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ÁLBUM (2009)

PREFAB SPROUT Let's Change The World With Music

Kitchenware-[PIAS] Spain
PREFAB SPROUT, Let's Change The World With Music
 

Admitámoslo: el mundo de hoy no debe ser un lugar agradable, ideal, para Prefab Sprout y su música. En la época de la velocidad informática y el fast food cultural, las canciones de Patrick Joseph McAloon aparecen como seres extraños que necesitan comprensión, tiempo, amor y un corazón en blanco que no contamine su inmaculada belleza. Aunque saboreó las mieles del éxito masivo en los ochenta, McAloon prefirió retirarse detrás de la cortina de oropeles del show business y dedicarse a dar forma a las músicas que revolotean en su cabeza. Tras “From Langley Park To Memphis” (1988) –que proporcionaría su momento de mayor resonancia mainstream con el sencillo “The King Of Rock’n’Roll”–, los Sprout se embarcaron en proyectos casi suicidas –“Jordan: The Comeback” (1990) y su lujurioso muro de sonido orquestal y referencias místicas– y cada vez más espaciados –“Andromeda Heights” no llegaría hasta 1997– mientras el mundo de la industria pop tal y como lo conocimos cambiaba y arrinconaba (casi) cualquier atisbo de música sutil.

Cuando parecía que Prefab Sprout se habían acabado –aunque nunca los rumores: la lista de “discos perdidos” que nunca llegaron a materializarse es tan abultada como la discografía oficial, o mucho más–, McAloon reapareció en 2001 con “The Gunman And Other Stories”, su particular imaginario sobre los cowboys y el lejano Oeste. Casi nadie se dio por enterado, claro, y el disco se degustó en petit comité, una delicatessen reservada a fans de toda la vida y, esperemos, algunos curiosos que todavía sepan distinguir diamantes entre el polvo. Más extraño fue “I Trawl The Megahertz” (2003), el primero –y de momento, único– a nombre de McAloon, un disco casi enteramente instrumental, con un largo recitado a cargo de la actriz Yvonne Connors, un ovni sonoro que entró a formar parte directamente de esa interminable lista de objetos extraños esperando su redención cuando alguien lo (re)descubra en alguna década futura.

 
PREFAB SPROUT, Let's Change The World With Music

Las canciones de Patrick Joseph McAloon aparecen como seres extraños que necesitan comprensión, tiempo y amor.

 

Con 52 años –los cumplió el pasado junio– y asediado por las enfermedades –pérdida progresiva de visión, graves problemas auditivos–, McAloon no renuncia a la música, aunque su legendaria aversión a actuar en directo y a todo lo que huela a “industria” no lo conviertan precisamente en un personaje fácil de encajar en cualquiera de las atomizadas casillas del pop de hoy. Exquisito loser vocacional, perfeccionista compulsivo, autocrítico casi enfermizo –dice, lo repite cuando puede, que no soporta su voz–, fascinado por el pasado (musical), culto y refinado, McAloon nos recuerda ahora que sigue vivo –aunque también lo hizo en 2007 con la reedición de “Steve McQueen” (1985): el disco acústico que lo acompañaba es una magistral demostración de cómo reinterpretarse a uno mismo y le daba al rescate un valor extraordinario, lejos de las recurrentes caras B o esas absurdas “tomas alternativas”– poniendo en circulación uno de esos “lost albums” que nadie pensaba que llegaría a escuchar nunca: “Let’s Change The World With Music” (2009) era el disco que debería seguir a “Jordan: The Comeback” y que fue archivado con las demos prácticamente terminadas. Más de tres lustros después, las once canciones emergen en todo su esplendor y se convierten, sin duda, en una de las obras mayores de un grupo que no las tiene menores.

Idealista sin miedo y romántico sin remedio, McAloon completa un disco casi conceptual sobre el poder curativo de la música y del amor, once canciones luminosas que se balancean entre el funk de seda de “Let There Be Music” y “Ride” y la majestuosidad orquestal de “Earth, The Story So Far”. En el recorrido, pináculos prefabsproutianos como “I Love Music”, “Music Is A Princess”, “Falling In Love” y “Sweet Gospel Music”, canciones levantadas (básicamente) sobre un piano que ascienden a la gloria entre estribillos milagrosos. Esto es pop de la escuela B: Berlin, Bacharach y Beach Boys; música celestial en su capacidad para contagiar tristeza, alegría y ganas de vivir. Amor sónico esculpido en pentagramas de genio. Resuena “Meet The New Mozart” y uno se eleva en un sueño del que nunca querría despertar. Música pop que respeta al oyente y que pide el mismo respeto para ser apreciada. McAloon puede citar en un mismo tema a Pierre Boulez, Irving Berlin y Chic y no sonar pretencioso. Su amor por el rumor de la música es demasiado alto para encarcelarlo en disquisiciones de cultismo hueco. “She’s richer than money / Bigger than fame / And love is the reason I played in the game”. Evidentemente se refiere a la música, su razón de ser. No, no nos lo merecemos.

“Music Is A Princess”.

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