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ÁLBUM (2008)

SPIRITUALIZED Songs In A&E

Spaceman-Sanctuary-V2- Nuevos Medios
SPIRITUALIZED, Songs In A&E
 

Señoras y señores: Spiritualized, otra vez, flotando en el espacio. Tras inmensos problemas logísticos –inciertas negociaciones discográficas– y de salud –el A&E del título se refiere a la unidad hospitalaria Accident & Emergency, el equivalente a nuestra UCI: Jason Pierce estuvo varias semanas ingresado en el verano de 2005, aquejado de una doble neumonía que lo puso al borde de la muerte–, Mr. Spaceman entrega su mejor (y mayor) obra desde el memorable “Ladies And Gentlemen We Are Floating In Space” (1997), uno de los discos definitivos y definitorios de la pasada década. Toda la carrera de Pierce, incluyendo su opus previo en Spacemen 3, está anclada en un sólido y contundente fondo temático –drogas, muerte, religión– desarrollado a través de una depurada reescritura de las líneas básicas del rock, atrapado en un continuo loop de minimalismo rítmico aderezado con imponentes arreglos de cuerda y metal. Nunca ha rubricado un disco desechable, aunque el anterior “Amazing Grace” (2003) mostraba ciertos síntomas de agotamiento y flirteaba con un formulismo al borde del cliché. El (largo) paréntesis –roto con las prestaciones en directo de Spiritualized Acoustic Mainlines: quienes asistieron a sus conciertos españoles del año pasado reconocerán muchas de las claves del nuevo disco– ha servido para oxigenar a conciencia las estancias siempre sombrías del autor de “Lazer Guided Melodies” (1992).

El plan está claro: el recurrente menos es más, que alcanza aquí una de sus cotas máximas. Pierce ha decidido “limpiar” su sonido y dejarlo casi en los huesos, ha permitido que su voz emerja de los pozos eléctricos de ocasiones anteriores y, sin renunciar a ninguno de sus postulados, ha registrado un disco luminoso y terapéutico que habla de lo de siempre (infierno y redención, Jesucristo y el océano, la percepción y la perdición), pero con un lenguaje que suena puro, nuevo. El arco iris de rock, blues y gospel se despliega en colores con una sencillez tan prístina que el abultado listado de instrumentos que aparece en el libreto –otra maravilla “farmacéutica” de Farrow Design– da la impresión de ser casi una broma. Pocas veces (¿ninguna?) Pierce ha sonado y resonado tan cercano y desnudo. “Songs In A&E” no es un tour de force desenchufado, pero sí un admirable ejercicio de despojamiento de lo superfluo. Es Spiritualized filtrado, sin residuos. Incluso en los momentos en que pisa el acelerador –“I Gotta Fire”, “Yeah Yeah”, “You Lie You Cheat”– su rock’n’roll stoniano parece desprovisto de la pesada grasa retro que impide remontar el vuelo a, por ejemplo, los últimos Primal Scream.

 
SPIRITUALIZED, Songs In A&E

Esto es una emergencia: el álbum encierra media docena de las mejores partituras jamás compuestas e interpretadas por Pierce.

 

Interconectado por seis brevísimos interludios instrumentales que enlazan con su trabajo para el soundtrack de “Mister Lonely” (2008) de Harmony Korine –y que se han bautizado como “Harmony”, en un doble juego que remite tanto al director de “Gummo” (1997) como a la estructura armónica de las piezas–, “Songs In A&E” está básicamente construido en torno a exquisitas canciones de caminar lento y alma negra, con una inteligente utilización de los coros femeninos que evita los lugares comunes de la postal gospel. Violines y chelos hacen manitas con trompetas, saxos, flautas y trombones y abrazan suavemente las cuerdas del muestrario de guitarras Fender de Spaceman. Los textos suben (y bajan) por metáforas de fuego devorador y amor liberador; pocas veces Pierce ha sido tan explícito sobre sus dependencias y miedos. Mira a la muerte cara a cara en la escalofriante “Death Take Your Fiddle”, con el sonido de fondo (¿real o simulado?) de un respirador artificial y versos sin máscara: “So death, take your fiddle / And play a song for me / Play a song, you used to sing / The one that brought you close to me / Play your song and I will sing along”.

Pero no es este un disco nacido exclusivamente de la enfermedad –la mayor parte de las canciones se compusieron antes del incidente hospitalario–, sino una madura autorreflexión sobre su caldo de cultivo creativo y cómo dotarlo de nuevas perspectivas para que no muera por inercia. Sí: cambiar para que todo siga igual. Objetivo conseguido: el álbum encierra, como mínimo, media docena de las mejores partituras jamás compuestas e interpretadas por Pierce, clásicos instántáneos como “Soul On Fire”, “Sitting On Fire”, la monumental “Baby I’m Just A Fool”, el delicado dueto que hace con Rachel, la mujer de Korine, en “Don’t Hold Me Close” o el sedoso final de “Goodnight Goodnight” y esa sentencia susurrada que repite “funeral home”, explícito homenaje a Daniel Johnston, otra alma en pena que conoce los profundos laberintos del dolor, la pérdida y la creación como pomada para alcanzar la luz al otro lado del túnel.

“Soul On Fire”.

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