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ÁLBUM (1987)

PRINCE Sign ‘O’ The Times

Paisley Park-Warner Bros.-WEA
PRINCE, Sign ‘O’ The Times
 

Prince capturó el zeitgeist de su época (los sombríos Estados Unidos de Ronald Reagan) en “Sign ‘O’ The Times” (1987), un ecléctico doble álbum de exuberante sonido que se erigió como compendio de toda su obra anterior y conjuró la incertidumbre a golpe de invitaciones al baile. Fue escogido el número 4 de los 300 mejores discos del período 1984-2014 en el especial del 30 aniversario de Rockdelux. Eduardo Guillot comentó extensamente la obra maestra de Prince en esta imprescindible crítica.

El 9 de septiembre de 1986, el Yokohama Stadium (Tokio) acogía el último show de la gira de presentación de “Parade” (1986). Aunque el grupo no lo sabía entonces, sería también la última vez que Prince se subiría a un escenario acompañado por The Revolution, la banda que hizo su aparición oficial en “1999” (1982) y lo había secundado durante cuatro años, jugando un importante papel en discos como “Purple Rain” (1984), “Around The World In A Day” (1985) o el propio “Parade”. La decisión se hizo pública en octubre mediante un comunicado difundido por Howard Bloom, publicista de Prince: “The Revolution se separa porque ya ha sobrepasado las metas que se había fijado”, anunció. “Hemos llegado al punto en que las carreras de sus miembros van en direcciones diferentes”.

Es cierto que Wendy Melvoin y Lisa Coleman (Wendy & Lisa) no tardarían en debutar como dúo (su primer disco apareció al año siguiente), pero la decisión obedecía a la intención de Prince de emprender un nuevo y ambicioso proyecto discográfico. En la cima de su carrera, y sin necesidad de demostrar nada tras el abrumador éxito de “Purple Rain”, el artista buscaba nuevos retos personales, hasta el punto de dejar aparcado “Dream Factory”, un disco en el que había comenzado a trabajar en abril con The Revolution. Su idea era regrabar buena parte de ese material para incluirlo en un álbum triple titulado “Crystal Ball” (acabaría emergiendo como cuádruple en 1998), donde también recuperaría repertorio destinado a otro disco inconcluso, que proyectaba publicar bajo el seudónimo de Camille. Con esa intención se encerró en el Sunset Sound Studio de Los Ángeles.

Su objetivo era producir e interpretar un disco en solitario, una obra de corte muy personal que, tras algunos tiras y aflojas con Warner, pasó a ser doble y a llamarse “Sign ‘O’ The Times”. Prince puso manos a la obra en la realización de una empresa nada fácil, teniendo en cuenta que al mismo tiempo estaba con un ojo puesto en el proceso de expansión y diversificación de Paisley Park Records, su propio sello discográfico (que en esas fechas firmó contratos con Dale Bozzio o Jill Jones), y con el otro en su participación directa en “8”, el debut de Madhouse, grupo de jazz fusión oficialmente liderado por Eric Leeds que, en realidad, era un proyecto paralelo de Prince, autor de la mayoría de las canciones. El disco, editado en enero de 1987, fue una nueva demostración de su su inagotable creatividad, aunque no ofrecía muchas pistas sobre el posible contenido de “Sign ‘O’ The Times”. Además, también había empezado a reunir otra banda, en la que combinaba antiguos miembros de The Revolution (Leeds, Miko Weaver, Atlanta Bliss y Greg Brooks) con nuevas incorporaciones: Sheila E, Levi Seacer Jr., Boni Boyer y Cathy “Cat” Glover.

 
PRINCE, Sign ‘O’ The Times

El tono de la letra de la magistral “Sign ‘O’ The Times”, aunque acaba con un atisbo de optimismo, es oscuro, lúgubre.

 

En febrero se publicó como single la canción homónima y comenzó a desvelarse el misterio. La magnitud del proyecto partía del mismo título: Prince se planteaba capturar el zeitgeist de su época. Mientras el tiempo transcurre inexorable, “un hombre delgado muere en Francia a causa de una gran enfermedad con nombre muy corto”. Una referencia al sida (recordemos que el virus no había sido aislado hasta 1984) que se completa con la siguiente frase: “Por casualidad, su novia se topó con una aguja y pronto le sucedió lo mismo”. El panorama que retrata el cantante es desolador: chavales puestos de crack e involucrados en bandas callejeras armadas, pobreza como consecuencia del progreso tecnológico, militarización global... Los Estados Unidos llevan, en 1987, seis años bajo el mandato de Ronald Reagan, y aunque Prince acaba la canción con un atisbo de optimismo, confiando en el poder del amor como antídoto ante tanta barbarie (“Enamorémonos, casémonos, tengamos un hijo”), el tono de la letra es oscuro, lúgubre, a diferencia de la música a la que acompaña, que auparía el single hasta el puesto número 1 en las listas norteamericanas de R&B (en las de pop llegaría al 3) y al 8 en las británicas. Porque si bien “Sign ‘O’ The Times” es la banda sonora del fin de los buenos tiempos, también ofrece una salida al demostrar cómo, en palabras del periodista Stephen Thomas Erlewine, “todas esas dudas y miedos pueden ser ignorados si pones los problemas a bailar”. Prince lo consigue trabajando mano a mano con el programador Todd Harriman y basando toda la fuerza de la canción en las posibilidades que le otorga el por entonces revolucionario sintetizador Fairlight, arropado por un poderoso bajo funk y una batería seca y rotunda. Hit inapelable, aunque nada convencional.

El 21 de marzo de 1987, antes de que el álbum vea la luz, Prince ofrece un concierto sorpresa en el club First Avenue de Minneapolis para comprobar el efecto del nuevo repertorio. Un ensayo con público que el cantante presentó diciendo: “Vamos a tocar unas canciones nuevas para ver vuestras reacciones, y también las nuestras”. No trasciende si el resultado del show afecta de algún modo al contenido del álbum, aunque las fechas indican que es poco probable.

La idea de un disco concebido como un fresco del declive del imperio americano, sugerida por el contenido de su primer single, se acentúa cuando el 2 de abril se edita el LP y la imagen de portada aglutina algunos símbolos clásicos del american way of life, pero Prince no tiene intenciones conceptuales, y donde realmente despliega todo su potencial es en el contenido sonoro. Por algo es su responsable casi al cien por cien, exceptuando algún saxo a cargo de Eric Leeds, las trompetas de Atlanta Bliss, la flauta y el sitar de Lisa Coleman y pequeñas aportaciones en los coros (que incluyen a Susanna Hoffs). Del mismo modo, trece de las dieciséis canciones llevan su firma exclusiva. Las excepciones son “Starfish And Coffee” (escrita con Susannah Melvoin, hermana de Wendy), “Slow Love” (compuesta con Carole Davis, quien después grabaría su propia versión) y, por lógica, “It’s Gonna Be A Beautiful Night”, ya que es una grabación en directo junto a The Revolution realizada en París y tiene como coautores a Eric Leeds y Dr. Fink.

 
PRINCE, Sign ‘O’ The Times

“Sign ‘O’ The Times”, arrolladora obra, despliegue de versatilidad, se convirtió en condensación de sus ocho álbumes anteriores.

 

El disco también reúne material en el que Prince había estado trabajando durante los dos años anteriores: “If I Was Your Girlfriend”, “Housequake” y “Strange Relationship” son rescates del proyecto Camille, mientras que “Hot Thing” ya figuraba en el repertorio previsto para “Crystal Ball”. Probablemente es la razón por la que el resultado final es tan ecléctico, convirtiendo “Sign ‘O’ The Times” en un arrollador despliegue de versatilidad que, de algún modo, se convierte en resumen y condensación de sus ocho álbumes anteriores. En “Play In The Sunshine”, por ejemplo, están las guitarras herederas de Jimi Hendrix, que le habían permitido conectar con los sectores de público rock blanco, contrarrestadas con el aliento funk (James Brown y George Clinton), que es la fuerza motriz de “Housequake”, un tema que también contiene aliño hip hop y que, en ocasiones, escora la rítmica y el elemento sintético hacia el sonido cool wave, abiertamente abrazado (y el título es un consciente guiño irónico) en la espectacular “Hot Thing”.

Algunas críticas del momento señalaron que “Sign ‘O’ The Times” hubiera sido mejor reducido a un solo álbum, pero se trata de un disco que se sitúa en la misma categoría que “Exile On Main St.” (The Rolling Stones) o “London Calling” (The Clash), una obra total donde cada canción tiene sentido por sí misma y en relación con las demás. Prince no renuncia a reivindicar la balada tórrida, evitando caer en la ramplonería (“Slow Love”, “Adore”), ni la eficacia de la inmediatez pop, encarnada en la chispeante “U Got The Look” (a dúo con Sheena Easton) y, sobre todo, en la infalible “I Could Never Take The Place Of Your Man”, cuyo título sugiere su condición complementaria respecto a “If I Was Your Girlfriend”.

La psicodelia que adornaba “Around The World In A Day” se mantiene presente en canciones como “Starfish And Coffee” o “Forever In My Life”, donde los coros se situán en primer plano, por delante de la voz solista. No es el único síntoma de que la vocación de experimentación de Prince no está agotada: ahí están también la alteración de la velocidad de la cinta de grabación en “The Ballad Of Dorothy Parker” (otro medio tiempo con el termómetro en cotas altas) y las discordancias y el feedback que caracterizan “The Cross”, un tema que se abre con una guitarra sobre la que planea la sombra de The Velvet Underground (del mismo modo que los ecos de “Walk On The Wild Side” resuenan en la galería de personajes que desfila por la canción que titula el disco).

“Sign ‘O’ The Times” tendría prolongación cinematográfica en una película homónima dirigida por el propio Prince (con la ayuda de Albert Magnoli, realizador de “Purple Rain” en 1984) que se estrenó en Detroit a finales de octubre de 1987. Se trataba de un documental de gira, con una leve trama paralela sobre la turbulenta relación entre Cat y su novio, en la que intervenía Prince para crear una situación triangular. El filme sirvió, en todo caso, para certificar el sustrato jazz de la nueva banda reunida por el artista, que interpretaba en directo “Now’s The Time” de Charlie Parker. Un proyecto menor, teniendo en cuenta que Prince ya andaba maquinando un nuevo disco, el problemático “The Black Album” (que no se publicaría de manera oficial hasta 1994). Tiene lógica, puesto que “Sign ‘O’ The Times” había sido su particular “White Album”.

“U Got The Look” (con Sheena Easton).

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