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ÁLBUM (2018)

SPIRITUALIZED And Nothing Hurt

Bella Union-[Pias] Ibero América
SPIRITUALIZED, And Nothing Hurt
 

En el pasado Primavera Sound tuvimos la suerte de escuchar en primicia algunas de las canciones del nuevo álbum de Spiritualized: no desentonaban en absoluto con el resto del repertorio propuesto por Jason Pierce. El ex-Spacemen 3 tiene la rara virtud de aunar lo íntimo y lo épico, sin caer en ninguno de los casos en el ensimismamiento estéril ni en la grandilocuencia hueca. Es algo que siempre ha convivido en armonía en la obra de Spiritualized, desde el ya lejano “Lazer Guided Melodies” de 1992, y que se mantiene en el octavo álbum en estudio del británico, el primero desde “Sweet Heart, Sweet Light” (2012).

Cuenta Pierce que este es el disco que más en soledad ha concebido (la portada de Mark Farrow lo traduce a la perfección), encerrado en una habitación de su casa en el este de Londres. Que la música que suena en su cabeza es muy difícil de materializar por falta de presupuesto y que intenta, con los mínimos medios posibles, reproducir las sinfonías que imagina. Misión cumplida, si nos atenemos a  las nueve canciones de álbum –que, claro, al final se han fijado con la ayuda de, entre otros, John Coxon, James Stelfox, Jonny Aitken y Tony Foster, además de vientos, coros y cuerdas–, puro sonido Spiritualized madurado con la sabiduría del paso del tiempo. El tiempo (y su inexorable avance segundo a segundo) es, precisamente, según confiesa el de Rugby, el hilo conductor de estas canciones: Pierce cumplirá 53 años el próximo noviembre y es consciente de que la juventud ya es un pájaro que hace años quedó irremediablemente herido. El tiempo y el amor: casi todas las letras de las composiciones pueden leerse como fervorosas cartas sobre el poder curativo (y también destructivo) de las relaciones amorosas. En la inicial “A Perfect Miracle” ya lo deja claro: “I’d like to sit round and dream you up a perfect miracle / I’d catch the wind and have it blow all kisses to you / I’d take the birds and teach them all the words to every love song I know / And I’d have them fly around and sing them all to you”. La voz frágil y vulnerable (casi infantil) del protagonista otorga emoción sin caer en la cursilería.

“And Nothing Hurt” también tiene su momento de catarsis rock (“On The Sunshine” o el final de “The Morning After” son excelentes) y de hipnosis sinfónica (en la parte final de “Damaged”), sabe engrasar guitarras orgullosas –“I’m Your Man”, “Here It Comes (The Road) Let’s Go”– y acariciar con terciopelo (“Let’s Dance”, que incluye un hermoso homenaje a Big Star: “The hour is getting late / The’re putting all the chairs away / If they’ve got Big Star on the radio they’ll let us stay / Oh, september girl / Come and rule my world / And dance”). El astronauta triste en pleno viaje: todavía flotando en el espacio.

“I'm Your Man”.

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