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ÁLBUM (2007)

LOW Drums And Guns

Sub Pop-Popstock!
LOW, Drums And Guns
 

Comienza con soldados y bebés muertos: “All the soldiers, they’re all gonna die / all the little babies, they’re all gonna die”. Es “Pretty People”, un canto fúnebre entonado por Alan Sparhawk sobre un fondo de distorsión y percusiones marciales. Una miniatura solemne que marca el tono del nuevo álbum del trío de Minnesota, el segundo para Sub Pop, segundo en colaboración con Dave Fridmann y primero con Matt Livingston, el bajista que sustituyó a Zak Sally tras la aparición en 2005 de “The Great Destroyer”, un pináculo que los sacó definitivamente del cuarto del slowcore para meterlos de lleno en la liga de los grandes del mapa alternativo norteamericano.

“The Great Destroyer” fue el disco rock de Low, un álbum furioso con guitarras orgullosas cabalgando sobre canciones dinámicas. Los de Duluth eran capaces de saltarse el guión de la cámara lenta y de las invocaciones susurrantes y místicas. Ahora, en otra magnífica vuelta de tuerca, se reinventan con un trabajo de sonido minimalista y puro que parece resumir todo el camino andado desde la publicación de “I Could Live In Hope” (1994). Fridmann, en una producción sorprendente, ha preparado un decorado donde los entrelazados de percusiones ponen la base para unos desarrollos escuetos que son barnizados con ecos de guitarras u órganos y, la mayor novedad, ha dejado entrar la electrónica para acabar de coser unas composiciones que parecen encontrar su tono sobre silencios y espacios abiertos. Y, por encima de todo, las voces de Sparhawk y Mimi Parker, juntas o por separado, oficiando un festín melódico sobre versos de muerte, esperanza y redención.

 
LOW, Drums And Guns

Low se alejan de los sermones para bucear en los caminos de la fe y desgranar a la vez dudas y plegarias. Foto: Tim Soter

 

Probablemente el grupo cristiano más extraño de la historia, Low se alejan de los sermones evidentes para bucear en los intrincados caminos de la fe y desgranar a la vez dudas y plegarias. Acudan a “Murderer” y su definitiva súplica: “One more thing before I go / One more thing I’ll ask you, Lord / You may need a murderer / Someone to do your dirty work”. Johnny Cash la debe de estar tarareando en su parcela de cielo. Himnos para tiempos oscuros, tensos dramas para recordar un mundo de tinieblas y destrucción, los cuarenta minutos de “Drums And Guns” (2007) se suceden en una secuencia de tensión que sabe descifrar lo siniestro con códigos de belleza deslumbrante, traducir el pesimismo en notas de emoción profunda y purificadora. El drama se desgarra y cura: es la catarsis que se debe exigir a cualquier obra de arte que arrincona el cinismo para intentar jugar con la verdad. Quienes esperaban un ahondamiento en los surcos de “The Great Destroyer” van a asistir a un descubrimiento y a una epifanía, al renacimiento de un trío que ha encontrado el sendero para avanzar sin traicionar los postulados que hicieron importantes álbumes como “Songs For A Dead Pilot” (1997) o “Things We Lost In The Fire” (2001). La lentitud era eso, sí, pero también la que recorre las arterias de “Violent Past”, aquí un cierre catedralicio con órganos punzantes y palmas sintéticas.

La homogeneidad del disco halla su amarre en las variaciones que acaban por dar a cada canción el estatus de perla única y especial. Como en la magistral destilación de “Your Poison”, poco más de un minuto que concentra gospel y blues en una pirueta que otros habrían estirado hasta el exhibicionismo. O en “Take Your Time”, un imponente piano elevándose sobre una niebla sincopada. “Belarus” parece llevarlos hasta los dominios de Morr Music en una especie de indietrónica (con cuerdas) que florece como si jamás hubiera existido esa etiqueta y “Breaker” enlaza órgano, palmas y percusiones –y mordiscos de guitarra aguda– para dibujar algo que puede remitir (a mí me remite) al misterio de “Holocaust” de Big Star. Las perturbaciones electrónicas de “Dragonfly” se antojan el colchón perfecto para las delicadas gargantas de Alan & Mimi, cruzándose en interrogantes. Y el tuétano de Young Marble Giants parece rezumar sobre “Hatchet”, pop de matrícula examinado a dúo con una declaración de amor sin reservas, con sonrisa: “You be my Charlie and I will be your George / Let’s bury the hatchet like The Beatles and The Stones”. Delicado pero no blando, trascendente sin grandes gestos, dramático sin melodrama, hermoso sin sacarina, Low han firmado con “Drums And Guns” una poderosa declaración de integridad y talento en el primer disco absolutamente indispensable de 2007. Take your time.

Etiquetas: 2007
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