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ÁLBUM (2010)

SKREAM Outside The Box

Tempa
SKREAM, Outside The Box
 

Lo ha dicho en algún sitio: “No quiero que se me identifique más con la escena dubstep”. Y no seremos nosotros los que repartamos chips de identificación a perpetuidad. Ollie Jones quiere dar el salto a algo más amplio y menos restringido y tiene todo el derecho del mundo a hacerlo. Atrás quedan los tiempos de tendero en Big Apple Records, los experimentos adolescentes con platos y maquinitas y la inmersión en el océano de graves y reverberación que acabarían dando color a la pátina dubstep. Atrás queda el icónico “Midnight Request Line” (2005), uno de los himnos del género, un año antes de que su debut largo, “Skream!” (2006), se convirtiera en uno de los pilares de la escena gracias a segmentos de adicción instantánea como el inflamado “Check-It” (a medias con Warrior Queen) y “Summer Dreams”. No era Burial, claro, pero sí uno de los diarios de dubstep más precisos y amenazantes gracias a una rara sensibilidad melódica para construir inquietantes segmentos sintéticos de regusto cinematográfico flotando sobre el detritus de un Caribe digital.

Jones, al borde de los 20 años, convirtió su nombre en referencia imprescindible en las giras que llevaban por el mundo la buena nueva y en patrón a seguir para los instigadores del último grito cultivado en las calles del sur de Londres. Su serie de maxis “Skreamizm” cimentó su estatus de pequeño-gran gurú que, a la chita callando, empieza a asomar la nariz en las estancias infinitas y más elásticas del pop. Llegaron las solicitudes de remezclas –Klaxons, Dave Gahan, Bat For Lashes...– y con una sonó la flauta: su calentamiento en 2009 del “In For The Kill” de La Roux traspasó barreras, vendió lo que quiso y acabó en anuncios de videojuegos y series de televisión. Mientras se iba cociendo el segundo álbum oficial, vinieron algunos CD-mixes –busquen “Watch The Ride” (2008)– y la progresiva salida de foco –cosas de la velocidad– de un estilo que todavía no lo tiene todo dicho: ahí están, en largo, los últimos trabajos de Ikonika, Digital Mystikz o Scuba. Pero Skream se desmarca y este “Outside The Box” busca redimirse en parajes menos siniestros que antaño estirando la cuerda hasta los espinosos campos del mainstream. Nadie va a negar el olfato de Jones para construir beats impolutos y cortantes, pero parece como si algo –excitación, instinto– se hubiera quedado por el camino. Parece. El disco no prende hasta el quinto tema, un “How Real” dinámico con la voz de Freckless empalada en efectos de distorsión y eco. No es la bomba, pero tiene más chicha que cosas que le preceden como el inicial “Perferated” –ambient anémico de la escuela Jean-Michel Jarre–, el insulso “8 Bit Baby” con el verbo angelino de Murs –avant-rap del que en Def Jux y Anticon propusieron hace más de diez años– y “CPU” y “Where You Should Be” –ambientes espesos y reptantes a la espera de que ocurra algo que finalmente nunca llega–. Algo falla en un disco cuando van pasando los minutos y el tufillo de la indiferencia se asienta en la sala de estar.

 
SKREAM, Outside The Box

Ollie Jones: más allá del dubstep. Foto: Shaun Bloodworth

 

A partir del citado “How Real” es posible intuir el cosquilleo en algunas de las golosinas que quedan dentro de esta caja (literal en la edición limitada, que incluye CD extra) de música dispersa. Como en “Fields Of Emotion”, un exquisito crucigrama de bajos rotundos y teclados infantiles coloreado por un saxo casi de música de ascensor. Sugestivo y estratégicamente situado antes de “I Love The Way”, una reformulación del papel de la diva vocal en la dance music –a través de un sample de Jocelyn Brown– que suena vintage y contemporáneo, grande. Como grande es “Wibbler”, un dinosaurio aplastando beats gordos mientras avanza entre disparos de consolas y abismos sintéticos. “Metamorphosis” juega, como Roska, con la reducción minimal: golpes secos, sintetizadores gaseosos, exhalaciones melódicas interrumpidas. Funciona. Como también lo hace la despedida –olvidemos “A Song For Lenny”, otra porción anodina entre Jarre y el Vangelis de “Blade Runner”–, un “The Last Epic Song” que ajusta el retrovisor hasta los circuitos del añejo drum’n’bass. Con estilo. Y no, no olvidamos el featuring de Ellie Jackson en “Finally”: La Roux devuelve el favor y juntos despachan un corte de superpop que ni enfría ni da calor. Es Yazoo con el enchufe dubstep a baja potencia.

“Outside The Box” no es un disco, repasando, desdeñable. Sus peros estriban en que la búsqueda de nuevos horizontes que propone Mr. Jones, legítima y respetable, de momento es poco concreta, excesivamente dispersa. Pero no lo rechacen. Rebuscando en la caja, repito, hallarán algunas de las perlas artificiales más brillantes de este curso. Háganlo.

Etiquetas: 2010
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