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ÁLBUM (2011)

SR. CHINARRO Presidente

Mushroom Pillow
SR. CHINARRO, Presidente
 

Por primera vez escucho un disco de Sr. Chinarro que me descoloca. No me ocurrió con “El fuego amigo” (2005), el álbum en el que dejó atrás su larga etapa de grabaciones herméticas. Ni aquel ni los consiguientes “El mundo según” (2006) y “Ronroneando” (2008) me chocaron porque en ellos Antonio Luque simplemente aclaraba su particular forma de grabar e interpretar. Sus fans de siempre con menos cintura se sintieron traicionados. Yo no tuve ningún trauma, sino una inmensa alegría. Pero el primer impacto de “Presidente” me ha contrariado. Por eso pedí hacer esta crítica. He querido obligarme a profundizar en el repertorio más vivaz, enérgico, contagioso, luminoso y lleno de ganchos que ha grabado Chinarro en su vida.

Vivaz, enérgico, contagioso... son adjetivos que jamás esperé aplicar a un disco de Antonio Luque, pero ya sé qué me destempló en las primeras escuchas: la voz. El sevillano quiere cantar como aún no sabe. Adviertes su esfuerzo... y esfuerzo es algo que nunca denotó la música de Chinarro: tan sobrado como letrista y tan holgazán a la hora de interpretar. Aquí Luque quiere superarse: incluso actúa. Es la consecuencia de un disco planteado como un paso adelante, con canciones de esqueleto extraordinariamente sólido y arreglos que buscan la atención del oyente: ese guiño a Elvis Presley en “Vacaciones en el mar”, ese otro a The Doors en “Fotos no”...

Hay algo en “Presidente” que me lleva a pensar en los discos serios y profesionales que grabaron los grupos españoles de los años ochenta. No solo por el compás tan marcado de “Una frase socorrida” (me recuerda al de “Barco a Venus” de Mecano), sino por la autoridad con que se pasea por los géneros; cada vez que escucho “La lección” pienso en el disco de versátil madurez que fue “Mis problemas con las mujeres”, de Loquillo y los Trogloditas. Sí, a este nivel están Luque y su banda: capaces de colar un punteo hawaiano en la flamenquita “San Borondón”, de trenzar una seudobossa y un casi krautrock en “Babieca” y de provocar angustia y fascinación en la majestuosa escena de muerte violenta que es “María de las Nieves”.

En “Presidente” nace un Chinarro echao p'alante. Un tercer Chinarro sin miedo a sonar aún más fresco y accesible. Un tercer Chinarro que está empezando a acostumbrarse a sí mismo, pero que con esta banda, con Jordi Gil a su vera y con esta cabeza tan limpia de idioteces, solo puede seguir creciendo. El Chinarro más valiente que nunca conocimos ha dado otro importantísimo paso. Trauma, ninguno. Otra inmensa alegría.

“Babieca”.

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