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ÁLBUM (2004)

PAN SONIC Kesto (234.48:4)

Blast First-Mute-Everlasting
PAN SONIC, Kesto (234.48:4)
 

Un título prosaico para el regreso de Ilpo Väisänen y Mika Vainio. Duración: (casi) cuatro horas, eso es lo que viene a decir “Kesto” y sus números entre paréntesis. Una gira mundial por los rincones más insólitos –de Estambul a la Isla de Pascua, de Buenos Aires a Singapur–, proyectos en solitario y colaboraciones esporádicas habían tenido ocupada a la pareja finlandesa, y Pan Sonic no daban señales de vida discográfica desde “Aaltopiiri” (2001). El regreso, de todas formas, pilla desprevenido por lo insólito del exceso: es poco común entregar un cuádruple CD, y más en el apartado de la electrónica experimental, donde la salida comercial del asunto reduce sus márgenes a círculos muy estrechos. Superada la sorpresa, el concepto: inicialmente, “Kesto (234.48:4)” iba a constar de tres CDs, inspirándose en los descarnados trípticos de Francis Bacon, un soporte que el desaparecido pintor irlandés, el favorito de Mika, utilizó a menudo a lo largo de su carrera. El exceso de material acumulado hizo que V & V incluyeran un cuarto compacto, una especie de epílogo que, según ellos, no invalida la idea original.

Encapsulados en una preciosa caja de cartón, con imaginativas fotografías de Anne Hämäläinen, los cuatro discos de los de Turku suponen una mastodóntica recapitulación de todo lo que han venido haciendo desde la publicación en 1995 de “Vakio”; por extensión, guste o no, de gran parte de la electrónica menos acomodada de la última década. Entre el minimalismo y el ruido, el dub y el ambient, lo industrial y lo (aparentemente) bailable, Pan Sonic han ido construyendo a su ritmo una burbuja sonora plenamente reconocible y diferencial donde la minuciosa ordenación de la generación de sus ondas sónicas siempre ha jugado un papel capital. Los crescendos y los silencios, la agresión y la sugerencia, la calidez y el distanciamiento son algunas de las claves que, paradójicamente, los acercan más a la estructura de los grupos de avant-rock que a la catatonia introspectiva de ciertos popes de la música “avanzada”.

 
PAN SONIC, Kesto (234.48:4)

Pan Sonic en el Sónar 2004: Mika Vainio e Ilpo Väisänen, guardianes de la esencias electrónicas extremas. Foto: Juan Sala

 

Por mucho que Vainio insista en que detrás de Pan Sonic no existen teorías ni planes (“sólo hacemos música”), lo cierto es que incluso el aficionado más neófito puede detectar sin problemas la estructura que sostiene los cuatro pilares de “Kesto”, saludando desde los créditos, sin esconderse, a Bruce Gilbert, Keiji Haino, Suicide, Alvin Lucier, Charlemagne Palestine y Throbbing Gristle: el primer CD es el más agresivo y rítmico  (“Pakoisvoima/Fugalforce” es, probablemente, lo más “bailable” facturado jamás por el dúo, puro ritmo embadurnado de suciedad noise; las tres partes de “Mayhem” son verdadero rock’n’roll mutante, glam liofilizado en el segundo asalto); ambos aspectos van degradándose en el segundo (atención a la rítmica casi kraftwerkiana de “Valomuuntaja/Light-Transformer”, al eco sintético de “Sykkivä/Throbbing” o a los zumbidos de “Altistus/Exposure”), mientras que el tercero entra ya de lleno en el terrero del soundscape ambiental (abre “Viemärimaailma/Sewageworld” con el sonido de una cisterna de lavabo; las bajas frecuencias y los interludios silenciosos marcan la hoja de ruta, aunque a veces estos desembocan en torrentes de ruido cegador: véanse los monstruosos minutos finales de “Käytävä/Corridor” o las filtraciones brutales de “Ilmenemismuoto/ Appearanceform”) y el cuarto es una coda de una hora, sin interrupción, donde un drone repetido va llenando el espacio hasta disolverlo (está dedicado a Palestine, una pista demasiado evidente de su fuente de inspiración).

Sin renunciar a su parafernalia analógica, manipulando o construyendo instrumentos según sus necesidades, Pan Sonic, como Autechre, habitan un mundo circular y exclusivo que genera sus propias sensaciones. Al contrario que los británicos, excesivamente herméticos incluso en sus momentos más logrados, la pareja finlandesa consigue derribar el muro de la indiferencia o el exhibicionismo con calculados golpes de mano que provocan inmediata respuesta física por parte del oyente. Escuchar (al máximo volumen) “Kesto” de un tirón puede resultar agotador incluso para los más predispuestos. Perderse en su topografía, descubrir rincones de sombra, caer en sus trampas de white noise, incluso irritarse con la dosis de autocomplacencia que toda obra de estas (gigantescas) características conlleva, proporciona bastantes de las experiencias sónicas más saludables, intensas y liberadoras de los últimos meses. Notable alto: por pensarlo, por hacerlo.

“Pakoisvoima / Fugalforce”.

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