Admitámoslo: el mundo de hoy no debe ser un lugar agradable, ideal, para Prefab Sprout y su música. En la época de la velocidad informática y el fast food cultural, las canciones de Patrick Joseph McAloon aparecen como seres extraños que necesitan comprensión, tiempo, amor y un corazón en blanco que no contamine su inmaculada belleza. Aunque saboreó las mieles del éxito masivo en los ochenta, McAloon prefirió retirarse detrás de la cortina de oropeles del show business y dedicarse a dar forma a las músicas que revolotean en su cabeza. Tras “From Langley Park To Memphis” (1988) –que proporcionaría su momento de mayor resonancia mainstream con el sencillo “The King Of Rock’n’Roll”–, los Sprout se embarcaron en proyectos casi suicidas –“Jordan: The Comeback” (1990) y su lujurioso muro de sonido orquestal y referencias místicas– y cada vez más espaciados –“Andromeda Heights” no llegaría hasta 1997– mientras el mundo de la industria pop tal y como lo conocimos cambiaba y arrinconaba (casi) cualquier atisbo de música sutil.
Cuando parecía que Prefab Sprout se habían acabado –aunque nunca los rumores: la lista de “discos perdidos” que nunca llegaron a materializarse es tan abultada, o mucho más, que la discografía oficial–, McAloon reapareció en 2001 con “The Gunman And Other Stories”, su particular imaginario sobre los cowboys y el lejano Oeste. Casi nadie se dio por enterado, claro, y el disco se degustó en petit comité, una delicatessen reservada a fans de toda la vida y, esperemos, algunos curiosos que todavía sepan distinguir diamantes entre el polvo. Más extraño fue “I Trawl The Megahertz” (2003), el primero –y de momento, único– a nombre de McAloon, un disco casi enteramente instrumental, con un largo recitado a cargo de la actriz Yvonne Connors, un ovni sonoro que entró a formar parte directamente de esa interminable lista de objetos extraños esperando su redención cuando alguien lo (re)descubra en alguna década futura.




























