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REEDICIÓN (2011)

MICKEY NEWBURY An American Trilogy

Saint Cecilia Knows-Mountain Retreat-Popstock!
MICKEY NEWBURY, An American Trilogy
 

Trilogía reeditada de Mickey Newbury (1940-2002), uno de los outlaws más inteligentes del country y, también, uno de los más torturados. Se trata de un cuádruple CD con los discos-suite “Looks Like Rain” (1969), “'Frisco Mabel Joy” (1971) y “Heaven Help The Child” (1973), a los que acompaña otro de demos y rarezas. Adrián de Alfonso comentó esta cuidada edición. Debajo, suena “An American Trilogy”.

Mickey Newbury siempre quedará ensombrecido por la fama de su amigo Townes van Zandt, al que paradójicamente consiguió su primer contrato discográfico. Para los rastreadores de créditos, su nombre resultará familiar. A Newbury lo han cantado, entre otros, Alex Chilton, Ray Charles, Gene Vincent, Joan Baez, Roy Orbison, Elvis Presley, Robert Wyatt, Scott Walker, Etta James o Johnny Cash. Ahí es nada.

Nacido en 1940 en Houston, capital del crimen de la época, aprendió a escribir música durante los dos años en los que estuvo recluido, incapaz de salir de casa tras recibir una paliza a manos de dos desconocidos. Desde entonces se acostumbró a ir a todos los sitios con un arma. Con 19 años, tras foguearse en la escena doo wop de su ciudad natal, se unió a la Air Force y participó en una misión secreta de tres años en Inglaterra. En 1963 volvió a los Estados Unidos, dejó las fuerzas armadas y se dedicó a la pesca de la gamba en el Golfo de México, con lo que ganó lo suficiente para instalarse en una cabaña a las afueras de Nashville, donde empezó a escribir para Acuff-Rose. Newbury compuso la mayoría de sus grandes éxitos por aquel entonces. En 1968 publicó “Harlequin Melodies” en RCA, un disco que, según él, no consiguió transmitir la intimidad que buscaba. Hastiado, se fue a vivir a una casa flotante a las orillas de Old Hickory Lake, a tiro de piedra de los estudios Cinderella Sound, donde grabó los tres álbumes que aquí se recuperan: “Looks Like Rain” (1969), “'Frisco Mabel Joy” (1971) y “Heaven Help The Child” (1973) son discos-suite para los que Mercury y Elektra le dieron, por fin, pleno control creativo.

 
MICKEY NEWBURY, An American Trilogy

Mickey Newbury, un hombre torturado, influencia para, entre otros, Bill Callahan, Nick Cave, David Eugene Edwards y Will Oldham.

 

La trilogía que recoge esta edición suena lejana, a la vez que caliente y sanadora. Voces filtradas por un amplificador Leslie, silbatos de tren, crótalos sumergidos bajo el agua, sintetizadores, lluvia y una reverb de placas que haría las delicias de muchos grupos de hoy en día. Se nota que Newbury tenía en el punto de mira las producciones de los Beatles y los Beach Boys, lo que era todo un sacrilegio moviéndose por donde se movía. Por si fuera poco, a nivel de expresividad y arreglos se le pegó mucho de la música negra, muy probablemente a raíz de las escuchas adolescentes del rhythm’n’blues que se publicaba en Duke y Peacock Records y del blues híbrido que perpetraba Clarence “Gatemouth” Brown, quien se fijó en el transparente timbre de Newbury cuando este era aún muy joven. Para los que busquen country-folk más ortodoxo y desnudo, que también lo hay, recomiendo dirigirse a las demos inéditas recogidas en “Better Days”, presente aquí como cuarto CD, o al “Live At Montezuma Hall” (1973).

Líricamente, como Kris Kristofferson nunca se cansó de apuntar, su pluma volaba alto. Diagnosticado maníaco depresivo en 1991, Newbury veía la oscuridad como el contraste necesario para ensalzar la felicidad y la belleza. Cierta negrura le garantizaba, creía él, un alcance emocional eterno. Buena cuenta de ello dio David Allen Coe, quien, tras veinte años de condena, descubrió a Newbury y lo versionó a destajo. O Jerry Lee Lewis, quien incendió la terrorífica “She Even Woke Me Up To Say Goodbye” y la catapultó a las listas. Además, hay algo muy femenino en su música. Se cuenta que Odetta lloró cuando escuchó a Newbury cantar “An American Trilogy” en directo, un popurrí de canciones populares que levantó bastantes ampollas en la época. Steve Earle, con quien también mantuvo amistad, lo consideró siempre uno de los outlaws más inteligentes.

Después de esta trilogía, Newbury se casó, se mudó a Oregon y grabó una docena de discos más. Murió en 2002, de fibrosis pulmonar. Su estela puede rastrearse en la música de Tom Brosseau, Bill Callahan, Nick Cave, Alex Neilson, David Eugene Edwards y Will Oldham.

“An American Trilogy” (de “'Frisco Mabel Joy”).

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