. Otro pop es posible. Y necesario. Esperemos que “Anónimo” y Lorena Álvarez no se queden en una excepción, sino que sean el principio de una regla.

“La boda”.

Arriba