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ÁLBUM (2011)

PJ HARVEY Let England Shake

Island-Universal
PJ HARVEY, Let England Shake
 

La radiante PJ Harvey, quizá en su mejor momento histórico, que ya es decir. “Let England Shake”, en el número 1 de lo mejor de 2011 según las listas del Rockdelux 302. Y, por supuesto, también presente en lo alto de los rankings de casi la totalidad de medios internacionales y nacionales de ese año. Esta es la crítica del disco que escribió Juan Cervera en la revista.

Atención: terreno minado. “Let England Shake” es un campo de batalla, una carnicería. Está lleno de trincheras, cadáveres, fusiles y cañones, huesos calcinados, soldados en la niebla y el fango, bombas, huérfanos, sangre, tumbas olvidadas, heridas, alambre, cruces, desfiles. Es la guerra: la pasada, la presente y ¿la futura? Polly Jean sabe, como el gran Tony Judt, que algo va mal, y en su octavo disco en solitario se ha dedicado a explorar la iconografía de la destrucción, esa que hace decir a los hombres y mujeres “he visto y he hecho cosas que quiero olvidar”. Britannia es el lienzo y la Gran Guerra (1914-1918) la excusa para el trayecto. Pero el Mal (como el Bien) no sabe de barreras temporales y estas estampas que podrían pertenecer al álbum de recuerdos del último soldado superviviente resuenan hoy con eco redoblado para señalar los agujeros negros de demasiados conflictos olvidados y enquistados.

Convertida en la Voz de la Muerte, Polly Jean se aleja de las estancias de asfixia gótica del anterior “White Chalk” (2007) y firma un álbum febril y desesperado que suena primitivo y básico, urgente. Y que contiene algunas (bastantes) de sus canciones más directas y adhesivas. Escoltada por John Parish y Mick Harvey (más la batería de Jean-Marc Butty en algunos cortes), “Let England Shake” discurre musicalmente con fuerte galope rítmico y con la protagonista explorando las posibilidades de su voz (en tono agudo en gran parte del trayecto). Todo el entramado de guitarras/percusión esconde, no obstante, un preciso, intenso y económico arsenal de instrumentos poco comunes en la discografía de la de Dorset –autoarpa, saxo, trombón, cítara, xilófono, violín– que hacen que el tapiz musical se alce rico e insólito, nuevo. Y lo consigue. “Mi mayor miedo es repetir lo que he hecho antes”, dice. A casi veinte años del fogonazo de “Dry” (1992), PJ Harvey continúa siendo una fuerza de la naturaleza, una artista inquieta sin temor a enseñar, a señalar, las entrañas.

 
PJ HARVEY, Let England Shake

Polly Jean Harvey, la verdadera y última rosa de Inglaterra, con su autoarpa. A debate, el análisis del conflicto. Foto: Seamus Murphy

 

Esta geografía psíquica del dolor y la destrucción es un logro mayor: punteado de pequeños detalles (no, no es un disco que agarre por la vía del espectáculo), “Let England Shake” derrama drama, pasión y poesía, de frente, y no duda en recurrir a estratégicos elementos ajenos para reforzar la potencia de su mensaje: los omnipresentes coros masculinos o la colección de samples y/o citas directas enriquecen y engrandecen la resonancia del subtexto, ya sea vía el añejo “Istanbul (Not Constantinople)” de los canadienses The Four Lads, la marcha de un regimiento irlandés, cánticos orientales o el “Blood And Fire” de Niney The Observer (en “Written On The Forehead”: “People throwing dinars at the belly-dancers / in a sad circus beside a trench of burning oil”; despachos desde el frente de la Guerra del Golfo).

El pesimismo, a veces, se atrinchera en la ironía: impagable el final de “The Words That Maketh Murder” con PJ, Parish y Mick Harvey retocando el “Summertime Blues” de Eddie Cochran y preguntándose “What if I take my troubles to the United Nations”... “Let England Shake” se apaga con el recuerdo a un amigo muerto en 1915 en Galípoli (“He’s still on that hill / 20 years on that hill / nothing more that a pile of bones / but I think of him still”): Harvey & Harvey, a dúo, entonando desde el pasado una hermosa elegía hacia un mundo presente regado con “el color de la sangre”, donde “la cruel naturaleza gana de nuevo” y cuyos “gloriosos frutos” son “niños huérfanos y deformes”. Polly Jean Harvey: la verdadera y última rosa de Inglaterra haciéndonos saborear “la tristeza y el sabor amargo” de su (nuestra) tierra. Sublime.

“The Words That Maketh Murder”.

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