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ÁLBUM (1991)

NIRVANA Nevermind

Sub Pop-DGC-BMG RCA
NIRVANA, Nevermind
 

A más de dos décadas de la edición de la obra de Nirvana que alteró muchas normas, recuperamos la crítica original que se publicó en Rockdelux. “Nevermind” fue un signo de que los tiempos estaban cambiando: una ola de alternativismo se cernió sobre el mundo de la música y valores como “independencia” cobraron un nuevo sentido al extenderse como una fiebre entre los seguidores de la música y entre los que la intentaban vender desde las discográficas. “Smells Like Teen Spirit" y Kurt Cobain (o Kurdt Kobain, como firmaba entonces en algunos créditos) lo consiguieron. El disco fue escogido entre los mejores (posición 10) en la lista con los álbumes imprescindibles de los noventa publicada en el extra de Rockdelux dedicado a esa década, y apareció situado en el puesto 152 entre los más destacados del siglo XX en el especial del Rockdelux 200. “Nevermind” se reeditó en su veinte aniversario en una edición deluxe (ver crítica aquí). Debajo suena “Smells Like Teen Spirit”, la canción más emblemática de la época grunge e himno generacional de aquellos años.

“Seguramente, les haremos un par de discos y nos echarán”, comentaba hace un par de meses un escéptico Kurt Cobain. El cantante y guitarrista de los Nirvana hablaba sobre el fichaje del grupo por una multinacional. Admirados por el salto de los Sonic Youth a Geffen, el trío de Seattle decidió imitarlos después de editar su primer LP, “Bleach” (1989), y el EP “Blew” (1989). En “Nevermind”, los Nirvana han contado con más presupuesto para materializar su agresividad pop, si bien con una libertad creativa digna de elogio: nada de productores-estrella –de “Nevermind” se ha encargado Butch Vig, viejo colaborador del grupo desde los tiempos de Sub Pop– ni de cambios de look. Nirvana siguen siendo tres tipos desgarbados que hacen música poderosa, ahora más orientada a las melodías, pero no por ello menos contundente. Castañazos como “Smells Like Teen Spirit” no son la papilla descafeinada que suena en las radios AOR americanas y, aunque canciones como “On A Plain” y “Something In The Way” se dejen querer por las ondas hertzianas, todo el disco rezuma una mala leche, servida por la voz de Cobain y sus dos aliados –el bajista Chris Novoselic y el batería Dave Grohl, encargado de aporrear el instrumento en sustitución de Chad Channing, tras una breve estancia de Dan Peters, el bateador de los Mudhoney–, perfectamente ajustada a los altibajos sonoros de los temas.

A los Nirvana les gustan los Beatles y los R.E.M., y también la agresividad del rock duro de los setenta. El resultado de este cóctel es potente y a su vez pulido. Lo suficiente para situarse entre los cuatro elepés más vendidos en los USA, cosa que ha propiciado que también en España su discográfica apueste por ellos. Pero los que quieran comprobar si las nuevas canciones del grupo también se sostienen sin limar sus aristas, tienen dos opciones: una, cazar a los Nirvana en vivo; la otra, hacerse con “Wipe Out” (Big Wave Records, 1991), un pirata con las maquetas de la mayoría de temas incluidos en “Nevermind” y otros inéditos, donde suenan más rugosos pero no menos gloriosos.

“Smells Like Teen Spirit”.

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