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ÁLBUM (1973)

PACO DE LUCÍA Fuente y caudal

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PACO DE LUCÍA, Fuente y caudal
 

Paco de Lucía (1947-2014), la leyenda más grande de la guitarra flamenca en los últimos cincuenta años. Un mito que, junto a Camarón, revolucionó el flamenco desde dentro. Como dijo una vez Manolo Sanlúcar: “Paco encanta al que no sabe y vuelve loco al que sabe”. Su disco “Fuente y caudal” (1973) lo convirtió en un artista popular e internacional gracias a la rumba “Entre dos aguas”. Esta es la crítica que, escrita por Miguel Martínez, publicamos en el Rockdelux 223, el del especial de los mejores álbumes españoles del siglo XX. “Fuente y caudal” ocupó el puesto 24 en esa lista.

Mira que llega a ser bueno Paco de Lucía. Buenísimo y famoso. Fíjate que hasta habla de él, y muy bien, quien no lo ha escuchado. O igual lo único que le conoce es “Entre dos aguas”, esa rumba que inicia “Fuente y caudal” y con la que este gaditano de Algeciras nacido en 1947 abrió el flamenco a la juventud de su época. Porque aquello fue un “jitazo” extraordinario, desbordante. Catapultó a un Paco que votaba por el cambio. Que quería pasar páginas. Quería que sin perderle el respeto a la tradición de la guitarra jonda sus composiciones la desobedecieran a su manera. Un giro que remataría en “Almoraima” (1976) –donde metió otra rumba, “Río ancho”, muy parecida a “Entre dos aguas”– y junto a Camarón de la Isla en “Castillo de arena” (1977). En esta fase dejó atrás la sombra del gran Sabicas, su principal maestro, de quien había destilado el sonido limpio y esos picados frenéticos. Las seis cuerdas de la sonanta, a partir de aquí, fueron otra cosa.

 
PACO DE LUCÍA, Fuente y caudal

Artista del pueblo que se comerá los retos de su tiempo, tan atento a Serranito como a Smash: la revolución en madera y cuerdas.

 

Paco de Lucía renovaba el flamenco desde dentro en 1973. En su almazara molía olivas de la Baja Andalucía con otras del área de Levante, sugiriendo un cante de esta zona con la cadencia de otro de aquella. Compruébese en la soberbia taranta que titula el álbum, con la guitarra rompiéndose, o en los tangos “Los pinares”. El aceite que salía de aquella almazara ya tenía el sabor inaudito y el color de revolución. Se notaba, en relación a su obra anterior, una mejor utilización de los recursos del estudio de grabación y la voluntad de alejarse del virtuosismo que repiquetea y repiquetea en lo ortodoxo, una vía a la que exprimió las últimas gotas en “Fantasía flamenca” (1969).

“Fuente y caudal” fue la rampa de lanzamiento, artístico y comercial, de Paco de Lucía. Le hizo doblar la esquina donde le esperaban la consagración internacional, la fusión con el jazz y Manuel de Falla. Pero también significó un punto de inflexión para lo jondo. Ni los guitarristas del género ni sus instrumentos iban a conformarse desde ese momento con el rol de acompañantes; querían doler y protestar como cantaores y expresar la misma rabia. Porque él, Paco, tocaba con rabia. La del niño pobre que fue. El hijo de Antonio y Luzia, la portuguesa, criado en una casa con dama de noche y melocotonero en el patio. En 1973 la cepa andaluza de aquel niño muestra a un artista del pueblo que se comerá los retos de su tiempo, tan atento a Serranito como a Smash. Lo dijo Manolo Sanlúcar: “Paco encanta al que no sabe y vuelve loco al que sabe”.

“Entre dos aguas”.

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