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ÁLBUM (2010)

M.I.A. Maya

N.E.E.T.-XL-Interscope-Popstock!
M.I.A., Maya
 

¿Lúcida o ingenua? Eso nos preguntábamos en la portada de Rockdelux 232 (septiembre 2005). La respuesta puede que todavía flote en el aire, pero media década después y con esta tercera entrega larga en su discografía ya nadie puede albergar dudas de que, más allá de cuestiones de posicionamiento político, el diario musical de Maya Arulpragasam es uno de los más sólidos y excitantes de los que pueden visitarse en un tour virtual por los sonidos de la primera década del nuevo siglo. The Mess Age, dice ella: la década del mensaje y de la confusión. La década del Google Government. Del Gran Hermano Internet. De la comunicación global y de la soledad personal.

La omnipresente sombra de internet –la falta de privacidad y las emociones “blogueadas”– es uno de los temas de “Maya” –vean el diseño del disco–, pero no el único, claro. También el amor (ya es madre y eso cambia a cualquiera, dicen) y el (des)equilibrio de fuerzas en un mundo de paradojas donde la tecnología es el pan nuestro de cada día mientras cada vez más gente muere olvidada entre la indiferencia y los breves comentarios en los noticiarios. Y desde su posición privilegiada –el boom de “Paper Planes”, nominación al Oscar incluida, la ha convertido en Estados Unidos en una celebridad siempre dispuesta a dar guerra en entrevistas y declaraciones–, M.I.A. levanta la voz cabreada y altiva y echa sal en las llagas de lo unidireccional. ¿Qué otra popstar podría meterse en la piel de una terrorista chechena y armar los subyugantes escasos tres minutos de “Lovalot”, una de las cumbres de una carrera donde estas no escasean? ¿Radical chic? Puede.

 
M.I.A., Maya

The Mess Age: la década del mensaje y de la confusión. Foto: Ravi

 

Pero lo que no puede (ni debe) obviarse es el torrente de ideas musicales que “Maya” despliega. En su disco más extremo, la tamil sigue apostando por su rol de misionera nómada y, como una fuerza de la naturaleza, engulle dancehall y electropop, dubstep y reggae, noise rock y R&B, y pespuntea unos híbridos fluorescentes y provocativos que siempre suenan con unos extras de excitación raramente detectables en la música pop que se envasa hoy en día en las uniformes maquiladoras deslocalizadas.

Entre los mordiscos de rock gordo de “Born Free” –vía “Ghost Rider” de Suicide– y “Meds And Feds” –cortesía de Derek E. Miller de Sleigh Bells–, podemos encontrar las delicadas bajadas de tensión de “It Takes A Muscle” (un tema de 1982 de los holandeses Spectral Dislay remodelado con especias caribeñas por Diplo) o el pop espacial de, ejem, “Space”. Son extremos que se complementan para armar un modelo de sonido global donde los pilotos –Rusko, Switch, Blaqstarr, los mentados Diplo y Miller– siempre están al servicio de la comandante-reina. ¿Qué “XXXO” les parece un single para Lady Gaga? Salten a los monstruosos “Teqkilla” y “Steppin Up”, con sus beats inmisericordes y su arsenal de consolas jubiladas: metralla extraída de los sueños húmedos del mejor Timbaland. O, un salto más, hagan parada en el adhesivo “Story To Be Told”, lección de cómo convertir una canción trillada –la infantil “Frère Jacques”– en un estribillo-chicle infalible.

“Maya” completa, tras “Arular” (2005) y “Kala” (2007), un pódium que no sabe de plata ni bronce. Todo oro. Y pasen por caja y acudan a la edición limitada: añade cuatro temas extras sin desperdicio, especialmente “Internet Connection” y “Believer”, dos bonus de lujo por los que muchas matarían para justificar todo un álbum.

Etiquetas: 2010
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