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ÁLBUM (2011)

NACHO VEGAS La zona sucia

Marxophone
NACHO VEGAS, La zona sucia
 

No me gusta “El mercado de Sonora”: ni la letra ni la música. Afortunadamente (para mí), está al final. Así que “La zona sucia” se acaba para un servidor en el corte 9, “Cosas que no hay que contar”. Y tan contento. Y después de esta amputación personal ya puedo afirmar que el quinto álbum en solitario de Mr. Nacho Vegas es uno de sus mejores logros junto al “Cajas de música difíciles de parar” (2003) y el largo de Lucas 15 editado en 2008.

Si consideramos que “El manifiesto desastre” (2008) supuso un reinicio en el universo personal del de Gijón, más escorado hacia la canción tradicional, volviendo la espalda a las resonancias más rock, ahora nos encontramos con un ahondamiento en esos parámetros. Las tormentas (imaginarias o no) parecen haber dado paso a una cierta calma autorreflexiva que le sienta muy bien a las confesiones más o menos autobiográficas (recordemos: una canción puede ser un cúmulo de mentiras) del firmante de “Actos inexplicables” (2001).

Sin Esferas Invisibles y con un Abraham Boba dominando piano y órgano, Vegas parece haber hallado el colchón ideal para que sus textos se acomoden sin truculencias a una narrativa que combina la experiencia personal con la creación literaria, el diario con la novela. No se llega a escribir una maravilla como “La gran broma final”, canción-río ya testada en innumerables directos previos, sin haber recorrido antes el camino del ensayo y el error. Aquí –y también en la citada “Cosas que no hay que contar”– se alza el Vegas explorador del ovillo Dylan, el Vegas de rimas torrenciales y melodías brillantes, el Vegas que justifica el fanatismo que le profesan. Desde ya, un clásico en su repertorio. Enfrente, la destilación bressoniana de “Reloj sin manecillas”, breve y precisa, con pespuntes de country llorón y ese verso-cuchillo que habla de la tristeza de justificar la existencia con la química.

“La zona sucia” es un corto río tranquilo que en sus remansos acoge con acierto las voces de Pauline en la Playa (“Taberneros”: “quisiera que me quisieras / y yo no quisiera quererte”: love kills) o un coro de niños en “Lo que comen las brujas” (“¿Cuántas letras secretas te caben en una canción?”), una revisión de la infancia como paraíso perdido o como infierno iniciático (y con un acordeón que le dota de ese goteo de nostalgia neblinosa).

Disco breve –unos cuarenta minutos– pero intenso en su caligrafía de ritmos lentos, “La zona sucia” es la exquisita depuración de un artista prolífico (a veces, demasiado) que ha sabido encapsular todas sus obsesiones con precisión, poesía y, lo más importante, evitando el hastío que muchas veces acompaña la sobreexposición de los creadores “viscerales”.

“Cosas que no hay que contar”.

Etiquetas: 2010s, 2011, folk-rock, Gijón, rock
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