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ÁLBUM (1991)

LOS BICHOS In Bitter Pink

Oihuka
LOS BICHOS, In Bitter Pink
 

Josetxo Ezponda (1963-2013) fue el glamur y el trueno de Pamplona. Hubo una época en que Los Bichos, su grupo, se convirtieron en una de las cosas más asombrosas que le ocurrieron al rock en España. Perteneciente a la generación perdida entre la posmovida y el indie, igual que Cancer Moon y Surfin' Bichos, sus canciones intensas fueron como un oasis surtido de las referencias musicales más interesantes, precisas y con buen gusto. Recuperamos el segundo disco de Los Bichos, escogido en el puesto 76 de los mejores cien álbumes nacionales del siglo XX en el especial del 20 aniversario de Rockdelux, para homenajear a un gran personaje que no dejaba a nadie indiferente: enamoraba su entusiasmo y su carisma. Esta es la crítica que escribió Quim Casas en ese extra.

Los Bichos fueron tres, Josetxo Ezponda (voz, guitarras), Carlos “Charly” González (guitarra) y Alfonso Asio (bajo; fallecido en diciembre de 2000), más la incorporación puntual de varios baterías, pero en el fondo la banda era un solo hombre, Josetxo, quien ha hecho lo mismo al frente del grupo y en sus discos en solitario. Por eso la obra de este trío de Pamplona, heredero del punk, del glam y de los sonidos neoyorquinos de los setenta, no se consume con “In Bitter Pink”, el segundo y último disco de la banda, sino que se prolonga, confunde y pervive en los trabajos a nombre de Josetxo Ezponda, “My Deaf Pink... Love” (1991) y “A Glitter Cobweb” (1995).

Formados en 1987 de las semillas de Tensión, Neon Provos y Flores Muertas, los tres grupos donde Josetxo, Asio y Charly participaron juntos o individualmente, Los Bichos demostraron todo su poder de convocatoria rockera con “In Bitter Pink”, disco generoso y no sólo porque fuera doble. El primero, “Color Hits” (1989), ya practicaba la panorámica rockera y el guiño estético, del rock de Detroit a la ranchera. Pero el segundo, fabricado a bocajarro y repleto de ideas pretéritas y futuras, tuvo muchísimo más arrojo en todos los sentidos. Los Bichos ampliaron miras y supieron ser revisionistas y rupturistas al mismo tiempo. En una entrevista de Gerardo Sanz (Factory 6, abril-junio de 1995), Josetxo separaba los dos álbumes del siguiente modo: “¿Y cómo resumes once años de hacer canciones en un disco? Por eso es tan variado (...). El siguiente era algo más personal. Ya que ‘Color Hits’ fue bien recibido por la crítica y se vendió más de lo que se pensaba, nos dio pie a grabar ‘In Bitter Pink’, un doble completamente pasado de rosca”.

Si en el primer álbum versionaron lo que en teoría todo el mundo esperaba de ellos, a The Stooges (“1969”, rebautizada “1989”), en el segundo combinaron el Alex Chilton de “Holocaust” con el Serge Gainsbourg de “Je t’aime... Moi non plus”, lo que tendría su prolongación en algunas de las lecturas ajenas de “My Deaf Pink... Love”: “Sand” de Lee Hazlewood y “I Remember” de Suicide.

La foto en blanco y negro de la portada de “In Bitter Pink” tiene ecos oscarwilderianos en el atuendo de Josetxo, y los dibujos interiores, del propio cantante, parecen sueños de mezcal, pero lo que emerge de los surcos, sobre todo en el segundo de los dos discos, es un escéptico y a la vez temperamental paseo por la Nueva York de New York Dolls, Television y Richard Hell And The Voidoids. Aun así, Bob Dyan y Nick Cave asoman también entre líneas para engrandecer en formato scope la historia del rock según Los Bichos.

“Raquel's Dream”.

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