Dos cintas. En cada una grabado un loop que recogía unas palabras del sermón de un reverendo. Steve Reich (Nueva York, 1936) pulsó el play simultáneamente en dos reproductores. Pero uno de ellos empezó a acelerarse. Lejos de preocuparse, Reich adivinó que de aquel pequeño accidente podía surgir algo de valor. El minimalismo balbuceaba sus primeras palabras. De todos los compositores minimalistas, Steve Reich es sin duda el que más huellas ha ido dejando en el otro lado de la música, en la acera más popular. Porque Terry Riley nunca llegó a traspasar esa hermética barrera, por más que su obra se muestre desenfadada e intuitiva. Philip Glass siempre fue demasiado académico y serio. Y La Monte Young prometía estados hipnóticos no demasiado digeribles para el público. Steve Reich demostró que un minimalista podía ser exuberante. Y eso lo entendió gente como Carl Craig o los músicos de Tortoise, a quienes sin querer el compositor neoyorquino les regaló una envidiable coartada artística.
Los cinco CDs de la caja “Phases” recogen lo más representativo de la obra del neoyorquino. Piezas completas, nada de extractos. Respecto a la integral de diez CDs que publicó también el sello Nonesuch en 1997, “Works. 1965-1995”, sólo se han quedado fuera las piezas menores –que no peores– que el autor creó como desarrollo de la que fue su obra capital, “Music For 18 Musicians” (compuesta en 1976), y algún tema anecdótico pero muy revelador (“Clapping Hands”); y de sus obras mayores, la única que falta es “The Cave”. De todos modos, ausencias nada graves. “Music For 18 Musicians” fue la obra que cambió el rumbo del minimalismo norteamericano surgido en los sesenta. Su primera composición donde melodía y ritmo interactuaron a un nivel majestuoso. De su producción anterior lo más notable es “Drumming” (compuesta en 1971), espectacular tratado sobre la percusión. Una larga estancia en el corazón de África le abrió los oídos y los ojos a nuevos caminos por donde derivar unas sensaciones rítmicas que ya había intuido años antes desde el cemento de Nueva York. Dio carpetazo a los setenta llevando las excelencias de “Music For 18 Musicians” hacia exuberantes vergeles con forma de vientos, cuerdas y piano. “Eight Lines” (compuesta en 1979) fue uno de esos hipnóticos paraísos.


























