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BOX SET (2008)

LOS SALVAJES Lo mejor de Los Salvajes. The E.P. Collection

Munster

Por Kiko Amat

LOS SALVAJES, Lo mejor de Los Salvajes. The E.P. Collection
 

Aquí están reunidos los ocho EPs de Los Salvajes en un estuche ideal para los amantes del garage-beat ibérico más rudo. Entre 1964 y 1967, los barceloneses se convirtieron en unos campeones del rhythm'n'blues garagero autóctono, como atestiguan las canciones de estos vinilos rescatados por Munster. Kiko Amat, por supuesto, escribe encantado sobre este festival a 45 rpm que, en la España de los sesenta, convirtió en leyenda al quinteto comandado por Gaby Alegret.

Cómo nos cuidan en Munster a los collectors puntillosos. El sello está arrojando luz a estilos autóctonos que nadie quería tocar ni con pértiga y, encima, prestando gran atención al detalle, respetando formatos, añadiendo notas. El quinteto barcelonés de los sesenta Los Salvajes ha sido el último en gozar de este tratamiento gracias a una reedición improrrogable de sus ocho EPs. Los Salvajes empezaron en 1962 como todos, de puntillas sobre The Shadows, San Remo y la chanson, añadiendo un poco de The Beatles y sin querer importunar. La diferencia es que algunos continuarían haciendo eso durante toda una carrera y en Los Salvajes algo cambió. Tras un viaje a Alemania en 1964, el grupo canjeó el yé-yé apocado y los baladistas de cartón por el rhythm’n’blues y el beat más burro, empezando una trayectoria que –aunque sufriendo las limitaciones propias de la España Oscura– corrió paralela a los grupos europeos de beat furioso. En este sentido, solo Los Cheyenes (también de Barcelona) lograrían igualar y ocasionalmente derrotar a Los Salvajes en su podio de único grupo de auténtico rhythm’n’blues garagero ibérico.

El primer EP, de 1964, es anterior a su visita a Alemania; un hecho que se hace dramáticamente patente al escuchar la funesta balada de Johnny Hallyday “Nada ha cambiado”. Sin embargo, el grupo apunta maneras: en el ritmo hamburgués que le dan al “Boys” de Dixon/Farrell, por ejemplo. En el segundo EP (1965) el grupo exigió incluir una composición propia, un factor que los diferenciaría aún más de otros grupos del momento. Pueden olvidar “Good Bye, My Love” (nociva versión de The Searchers) o “Siluetas” (petardo de Herman’s Hermits); es “Hielo en vez de amor” el primero en demostrar dónde yacía su corazón, también la primera pieza propia que grabaron: un temazo de freak beat primario que, si bien suavizado por la coyuntura, podrían haber firmado The Outsiders. Poco a poco el grupo reclama más espacio, un hecho que se manifiesta en su estridente “Satisfacción” (“no me doy por... ¡satis-fe-cho!”) del tercer EP (1965) o en el instrumental pop-art propio “Al Capone” (con efectos de sonido) del cuarto. Es también en este EP (1966) donde nos encontramos la prueba definitiva del camino que buscaban: “A la buena de Dios”, o cómo Los Salvajes transformaron un flácido hit de San Remo en homenaje al “Anyway, Anyhow, Anywhere” de The Who. Mods rule, sin duda.

 
LOS SALVAJES, Lo mejor de Los Salvajes. The E.P. Collection

El verdadero garage-beat ibérico: el grupo canjeó el yé-yé apocado y los baladistas de cartón por el rhythm’n’blues y el beat más burro.

 

A los EPs 5, 6 (ambos de 1966), 7 y 8 (de 1967) los llamaremos “el cuarteto mod”: son los idolatrados por los amantes de esa corriente, los que llevan himnos de rebelión generacional y los que lucen una conversión a la psicodelia sin igual en el pop español. En el quinto está el célebre grito de guerra repleto de fuzz “Soy así” (“con patillas largas / estrecho pantalón / yo viajo en metro / aunque llame la atención”) acompañado por versiones de Spencer Davis Group y The Rolling Stones. En el sexto, otro canto a la rebeldía y el gamberrismo (“Es la edad”), junto a más Stones (“Todo negro”), The Troggs (“Una chica igual que tú”) y Spencer Davis Group (“Que alguien me ayude”).

El séptimo muestra una incursión en el soul –copando las listas de éxitos– con una versión de Four Tops (“Es mejor dejarlo como está”), pero a la vez contiene la canción de garage más animal del grupo, su homenaje al insomnio “Las ovejitas”. El octavo lo tiene todo: psicodelia primigenia en “Mi bigote”, garage arrogante en “Vivir sin ti” (décadas más tarde la harían suya los asturianos Dr. Explosion) y pop bailongo en “El bote que remo” de Neil Diamond (vía Lulu). En resumen, estamos ante una colección totalmente imprescindible de uno de los pocos grupos ibéricos de los sesenta cuya carrera puede contemplarse sin mentar madres.

“A la buena de Dios”.

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