Bob Stanley tiene una porrada de discos; discos para una boda, una fiesta griega, un club del Soho y una película francesa. Discos para todo, y no hay otro creador de pop sublime en el mundo con su erudición musical. Esos discos se vuelcan en sus canciones de forma patente y lo que Stanley escucha en un determinado momento es a lo que suenan sus trabajos.
“Tiger Bay” (1994) es, a la sazón, un clásico tercer LP con intención “no podemos repetirnos”. La metáfora del título anuncia el cambio (Tiger Bay es un puerto galés del siglo XIX y simboliza el puchero de influencias españolas-italianas-noruegas que sustituyen al asunto kitchen sink 50s-60s londinense + europop mod), así como lo hace la ilustración preindustrial de la portada. El cambio de orientación se traduce también en la ausencia de samples de películas de los sesenta entre canciones, marca de fábrica del grupo en anteriores trabajos (¡adiós, Billy Liar!), y entra una decidida orientación folk en algunos temas. Stanley, siempre la urraca, admite haber estado escuchando cosas como Pentangle y hard techno, y dándole vuelta y vuelta al “Violator” de Depeche Mode (auch). Y eso define un poco a “Tiger Bay”: dance-pop con tonadas folkies y ocasional chunda-chunda locuelo.
Sí, “Tiger Bay” trae otros aromas; tantos aromas tiene, que alguno tenía que apestar. Así y todo, la mayoría son innegables temazos: “Urban Clearway”, medio sintonía policíaca a lo “The Hanged Man”, medio electro-pop; “Former Lover”, baladón Bridget St. Johniano de puro folk; “Hug My Soul”, hit de electro con flautas y xilófonos setenteros soul y aires eurobeat; o la magnífica “On The Shore”, que tiene un ritmo dub, voz gospel-house de Shara Nelson a lo Dee C. Lee y orquestación de pop sesentero de estudio, como The Andrew Loog Oldham Orchestra. Pero también tenemos ese “pastiche de folk español” (Stanley dixit) que es “Pale Movie”, dance eurotrash con guitarriqui flamenca que parece una mezcla de Desireless, Tam Tam Go! y “La isla bonita”. Pura caca fast-forwardeable, en serio. Para compensar, pueden ir al CD2, donde encontrarán hits de cara B a porrillo, como la líricamente impecable “I Buy American Records” o una excelente versión de “La poupée qui fait non” de Michael Polnareff.
Oh, acabo de recordar una anécdota lindísima: al enterarse de que el ‘NME’ iba a masacrarles en una crítica del disco, Saint Etienne respondieron con un plan cien por cien Dexys: pagar un anuncio de página entera en el mismo periódico, mismo número, con un dedo de “fuck you” para la prensa musical. Grandioso, no me digan.




























