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ÁLBUM (1992)

MR. FINGERS Introduction

MCA-BMG
MR. FINGERS, Introduction
 

Tal y como explicaba Luis Lles en la sección Ritmo Global del RDL 88, Larry Heard, alias Mr. Fingers, es uno de los talentos más preclaros de la música house, desde su experimental prehistoria en 1986 hasta el momento presente: ambiente y trance. Sus visionarios proyectos Fingers Inc. y The It lo señalan como un aventajado maestro de las posibilidades electrónicas ceñidas a mil y una variantes diferentes. Y en solitario, sus discos como Mr. Fingers merecen escucha detallada: soterrada filiación sinfónica –“rock abstracto” lo llama él– de la que extrae la relajada mesura de un clima envolvente que, con sutileza, hipnóticamente, avanza impasible a la búsqueda del apunte clásico en una revisitación inédita, espacial, del r&b.

Tan importante es Larry Heard que su nombre aparece en la relación de los 100 mejores discos del siglo XX que la selectiva revista ‘The Wire’ ha elegido para conmemorar su número 100; y, para situar al lector, en la década de los 80 solo figuran obras pertenecientes a The Fall, Grandmaster Flash & The Furious Five, King Sunny Ade, Michael Jackson, Hüsker Dü, Minor Threat, Madonna, el recopilatorio “The Indestructible Beat Of Soweto”, Christian Marclay, Ami Koita, Cecil Taylor y Public Enemy.

En este “Introduction” –diez temas, solo uno instrumental: “Waves Againts The Shore”; tres más, aventurados, estupendos, en CD y casete, los mismos que se incluyen en una edición limitada en maxi que acompaña al LP– da nuevas y buenas muestras de su reinado. Reduciendo a lo básico el esqueleto pop –melodioso– de las canciones, en un proceso de exploración que reviste de funcional lo evidente –no olvidemos que Larry Heard ya ha dejado atrás el experimentalismo casi nihilista de la música preacidhouse, incluso del pretechnosegúnDetroit de sus inicios–, y ayudado en dos temas por su excompañero en Fingers Inc. Robert Owens –letras y voces en “Empty” y “Dead End Alley”; esta, fantástica muestra acid todavía perdurable–, se mantiene fiel a las semillas de Chicago que modificaron el curso de la música de baile a partir de 1986: es un clásico que sigue en acción, a flote, buscando profundizar y perfeccionar su escuela de creencias y experiencias –importante complemento musical: sus letras hacen acopio de un sentido positivista un tanto ingenuo, similar al ya expuesto en las sugerentes frases de The It–.

En su momento, quizá ensombrecido por los vibrantes himnos de combate de Steve ‘Silk’ Hurley, Marshall Jefferson o Farley ‘Jackmaster’ Funk, pasó desapercibido. Hoy, este disco es la constatación: ha superado a sus compañeros de generación y continúa vivo, actual y bien. Es soul más house más jazz más funk más techno new age. La prueba fehaciente –pero en este caso en serio, Ramón Trecet– de que existen otras músicas.

“Dead End Alley” (con Robert Owens).

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