Cómo nos cuidan en Munster a los collectors puntillosos. El sello está arrojando luz a estilos autóctonos que nadie quería tocar ni con pértiga y, encima, prestando gran atención al detalle, respetando formatos, añadiendo notas. El quinteto barcelonés de los sesenta Los Salvajes ha sido el último en gozar de este tratamiento gracias a una reedición improrrogable de sus ocho EPs. Los Salvajes empezaron en 1962 como todos, de puntillas sobre The Shadows, San Remo y la chanson, añadiendo un poco de The Beatles y sin querer importunar. La diferencia es que algunos continuarían haciendo eso durante toda una carrera y en Los Salvajes algo cambió. Tras un viaje a Alemania en 1964, el grupo canjeó el yé-yé apocado y los baladistas de cartón por el rhythm’n’blues y el beat más burro, empezando una trayectoria que –aunque sufriendo las limitaciones propias de la España Oscura– corrió paralela a los grupos europeos de beat furioso. En este sentido, solo Los Cheyenes (también de Barcelona) lograrían igualar y ocasionalmente derrotar a Los Salvajes en su podio de único grupo de auténtico rhythm’n’blues garagero ibérico.
El primer EP, de 1964, es anterior a su visita a Alemania; un hecho que se hace dramáticamente patente al escuchar la funesta balada de Johnny Hallyday “Nada ha cambiado”. Sin embargo, el grupo apunta maneras: en el ritmo hamburgués que le dan al “Boys” de Dixon/Farrell, por ejemplo. En el segundo EP (1965) el grupo exigió incluir una composición propia, un factor que los diferenciaría aún más de otros grupos del momento. Pueden olvidar “Good Bye, My Love” (nociva versión de The Searchers) o “Siluetas” (petardo de Herman’s Hermits); es “Hielo en vez de amor” el primero en demostrar dónde yacía su corazón, también la primera pieza propia que grabaron: un temazo de freak beat primario que, si bien suavizado por la coyuntura, podrían haber firmado The Outsiders. Poco a poco el grupo reclama más espacio, un hecho que se manifiesta en su estridente “Satisfacción” (“no me doy por... ¡satis-fe-cho!”) del tercer EP (1965) o en el instrumental pop-art propio “Al Capone” (con efectos de sonido) del cuarto. Es también en este EP (1966) donde nos encontramos la prueba definitiva del camino que buscaban: “A la buena de Dios”, o cómo Los Salvajes transformaron un flácido hit de San Remo en homenaje al “Anyway, Anyhow, Anywhere” de The Who. Mods rule, sin duda.


























