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ÁLBUM (2016)

SOLANGE A Seat At The Table

Saint-Columbia-Sony
SOLANGE, A Seat At The Table
 

Comparado con los otros dos grandes manifiestos R&B de 2016, “A Seat At The Table” no tiene nada que envidiar a “Freetown Sound” (Blood Orange) o “Lemonade” (Beyoncé). Solange no trufa el disco con ganchos explosivos y morbosos como hace su hermana mayor, ni alardea de un diseño de producción tan perfeccionista como el de Dev Hynes. Las virtudes de su nuevo y fascinante tapiz sonoro parecen más bien el discreto negativo de aquellas. Descansan en un pautado registro low-key y buscan en el oyente una comunión casi privada.

No sorprende oírle afirmar algo tan tonto y a la vez tan lleno de sentido como que las canciones se escribieron por sí mismas. Para conseguir la depuración del engrasado sonido fueron necesarios tres años de constante trabajo que han cristalizado en un vigoroso acabado. A base de soul psicodélico, electrónica sutil y sofisticados arreglos, “A Seat At The Table” fluye suave como la seda, con maneras retro que bucean en el clasicismo del soul, el rhythm’n’blues y la gran obsesión personal de su autora, la Motown, hasta acabar haciendo de ella algo así como nuestra Minnie Riperton particular.

Intercalando la confesión íntima con el análisis cultural, Solange desvenda lo que significa ser negra y mujer hoy todavía, proyectándose artísticamente con la confianza suprema que dice haber alcanzado como persona. Aparece arropada por una impresionante nómina de colaboradores a los que eclipsa con un simple chasquido de dedos, y deja que el brillo intimista de joyas como “Cranes In The Sky”, “Mad”, “Don’t Wish Me Well”, “Weary” o la estática “Scales” vaya cuajando gradualmente, alargando su encanto en el tiempo.

El pegamento definitivo con que ensamblar tal grado de visión y seguridad (¡ese título!) son los ocho interludios deliciosamente trabados en la mezcla. Concebidos junto al magnate y amigo de la familia Master P, y con sus padres Tina y Matthew Knowles como invitados especiales, redimensionan los volúmenes de esta obra redonda a la que dotan de una magnitud mayor que la suma de sus partes.

“Cranes In The Sky”.

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