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ÁLBUM (2002)

SALIF KEITA Moffou

Universal
SALIF KEITA, Moffou
 

El regreso de Salif Keita El Grande a sus raíces. Con el siglo XXI, el malí decidió dejar atrás sus fusiones más o menos afortunadas y centrarse en la recuperación de un folk africano de gran intensidad emocional. Aupado por su inconmensurable voz, el imperial Keita desandó el camino hecho y con “Moffou” (2002), al que seguiría tres años después el también excelente “M'bemba” (2005), decidió africanizarse de nuevo para satisfacción de todos los amantes del Keita más puro. Esta es la crítica que escribió Carlos Fuentes en el especial del 25 aniversario de Rockdelux, donde se escogieron los 100 mejores álbumes internacionales de la primera década del siglo XXI; “Moffou” ocupó el puesto 95.

El cantante malí Salif Keita (Djoliba, 1949) fue uno de los artistas africanos que creyeron en los cantos de sirena europeos por la llamada, glups, “world music” en los años ochenta. Se instaló en Francia y compartió las riendas con Jean-Philippe Rykiel. Álbumes como “Soro”, su extraordinario debut internacional en 1987, alimentaron una alianza estratégica norte-sur, aunque pronto –“Ko-Yan” (1989), “Amen” (1991)– el músico albino dejó sepultar su voz de plenilunio entre vulgares muros de sintetizadores pop. Músicas postizas para una voz genuina. Urgía, pues, cambiar de rumbo. Y Salif Keita echó la vista atrás, al acervo de la mina musical del África subsahariana. Con el nuevo siglo, el hijo pródigo volvió a casa, a Malí. Allí se reconcilió con su gente (fue emotiva la reunión postrera con Ali Farka Touré, su antítesis, quien nunca quiso abandonar África) y pronto exprimió este reencuentro sentimental.

Grabado junto a Jean Lamoot en París durante dos semanas del verano de 2001, y editado a la primavera siguiente, “Moffou” devino pronto en toda una reinvención, casi una resurrección, para este artista heredero de emperadores mandingas que antes capitaneó conjuntos pioneros del África poscolonial como la Rail Band de Bamako y, en la década triunfal de los setenta, Les Ambassadeurs. Diez grandes canciones, emocionantes y limpias, como vuelta a las melodías añoradas (“Moussolou”, “Madan”), a la instrumentación tradicional (n'goni, calabaza, tama), a los idiomas tribales (bambara, soninké, malinké...) y a las mejores amistades (los guitarristas Kanté Manfila y Djeli Moussa Kouyaté, y el percusionista Mino Cinelu). Hay aquí un dúo de leyenda con Cesária Évora, “Yamore”, que apuntala la valía de un músico seminal que hace cuarenta años malvivió por los mercados de Bamako y luego quiso subir al olimpo del negocio musical.

Que el regreso de Salif Keita a África es una bendición admite escaso margen de disenso. “M'bemba” (2005), su continuación radiante, y “The Lost Album” (2005), el rescate histórico de su dúo acústico de los años setenta con Kanté Manfila, tampoco facilitan la duda. Pero si no está de acuerdo, espere usted un instante. Su nuevo disco, producido por Joe Henry, está a punto de salir del horno.

“Moussolou”.

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