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ÁLBUM (1972)

LOU REED Transformer

RCA
LOU REED, Transformer
 

Un disco accidentalmente glam, el que marcó la trayectoria de Lou Reed en la década de los setenta y lo convirtió en leyenda eterna: con canciones como “Vicious”, “Perfect Day”, “Walk On The Wild Side” o “Satellite Of Love”, entró en la historia como un grande, también a nivel popular. Número 33 en la lista de los doscientos mejores álbumes del siglo XX publicada en 2002 en el Rockdelux 200; aquí, la crítica escrita por Xavier Cervantes en aquel extra.

La maldición historicista ha condenado a “Transformer” (1972) a vivir a la sombra de sus causas y sus consecuencias, porque resulta imposible desligarlo del catálogo de maravillas de The Velvet Underground y del estremecedor “Berlin” (1973). También ha de soportar el peso de esa retórica del rock que habla de un Lou Reed rescatado de la mugre por David Bowie. Incluso ha de resignarse a ser considerado el álbum menos personal de su autor. Paradójicamente, el culpable de todo ello es el propio Lou Reed, enfrentado a posteriori a “Transformer” como si fuera un hijo no deseado. ¿Por qué? Seguramente porque el éxito de este disco, debido en buena parte al talento de Bowie, fue un insulto para su ego.

Cuando se desentendió de The Velvet Underground, debía responder a una pregunta clave: ¿cómo ser Lou Reed? Escapó del anonimato neoyorquino camino de Londres. Allí grabó su debut en solitario, “Lou Reed” (1972). Erró el tiro. Quiso ser Lou Reed dejando de ser quien había sido, pero acudiendo a siete descartes de The Velvet Underground para armar un listado con solo tres composiciones nuevas (entre ellas, un esbozo primitivo de “Berlin”). Y se equivocó sobre todo al elegir a Rick Wakeman y Steve Howe como segundos de a bordo. Ese disco salió en mayo del 72. En agosto ya estaba en los estudios Trident trabajando en “Transformer” en compañía de Bowie y Mick Ronson, responsables de una producción intuitiva, con arreglos que parecen improvisados en un arrebato de genialidad y que en conjunto confieren al disco un fascinante aire de extravagante cabaret intimista. Parece un despropósito sinsentido, con el bajo en primer plano, una tuba encantadoramente pomposa, la batería perfumada de swing, unos coros que son parodia del doo-wop... Bendito despropósito.

 
LOU REED, Transformer

Una temporada con Bowie, con quien Reed tuvo que compartir el triunfo de “Transformer”, y en el mismo año de “Ziggy Stardust”.

 

Ahí está Reed para encauzarlo todo con su voz nasal, administrando el feedback con la guitarra y aprovechando esa irrepetible conjunción del verano del 72, cuando un estornudo de Bowie era una genialidad. Y tuvo uno ciertamente insólito: decidir que Ronnie Ross, su profesor de saxo, culminara la narración de “Walk On The Wild Side”, la cima del Reed cuentacuentos que inicialmente iba a formar parte de un espectáculo teatral que no llegó a realizarse, basado en la novela de Nelson Algren “A Walk On The Wild Side” (1956). La idea era de Andy Warhol, pero Reed recogió el título para dibujar viñetas del costumbrismo marginal propio de la Factory desde una ambigua distancia: aquel no era su lado salvaje, sino el de otros... pero lo conocía de primera mano.

Había llegado el momento de rendir cuentas con inteligencia, evitando el tono confesional de la puta arrepentida, pero sin escatimar veneno. Y no le importó la admiración que Bowie sentía por Warhol. “Transformer” es un juicio con el pope del pop art en el banquillo. “Cuando te veo venir, solo quiero largarme corriendo / No eres la clase de persona con quien quiero estar”. Lo dice en “Vicious”. En “Andy’s Chest”, escrita en tiempos de terciopelo (como la magnífica “Satellite Of Love”) después de que Valerie Solanas disparara contra Warhol, lo describe como “un oso desnudo de color rosa y mente febril”, un adicto al teléfono a quien le dedica también “New York Telephone Conversation”. Sin embargo, no están muy claros los cargos contra Warhol porque Reed utiliza la condescendencia para disimular su inseguridad y se pasea por el filo de la ambigüedad fascinación-repulsión sin perder el equilibrio. Incluso la inocente “Perfect Day”, una de sus mejores composiciones, y las más intrascendentes “Make Up” y “Goodnight Ladies” parecen esconder un inquietante mensaje secreto.

Reed acertó a ser Lou Reed, pero tuvo que compartir su triunfo con el Bowie que ese mismo año había publicado “Ziggy Stardust”. Y su ego no se lo podía permitir. Luego llegó “Berlín”, otro Lou Reed, y ya nunca volvió a ser el de “Transfomer”.

“Vicious”.

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