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ÁLBUM (2001)

MOGWAI Rock Action

Southpaw-[PIAS] Spain
MOGWAI, Rock Action
 

Mogwai, grupo enraizado en las bases del rock cuya música se puede alejar hacia paisajes instrumentales que se enredan entre un post-rock que explosiona y una psicodelia contemplativa que narcotiza. Con “Rock Action”, su tercer álbum, ganaron el premio de mejor disco del año 2001 en el Rockdelux 192. Juan Cervera se encargó de la crítica del disco.

Pues ni “El disco de post-rock más caro jamás grabado” ni “El exorcista III”. Al final se ha impuesto la sensatez y los de Glasgow bautizan su nueva entrega con un título mucho más acorde con sus intenciones. Un título que, además, no engaña: esta es una “Acción rock” que reaviva la conexión conceptual de Mogwai con los grandes grupos de la historia, de The Velvet Underground a Sonic Youth, de The Beach Boys a The Jesus & Mary Chain, y los reafirma como banda de rock contemporánea que intenta abrir nuevas vías para las guitarras eléctricas sin abdicar de ninguno de los hallazgos del pasado. Ya sea de forma premeditada o por casualidad –Mogwai es de esos grupos que se niegan a destripar verbalmente su obra; prefieren hablar de azar y ganas de divertirse, la trascendencia la dejan para los críticos–, lo cierto es que el quinteto ha marcado un punto de inflexión en el conglomerado indie y no parecen dispuestos a perder comba y pasar a segundo plano. La ecuación tensión/relajo, distorsión/melodía, máximo símbolo de identidad del quinteto –y que, mucho más que en sus discos, queda perfectamente ejemplarizado en sus incendiarios directos–, busca en “Rock Action” alternativas que no agoten el potencial de una fórmula no precisamente original, evitar el estancamiento tras el arrollador e incontestable “Young Team” (1997) y la (muy relativa) decepción de “Come On Die Young” (1999). El arma principal utilizada es la introspección y una placidez expositiva que puede hacer pensar, erróneamente, en el sobado asunto de la “banda sonora imaginaria”. “Rock Action” es mucho más que eso: escarba en el armazón del rock para llegar hasta su tuétano, se despoja de incómodos residuos para embotellar lo esencial.

 
MOGWAI, Rock Action

La música brota diáfana y transparente, íntima y grandiosa, sin perder misterio ni intensidad. Ilustración: Luis Bustos

 

Por mucho que, bajo la supervisión (otra vez) de Dave Fridmann, Stuart Braithwaite –quien, por fin y tras algún ensayo circunstancial, se ha decidido a cantar en varios temas del álbum–, Barry Burns, Dominic Aitchison, Martin Bulloch y John Cummings hayan incorporado violines, trompetas, banjos, coros o chelos, “Rock Action” no devuelve en ningún momento la imagen de un sonido abigarrado ni barroco, todo lo contrario: la música brota diáfana y transparente, cercana y asequible, íntima y grandiosa, sin perder en ningún momento misterio ni intensidad.

La introducción con “Sine Wave” marca el territorio: unos minimalistas acordes de guitarra chorreando placidez melódica perversamente saboteados por un inoportuno ruido de fondo. Luego, la tibia melancolía de “Take Me Somewhere Nice”, con sus aéreas cenefas de orquesta triste. El puente de “O I Sleep” –miniatura para voz, cuerdas y piano– cede el paso a uno de los momentos más bellos del álbum, “Dial: Revenge”, con la voz de Gruff Rhys (Super Furry Animals) cantando en galés sobre una impecable base acústica de sabor medieval, una puesta al día de las visiones de folk ácido de The Incredible String Band o de los Led Zepplin más cristalinos. Las cumbres del álbum, sin embargo, se miden en “You Don’t Know Jesus” y “2 Rights Make 1 Wrong”, dos extensos instrumentales –separados por el breve golpe de mano ruidista de “Robot Chant”– alimentados por movimientos sísmicos de furia y calma, crescendos de vértigo y silencios religiosos. El primero, rememorando las oleadas térmicas de Spacemen 3; el segundo, punteado con metales, coros angelicales y banjo.

Exigiendo su lugar en la nueva década, Mogwai han entregado con “Rock Action” –el único pero, su brevedad: son treinta y ocho minutos que se hacen cortos, algo inaudito en la mayoría de los CDs actuales– el “Deserter’s Songs” del post-rock, el “The Soft Bulletin” del slowcore, una pócima balsámica para seguir manteniendo la fe en los mandamientos del rock.

“2 Rights Make 1 Wrong”.

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