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ÁLBUM (1992)

R.E.M. Automatic For The People

Warner Bros.
R.E.M., Automatic For The People
 

Esta obra de R.E.M. está considerada la mejor de su carrera. Un trabajo que parecía una búsqueda interior que los alejase del éxito mundial que supuso su anterior “Out Of Time” (1991) y que, curiosamente, ha quedado para la posteridad como “el disco de R.E.M.” por excelencia. Esta es la crítica, firmada por César Estabiel, que apareció en el especial de Rockdelux con los mejores CDs de la década de los noventa; ocupó el puesto 7. “Automatic For The People” ya había conseguido ser el número 1 del año 1992 en el resumen del Rockdelux 93.

Es tiempo de reflexión para un Michael Stipe que, lejos de intentar superar un hit histórico como “Losing My Religion”, se mete dentro de su piel y elabora doce canciones de las que solo “Ignoreland”, su arrebatado ajuste de cuentas a las barras y estrellas, deja clara la intención de su letra. Aun así, “Automatic For The People” fue un disco automático y popular. Sin una sola concesión, logró meterse entre las estrechas grietas de una industria discográfica que no asimila dobles lecturas ni acepta lo que no le llega masticado. Posiblemente, su aceptación masiva como “grupo de calidad” viniera ya dada por otro gran disco, pero bastante más directo, como fue “Out Of Time” (1991), aunque la pregunta ya estaba hecha: ¿sería posible que la calidad cotizase en este mundo? El noveno disco de R.E.M. consiguió el éxito en todas sus acepciones. El personal lo alcanzó Stipe pudiendo componer con total libertad. Del comercial ya hablaban los números. Del éxito artístico parte de culpa la tuvo John Paul Jones (Led Zeppelin). Cubrió ese medio tiempo soberbio con una orquestación excelsa pero mesurada, ni protagonista ni complementaria, que supera el concepto de “rock hecho con violines” hasta convertirse en la salvación de ese rock que, mirándose hacia sí mismo, todavía encontraba armas para enfrentarse a la legión de niños que venían detrás con la intención de certificar su defunción con el tirachinas de la impericia.

Por su parte, Michael Stipe, mordiendo la mano que les daba de comer, se revuelca en las miserias de esa palma siendo más claro que nadie en “Ignoreland”. Su garganta expulsa “fucks” en todas las direcciones de los Estados Unidos, pero nadie le pasa factura: sus furibundos ataques verbales debían de ser bastante sibilinos para un enemigo que solo entiende las bofetadas vestidas de bofetadas. Era el único momento de compromiso frontal en un disco plagado de inquietudes intraducibles, con el trasfondo humanista de que siempre ha hecho gala pero pocas veces campaña la pluma hermética de Michael Stipe.

Si “Man On The Moon” y “The Sidewinder Sleeps Tonite” mantuvieron a tono el nivel de singles, hay que desplazarse hasta las dos últimas canciones para poder celebrar las dos grandes victorias de “Automatic For The People”. La orquestación de “Nightswimming” demostró que en el rock el lujo podía vivir sin necesidad de matar el fondo y que el fondo podía trascender vestido con elegancia. “Find The River” cerraba el disco en un epílogo de búsqueda interior que desembocaba en un estribillo esperanzado como los que solía componer su amiga y alma máter de 10.000 Maniacs, Natalie Merchant. Aún hoy, nadie puede extraer una conclusión definitiva de aquellas extrañas metáforas, pero su grandeza estriba en que tampoco nadie necesita una explicación.

“Nightswimming”.

Publicado en el especial de Rockdelux “Los mejores 200 CDs de los 90” (Abril 2000)
Etiquetas: 1990s, 1992, Estados Unidos, rock
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