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BOX SET (2006)

STEVE REICH Phases. A Nonesuch Retrospective

Nonesuch
STEVE REICH, Phases. A Nonesuch Retrospective
 

Los cinco CDs de la caja “Phases” recogen lo más representativo de la obra de Steve Reich. Piezas completas, nada de extractos. “Phases” es una colección necesaria: la obra del neoyorquino es, posiblemente, de todas las que componen el grueso de la música clásica contemporánea, la que más huellas ha ido dejando en el lado más pop del minimalismo. César Estabiel nos lo explicó aquí.

Dos cintas. En cada una grabado un loop que recogía unas palabras del sermón de un reverendo. Steve Reich (Nueva York, 1936) pulsó el play simultáneamente en dos reproductores. Pero uno de ellos empezó a acelerarse. Lejos de preocuparse, Reich adivinó que de aquel pequeño accidente podía surgir algo de valor. El minimalismo balbuceaba sus primeras palabras. De todos los compositores minimalistas, Steve Reich es sin duda el que más huellas ha ido dejando en el otro lado de la música, en la acera más popular. Porque Terry Riley nunca llegó a traspasar esa hermética barrera, por más que su obra se muestre desenfadada e intuitiva. Philip Glass siempre fue demasiado académico y serio. Y La Monte Young prometía estados hipnóticos no demasiado digeribles para el público. Steve Reich demostró que un minimalista podía ser exuberante. Y eso lo entendió gente como Carl Craig o los músicos de Tortoise, a quienes, sin querer, el compositor neoyorquino les regaló una envidiable coartada artística.

Los cinco CDs de la caja “Phases” recogen lo más representativo de su obra. Piezas completas, nada de extractos. Respecto a la integral de diez CDs que publicó también el sello Nonesuch en 1997, “Works. 1965-1995”, solo se han quedado fuera las piezas menores –que no peores– que el autor creó como desarrollo de la que fue su obra capital, “Music For 18 Musicians” (compuesta en 1976), y algún tema anecdótico pero muy revelador (“Clapping Hands”); y de sus obras mayores, la única que falta es “The Cave”. De todos modos, ausencias nada graves. “Music For 18 Musicians” fue la obra que cambió el rumbo del minimalismo norteamericano surgido en los sesenta. Su primera composición donde melodía y ritmo interactuaron a un nivel majestuoso. De su producción anterior lo más notable es “Drumming” (compuesta en 1971), espectacular tratado sobre la percusión. Una larga estancia en el corazón de África le abrió los oídos y los ojos a nuevos caminos por donde derivar unas sensaciones rítmicas que ya había intuido años antes desde el cemento de Nueva York. Dio carpetazo a los setenta llevando las excelencias de “Music For 18 Musicians” hacia exuberantes vergeles con forma de vientos, cuerdas y piano. “Eight Lines” (compuesta en 1979) fue uno de esos hipnóticos paraísos.

 
STEVE REICH, Phases. A Nonesuch Retrospective

Steve Reich, que demostró que un minimalista podía ser exuberante, es el minimalista más pop. Foto: Betty Freeman

 

Con “Tehillim” (compuesta en 1981), Steve Reich descubrió el poder de la voz. En esta obra, construida sobre textos en hebreo, consiguió acoplar la voz humana en la estructura melódica, como si de otro instrumento se tratara. Sin apenas desajustes. Una revelación que le llevaría años después a la que para mí es su composición más prodigiosa: “Different Trains” (compuesta en 1988). Las voces penetran en la melodía de un modo tan perfecto que enseguida dudamos de si lo que oímos son textos en inglés o se trata de las cuerdas del Kronos Quartet, el ensemble que acompañó en esta aventura a Reich. Una pieza de una narrativa hipnótica que se coloca en el extremo opuesto a composiciones más abstractas, como fueron sus “Counterpoint”. En “New York Counterpoint” (compuesta en 1985), “Electric Counterpoint” (en 1987) y “Cello Counterpoint” (en 2003), Steve Reich reduce su ámbito de trabajo a un solo instrumento (clarinete, la guitarra de Pat Metheny y el violonchelo, respectivamente). Y, tomando breves pulsaciones del mismo, consiguió sorprendentes ensamblajes mediante la modificación de su duración, tono y timbre.

“Phases” es una colección necesaria, tanto para quienes tienen los oídos educados como para aquellos que lo confían todo a sus sentidos. Porque la obra de Steve Reich es, posiblemente, de todas las que componen el grueso de la música clásica contemporánea, la que mayores dividendos ofrece a corto plazo. Incluso tras una simple escucha.

“Different Trains: America–Before The War”.

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