Cargando...
 

ÁLBUM (1988)

PATA NEGRA Blues de la frontera

Nuevos Medios
PATA NEGRA, Blues de la frontera
 

Esto es lo que divinizó la trayectoria de Pata Negra. Los hermanos Amador, en su momento de máximo esplendor. “Blues de la frontera”, con copyright de 1987, pero no editado hasta 1988, fue considerado, indiscutiblemente, el mejor disco español, el número 1, de aquel año en las listas aparecidas en el Rockelux 48. También consiguió ser el número 1, el mejor LP nacional de la década de los ochenta, en el Rockdelux 66. Y, finalmente, ocupó el puesto 7 entre los mejores álbumes españoles del siglo XX en el Rockdelux 223, el especial que conmemoró el veinte aniversario de la revista. “Blues de la frontera”, con la producción artística de Ricardo Pachón y avalado por Mario Pacheco desde la producción ejecutiva, fue una obra irrepetible en la trayectoria de Pata Negra y un trabajo donde confluyeron todos los factores positivos que posibilitaron que las canciones se convirtieran en grandes éxitos populares; lamentablemente, no volvieron a repetirse circunstancias tan favorables en la carrera hermanada de Rafael y Raimundo. Presentamos la crítica que se publicó en Rockdelux en marzo de 1988, firmada por Blas Fernández, en un número dedicado al flamenco donde Pata Negra fueron la imagen de portada de la revista. “Blues de la frontera” se reeditó en vinilo a finales de 2011 (puede verse aquí).

Bastantes meses antes de que fuese editado “Blues de la frontera” llegó a mis manos una copia del máster. En el momento en que empezaron a sonar las primeras notas ya estaban atravesando mi cabeza unas cuantas ideas mientras las sensaciones se dejaban notar de cabeza para abajo.

Bien, chico, yo soy sevillano. Para mí el flamenco no es una música exótica, no tengo que descubrirla porque siempre ha estado ahí. Puede que te guste más o menos, pero si vives en Andalucía ya tienes ganado al menos el setenta y cinco por ciento. Y créeme que lo siento, pero me da que si no eres de aquí no vas a llegar nunca a entenderlo al cien por cien.

Puede que esta sea una buena explicación para aquellos que no han encontrado, o que no van a encontrar, en el último trabajo de Pata Negra lo que descubrieron en “Guitarras callejeras” (1986).

Las “Ratitas divinas” pasaron siete años de oscuridad recorriendo las cloacas antes de ver la luz y, cuando al fin la vieron, muchos de sus espectadores no se percataron de que Pata Negra hacía ya tiempo que paseaba por parajes más soleados.

Ese puede ser el choque. En “Blues de la frontera” la poesía de la derrota se convierte en belleza formal, la calle da paso a la casa y el grito al susurro. No en vano han pasado nueve años. Y no se trata de concesiones ni votos de esperanza; es simplemente lo cotidiano, o la mejor parte de lo cotidiano, visto desde aquí, desde el único sitio de donde podía salir. Por eso a mí no me coge por sorpresa, sobre todo después de haber visto sus directos durante los últimos años.

 
PATA NEGRA, Blues de la frontera

Raimundo y Rafael Amador: blues gitano. Foto: Francesc Fàbregas

 

Con “Blues de la frontera” Pata Negra ha dado en el blanco de una diana que, mucho me temo, está más allá del alcance de los que solo ven en la fusión de flamenco y rock una mera anécdota. Temas como “Camarón”, “Calle Betis”“Yo me quedo en Sevilla” o “Bodas de sangre” desconcertarán a antiguos seguidores que nunca han llegado a apreciar la diferencia entre Ketama y Los Chichos, por poner un ejemplo.

Pero al escuchar este LP a mí me da la sensación de que el grupo se lo pasa igual de bien tocando estas rumbas, muy especiales, que haciendo jazz –“How High The Moon” –, reggae –“Lunático”– o tamizando composiciones de un tipo, Romero Sanjuán, que, otra vez para mí, solo adquiere interés cuando es versionado por los hermanos Amador –“Pasa la vida”–.

Entonces, ¿dónde esta la clave?, ¿qué hace especial a este disco? Creo que los dos temas que aún no he nombrado: “Lindo gatito” y “Blues de la frontera”.

“Blues de la frontera”, el LP, es blues gitano, no porque el esquema blues esté formalmente presente en algunas composiciones o porque los puristas no lo quieran llamar flamenco o, ni mucho menos, porque haya que buscarle una definición. Solo por sentimiento.

Las letras de Ricardo Pachón y Carlos Lencero evaporan las esencias del sur profundo –el de aquí, el otro es una ilusión–, las colaboraciones de Rafael Riqueni, Juanjo Pizarro o Marinelli refuerzan, entre otras, el resultado. Y ante disco tan geométrico permanece la anécdota improvisada de la chica que llega a hacer palmas y termina cantando –Charo Manzano debería pensar en hacer carrera en solitario–.

Esto es blues, blues gitano.

“Camarón”.

Arriba