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ÁLBUM (1994)

PORTISHEAD Dummy

Go Beat-Polygram
PORTISHEAD, Dummy
 

La catarsis curativa de Portishead. Con su álbum de debut, rompieron todos los moldes. Entonces, y quizá todavía hoy, parecía la mejor música posible. Por eso fue escogido el mejor de 1994 en el Rockdelux 115. El trip-hop, del que muchos años después renegaron para salvarse y crecer artísticamente, era la excusa perfecta para empezar a desarrollar una carrera con sentido y sensibilidad. Gerardo Sanz vio la luz y escribió esta crítica.

Te oprime el pecho hasta dejarte sin aire, te penetra como una estocada de amor, te abandona a un duermevela húmedo que confunde lo onírico con lo aparentemente real, que no sabe distinguir entre la caricia y el escalofrío, que te hace perder la cuenta de tus lágrimas. Te aturde, te posee, te subyuga, te macera, te remata. Y entonces te prometes no escucharlo nunca más. No, al menos, hasta que sea otra vez de noche, y estés tan solo que ya no importe despertar. Pero vuelves a Portishead. Siempre vuelves a la voz de Beth Gibbons, ahogando susurros y quejidos, instantes de felicidad posible –“Did you realize no one can see inside of you”(“Strangers”); “It could be sweet like a long forgotten dream" (“It Could Be Sweet”);I just wanna be a woman” (“Glory Box”)– diluidos en soluciones de desvalía y desamparo; interpretando, en un pletórico primerísimo primer plano, las escrituras de un decálogo sonoro infinito en emoción.

Hay un tesoro por hallar en cada escucha de “Dummy”: el pobre Johnnie Ray asegurando, a las revoluciones de la congoja, que nunca más cometerá el error de enamorarse (“Biscuit”); el redoble de batería de “Mysterons” serpenteando en una cadencia que palpita al ritmo de Morricone y Badalamenti; esa línea de bajo profunda que parece morir tras el disparo del “Magic Mountain” (War) y resucita después para atravesarte entero (“Wandering Star”); esa trompeta con sordina de “Pedestal”, la última pieza viva de un puzle de samples autogenerados –Geoff Barrow (teclados) y Adrian Utley (guitarra y bajos) crean, guardan, recortan y pegan según un reglamento que transforma la prestidigitación en maestría– que, una vez completo, estremece; el sublime arreglo de cuerda de “Roads”, y los singles: “Sour Times”, el hurto más maravillosamente rentable de “More Mission Impossible” (Lalo Schifrin), y “Numb”, un hidromasaje de Hammond, scratch agonizante y desgarro en clave slowbeat soul.

Partituras de deep hip hop blues, dub, soul, jazz y avant-garde escritas con agua de llanto, producidas con una técnica impecable –suena austero, casi a demo, activando desde buen principio el mecanismo de la pasión para el soundtrack de una película improbable pero fascinante–. Portishead han debutado con el disco que “Blue Lines” nos había hecho desear de una forma malsana, con una obra capital cuyo impacto permanecerá indeleble mientras siga cayendo la tarde e, inmersos en un piélago de desesperanza, necesitemos asidero. Sublime.

“Roads”.

Etiquetas: 1990s, 1994, Inglaterra, trip hop
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