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BOX SET (2011)

PINK FLOYD Discovery

EMI
PINK FLOYD, Discovery
 

En 2011 se remasterizaron los discos de Pink Floyd, se empaquetaron en varios formatos diferentes y se recopilaron en este box set mastodóntico que recoge toda la singladura del grupo. De 1967 a 1994 en un aventura que pasó del underground al overground de una forma progresiva y, finalmente, meteórica. Jordi Bianciotto comentó el despliegue de estos catorce álbumes y aconsejó acercarse a ellos con prudencia para evitar empachos. Y puestos a escuchar un tema, nos quedamos con uno loco, loquito de Syd Barrett del primer disco.

El 27 de septiembre se inició la campaña Pink Floyd 2011-2012 con la salida de los catorce álbumes de estudio remasterizados y con nuevos libretos ampliados. Todos los discos, en diversos formatos y con contenidos audiovisuales inéditos. El 8 de noviembre se publicó el disco recopilatorio “A Foot In The Door” y el “Wish You Were Here” (1975) en ediciones Experience, Immersion y vinilo, tal y como ya había sido publicado en septiembre el “The Dark Side Of The Moon” (1973). Para el 28 de febrero queda el de “The Wall” (1979) en las mismas modalidades. Y el conjunto se completa, por supuesto, con este cofre que reúne la obra del grupo. Porque ahora que todo el mundo vuelca en el mercado box sets catedralicios, Pink Floyd no iba a quedar al margen. “Discovery” reúne sus catorce álbumes de estudio remasterizados y empaquetados en digipacks más un libro de sesenta páginas diseñado por Storm Thorgerson, que fue integrante del equipo Hipgnosis, autor de los célebres y enigmáticos artworks clásicos del grupo. Una integral que invita a recorrer con mirada renovada un largo período histórico, desde 1967 hasta 1994.

La operación pasa por alto los dos primeros sencillos del grupo, “Arnold Layne” y “See Emily Play” (1967), producidos por Joe Boyd, y arranca con el primer álbum, “The Piper At The Gates Of Dawn” (1967). Una obra dominada por las composiciones de Syd Barrett, como “Astronomy Domine”, que despliega una psicodelia impredecible, alucinada y a la vez muy detallista que sigue ejerciendo un merecido rol de faro señalizador. Aquellos Pink Floyd librepensantes y con sentido del humor, que estrenan su vínculo con el productor Norman Smith, tienen corta vida, puesto que Barrett, desahuciado, acaba en la cuneta y su participación, como autor, en “A Saucerful Of Secrets” (1968) se limita a una pieza, “Jugband Blues”. David Gilmour entra en escena como guitarrista definitivo de la banda, pero el protagonismo creativo se desplaza a Roger Waters. Del desenfreno bañado en LSD a un rock cósmico corpulento, con exponentes como “Set The Controls For The Heart Of The Sun”, que busca una estética del enigma asentada en ritmos tribales y un órgano fantasmal. “More”  (1969), banda sonora del primer filme de Barbet Schroeder, es una aventura tangencial de tonos muy dispersos y con alusiones baleares (“Ibiza Bar”).

 
PINK FLOYD, Discovery

Nick Mason, Syd Barrett, David Gilmour, Roger Waters y Rick Wright. Pink Floyd en formación de quinteto. Enero de 1968.

 

Con Waters en el puesto de mando, el grupo dedica tres años a moldear con acierto irregular su noción de space rock. Primero en el doble “Ummagumma” (1969), que incluye un álbum en directo (repescas de temas de los dos primeros discos) y otro en estudio muy espeso en el que cada músico se atribuye diversas composiciones, a cual más visionaria. Luego, con el cruce de pompa y excentricidad de “Atom Heart Mother” (1970), y con su mejor obra de este período, “Meddle” (1971), la primera en la que no figura Smith y que es enteramente autoproducida. Material voluminoso, donde se insinúa la tendencia a la megalomanía, si bien muestra consistencia en el prog-rock maquinal de “One Of These Days” (no muy lejos de los obsesivos bucles electrónicos que meses después alumbrarían los Neu!) o los sinuosos veintitrés minutos de “Echoes”, sumidos en exhibiciones de músculo y marejadas melancólicas. “Obscured By Clouds” (1972), banda sonora de “La vallée”, segunda película de Schroeder, es otra obra menor donde el grupo rebaja sus ambiciones sónicas.

Llegamos a “The Dark Side Of The Moon”, un álbum que es, además de una colección de canciones, una obra de ingeniería urdida con un joven Alan Parsons. Irrumpen unos Pink Floyd mucho más accesibles, que sustituyen el espesor espacial por la construcción de majestuosos artefactos pop. Sinfonismo hi-tech con estribillos radioformulables, como el de “Time”. No hay que infravalorarlo pese a que su perfeccionismo active las alarmas. Como a “Wish You Were Here”, abanderado por la aplastante “Shine On Your Crazy Diamond” y provista de un vago halo de nostalgia alimentado por el añorado Syd Barrett.

“Animals” (1977) es bastante más indigesto. Waters toma el control absoluto y despliega un relato paranoico inspirado en “Rebelión en la granja” (1945), de Orwell. También suyo es, en su mayor parte, “The Wall”, superproducción compartida con Bob Ezrin (Alice Cooper, Lou Reed) que brinda una historia de totalitarismos e incomunicación con banda sonora aparatosa; un doble álbum que habría resultado más provechoso en un formato simple. A partir de aquí, un rápido fundido.

El desangelado “The Final Cut” (1983) es un punto y final en falso, ya que David Gilmour, Nick Mason y Rick Wright resucitan Pink Floyd, sin Waters, en los superprofesionales y complacientes “A Momentary Lapse Of Reason” (1987) y “The Division Bell” (1994). Son los momentos menos estimulantes que suministra este concluyente “Discovery”, a cuyo contenido el recién llegado debería acercarse con prudencia para evitar empachos.

“Astronomy Domine”.

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