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BOX SET (2006)

PASCAL COMELADE Bar elèctric 1975.2005

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PASCAL COMELADE, Bar elèctric 1975.2005
 

“Bar elèctric 1975.2005” es una caja de 4 CDs (70 canciones) numerada y limitada a mil ejemplares que repasa los treinta primeros años de carrera del músico catalano-francés. Compilación exclusiva para el mercado español supervisada por el propio Pascal Comelade. César Estabiel radiografió en esta crítica la fértil trayectoria del ilusionista-miniaturista-experimental, trayectoria que queda condensada en este recomendable box set.

Existen varios recopilatorios de Pascal Comelade, pero ninguno como la caja (numerada y limitada a mil ejemplares) “Bar elèctric 1975.2005” para darse cuenta de que los méritos del catalán nacido en Francia en 1955 van más allá de la invención de la ¿verbena post-moderna? Antes, una pequeña advertencia: el universo de Comelade en cuatro CDs (muy cuidado el diseño, muy tacaño en información) puede provocar una indigestión de belleza. Sus canciones se adaptan mejor al formato miniatura y solo se hacen grandes en pequeños teatros, sin entornos agresivos. Los recopilatorios extensos de su obra le pueden robar el ambiente idílico a sus piezas de orfebrería, así que mejor tómese esta panorámica como algo a lo que acudir en pequeñas dosis, no sea que pierdan en el atracón la mejor de sus cualidades: ese detallismo hoy tan en desuso.

Al pensar en la obra de Comelade me vienen a la cabeza tres etapas bastante diferentes: la experimental y electrónica, la miniaturista y la folclórico-verbenera. El primero de los CDs (de 1975 a 1992) resulta fundamental por varias razones. Porque los diez primeros años de creatividad del compositor catalán son aún territorio desconocido para muchos de sus fans. Influido por Richard Pinhas, un joven Comelade se aventuró a recorrer el camino que años atrás habían abierto artistas como Steve Reich, Gavin Bryars, David Cunningham o Raymond Scott. Obsesionado con las posibilidades del sintetizador y con el sonido –denso y punzante– que le sacaba a la guitarra eléctrica su admirado Pinhas, Comelade va engordando un currículo que no desentona en la escena del prog-rock europeo de los setenta.

 
PASCAL COMELADE, Bar elèctric 1975.2005

Experimental y electrónico, miniaturista y folclórico-verbenero. ¿Sus claves? Artesanía, localismo y aislamiento.

 

Pero en 1984 Comelade dio un giro definitivo con “Détail monochrome”. Sin perder su atracción por el riesgo, descubrió en la sencillez melódica –casi infantil– la razón y la ilusión por la que seguir inventando canciones. Con “Bel Canto” (1986) tendió un puente desde la manera de entender el pop de un grupo como Flying Lizards hasta la brisa mediterránea y las composiciones más populares. “El primitivismo” (1987) enterró definitivamente al Comelade cerebral. Un disco íntimo y frágil, de ambición diminuta y alcance universal, con el que se pasa de la sonrisa a la pena en solo dos notas. Entonces ya estaba a su lado la Bel Canto Orquestra, un grupo de amigos más que de músicos que consiguió empequeñecer el mundo de Pascal Comelade para así engrandecer su talento. Tocaban los instrumentos como si fueran juguetes. ¿O acaso cogían juguetes y le daban el alma de un instrumento?

Para Comelade, el futuro es regresión. Frente a la música en serie, artesanía. Frente a la globalización, localismo. Frente a internet, aislamiento. Frente a la intelectualización borreguil, sentimiento popular. Así se convirtió en lo que algunos llamaron tradicionalista posmoderno. De 1993 a 1997 (el segundo CD) repetió la fórmula, aunque la Bel Canto Orquestra dejó su sitio a otras formaciones poco estables que, sin embargo, dieron más solidez a su música. Aunque ya no nos sorprende, la sensación es, al menos, cariñosa.

El tercer CD se apoya en su mayor parte en “L’argot du bruit” (1998), el disco con el que consiguió el reconocimiento internacional. PJ Harvey ya venía avisando de lo mucho que le gustaba Pascal Comelade y que no descartaba colaborar con él en el futuro. Pues el futuro ya llegó. Se llamó “Love Too Soon” (fue la mejor canción internacional de 1998 según Rockdelux) y aún hoy no ha perdido ni un gramo de magia con la que dejar un nudo en la garganta a la primera nota.

En el cuarto CD (sus grabaciones desde 2000 hasta 2005) los síntomas de agotamiento general son evidentes. Es posible que Pascal Comelade haya dado todo lo que tiene dentro, pero no deberíamos perder su rastro. En parte, porque ejemplifica unas virtudes cada vez más necesarias en un mundo que circula en sentido contrario. Y porque siempre tendrá un as en la manga (su colaboración con Robert Wyatt en “September Song” ya se antojaba urgente) que le deje intacto su inimitable poder de seducción.

“September Song” (con Robert Wyatt).

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