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ÁLBUM (2007)

M.I.A. Kala

XL-Popstock!
M.I.A., Kala
 

Somalia, Australia, Madonna y Bollywood. Darfur y Pixies, The Modern Lovers y Ruanda. The Clash y Miami. Trinidad y Sri Lanka. Jamaica y Liberia. Mathangi Arulprasagam vuela. Anota y recuerda. Recopila y remodela. Apunta y dispara. Periodista de los excluidos, reportera digital que recorta y pega rellenando el mapa de un mundo hundido en los márgenes de una “libertad” que no permite más que el lujo de la supervivencia. Violencia e ignorancia. La movilidad feroz del post-capitalismo como arma mortal de contención de un “tercer mundo” atrapado para siempre en el corazón de las tinieblas. “Arular” (2005) fue una bomba que chamuscó las narices del negocio pop gritando claro y fuerte. ¿Flor coyuntural de temporada? ¿Pólvora mojada? Aquí está “Kala” (2007) para desmentirlo, un disco que enfoca con precisión el cauce por el que M.I.A. navega, esa especie de pop global que regurgita ritmos y melodías para levantar un manifiesto fresco, sexy y arrollador de música que parece renunciar a una identidad uniforme para transmutarse en un eco de las regiones olvidadas del planeta. Es la vía que aún es capaz de dar sentido a esa cosa llamada mestizaje o world music (comparen “Kala” con lo último de Manu Chao, por ejemplo. Y sonrían, por favor). Diplo ya está en un discreto segundo plano, pero Maya y Switch han especiado un guiso que revienta esquemas con drum kits metálicos, samples insólitos, metales agudos y sintetizadores de feria. Metralla digital esculpida con precisión y orden. Ritmo y cabeza.

¿Hip hop? ¿Electro? ¿House? ¿R&B? Sí y no, no y sí. “Kala” pica de todo y no se queda con nada, se dispersa con garbo para retornar con ejemplares piezas de artillería pop que riman diversión con subversión, homenaje con creación. “Bamboo Banga”, “Bird Flu” y “Boyz” forman una tripleta inicial imbatible, cascadas de ritmo que intoxican y regeneran, entre el arrebato tribal y la pachanga revitalizadora. “Jimmy”, su apropiación de un tema del filme hindi “Disco Dancer”, se merienda el “Hang Up” de Madonna con un desparpajo de matrícula y “Mango Pickle Down River” (otra apropiación, en este caso de “Down River”, de los australianos Wilcannia Mob) es un ejemplo de creación “intervencionista”, con los autores originales –niños aborígenes– en un extraño momento de inocencia compartida.

 
M.I.A., Kala

M.I.A. se encuentra cómoda siendo an outlaw from the badland”, con “beats too evil”. Foto: Jeanette Beckman

 

“Kala” renuncia a lo meramente espectacular para concentrarse en los detalles. Es un artefacto sutil que crece con cada escucha; no hay que correr para seguir sus gustosas líneas de fuga. Confirma la visión única de una artista dispuesta a inocular algo de inteligencia en las ondas de la MTV y en los foros de internet. Por todos los medios necesarios. Con la agenda política en primer plano, pero sin caer jamás –busquen los textos en la red– en el panfleto primitivista. M.I.A. se encuentra cómoda siendo “an outlaw from the badland”, con “beats too evil” para ser desinfectados en el suplemento del diario de turno o en los mano a mano con la aristocracia yanqui (“Come Around”, su dueto con Timbaland, ya aparecido en algunas versiones del disco de éste). Ha sabido mantener el control –poca exposición mediática tras el boom “Arular”, a pesar de su contrato con Interscope en Estados Unidos– y seguir con firmeza su misión de fabricar combinados que saben a resistencia y orgullo. Con color y sabor. Con el tino de una rutilante star formada e informada. “I put people on the map that never seen a map / I show them something they ain’t never seen”: una misionera sin cruz, con los archivos de sonido como Biblia redentora. Power, power.

Etiquetas: 2007
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