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OVIDI MONTLLOR, 4.02.42
 

ÁLBUM (1980)

OVIDI MONTLLOR 4.02.42

Ariola

Se han cumplido veinte años de la muerte de Ovidi Montllor, un incomprendido de la canción de autor que mereció mejor suerte: un grande con actitud, carisma y leyenda. Jordi Bianciotto escribió sobre esta figura capital de la cançó en la crítica de este LP, número 40 de los mejores álbumes españoles del siglo XX según el especial del Rockdelux 223: “4.02.42” fue el último disco de un Ovidi Montllor (1942-1995) al que, incomprensiblemente, se le cerraron todas las puertas para poder seguir grabando, un Montllor cautivo de la rauxa y el sarcasmo, siempre rebelde y lúcido.

La historia de Ovidi Montllor (Alcoi, Alicante, 1942-Barcelona, 1995), la precariedad de su último ciclo artístico y su silenciosa muerte, dejó un rastro de mala conciencia en la cultura oficial catalana y valenciana. Pero la evocación de sus circunstancias profesionales en la época en que grabó “4.02.42” (título que alude a la fecha de su nacimiento) es implacable: ese fue el último disco de una de las figuras capitales de la cançó porque, sencillamente, el artista se quedó sin discográfica. Así de duro.

Montllor acumulaba un historial de desencuentros con Ariola cuando afrontó esta grabación, sobre todo después de que, el año anterior, se empeñara en publicar el poco comercial doble álbum “Ovidi Montllor diu ‘Coral romput’” (1979): fue un trabajo dedicado a la poesía de Vicent Andrés Estellés que Montllor tuvo que grabar en una tarde y una noche porque su discográfica no le dio más facilidades. Luego, un texto de Estellés abre “4.02.42”: “M'aclame a tu”, radiante, de una luminosidad inexplicable sin la guitarra de Toti Soler, quien firma también la música de dos temas.

 
OVIDI MONTLLOR, 4.02.42

La tormenta y la furia de la cançó, la exhumación de los fantasmas interiores en busca de la belleza de un último refugio. Foto: Colita

 

Este es, no obstante, un disco donde el ímpetu mediterráneo, la plenitud lírica, convive con secuencias crepusculares, de fondo metafísico, con culminación en los siete minutos y medio de “Baralla de la vida i jo” (“Pelea de la vida y yo”), un furioso manifiesto de rebelión donde lleva a su terreno el monólogo arrebatado de la escuela de Léo Ferré. La guitarra de Soler (quien dirige la grabación junto a Toni Xuclà) y el piano de Conrad Setó lo guían en una tormenta en que, por momentos, se abre el cielo para que hable el Cor Madrigal, dirigido por Jordi Sabatés.

“Balada del pas pel món”, “Cues d’estels” y “Tot esperant Ulisses” (el contrapunto frívolo lo pone “Culminació”) son frutos maduros de un Montllor que enfila la cuarentena en plena forma vocal y con capacidad para matizar su apasionado enfoque de la canción. Un Montllor cautivo de la rauxa y el sarcasmo, rebelde y lúcido, que sustituye la mirada a la cotidianidad por la exhumación de los fantasmas interiores y que busca en la belleza un último refugio. “4.02.42” es su atalaya, en diálogo con obras como “A Alcoi” (74), el disco de “Homenatge a Teresa”. No tuvo relevo, pese a que, temerario como siempre, poco antes de que la enfermedad se lo llevara, Montllor fantaseó con proyectos imposibles: ¡una colección de diez compactos monográficos sobre poetas catalanes y valencianos! Reeditada, eso sí, en compacto, su obra íntegra está también disponible en la caja “Antologia, 13 CD” editada por Harmonia Mundi en 2000.

“Tot esperant Ulisses”.

 

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