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ÁLBUM (2010)

SUFJAN STEVENS The Age Of Adz

Asthmatic Kitty-Popstock!
SUFJAN STEVENS, The Age Of Adz
 

Todos esperan, esperamos, otro “Illinoise” (2005), pero parece que los intereses de Sufjan Stevens van por otros derroteros, más cercanos a la lujuria instrumental de “The BQE” (2009) que al deslumbrante clasicismo pop del álbum que lo encumbró. “The Age Of Adz” viene con supuesta coartada conceptual, claro: está inspirado en el universo del artista negro Royal Robertson (1930-1997), un loser con todas las de ley, esquizofrénico excéntrico que pobló sus obras –algunas reproducidas en el libreto del disco– de monstruos y profecías, extraterrestres y cuadros bíblicos. Una excusa como cualquier otra –como el proyecto (¿definitivamente abandonado?) de los estados norteamericanos– para que nuestro héroe dé rienda suelta a sus zambullidas en el pop orquestal y cinematográfico.

“The Age Of Adz” a veces parece diseñado para ser representado en un escenario de Broadway, con decorados millonarios y casting inacabable. O como anzuelo para un comeback de los delirios musicales del hoy olvidado Ken Russell. Lo abigarrado del cuadro no oculta al gran compositor pop que es Stevens, un alquimista de la melodía embrujada y embrujadora capaz de desarmar con un ukelele y un suspiro. Pero esta esencia gira centrifugada en un huracán de arreglos de cuerdas, vientos y voces que pueden enlazar con Brian Wilson y Van Dyke Parks, pero también con Frederick Loewe y Stephen Sondhein.

Las bases electrónicas que respaldan las canciones acaban por ser anecdóticas –que nadie espere la sopa sintética de “Enjoy Your Rabbit” (2001)– frente al torrente vocal y orquestal, verdadero meollo de un álbum barroco y de aspiraciones monumentales –setenta y cinco minutos sin respiro– que responde mejor en las composiciones más “sencillas” –“Futile Devices”, “I Walked”– que en minióperas que marean la perdiz –los veinticinco minutos de “Impossible Soul” combinan lo sublime con lo ridículo, la depuración vocal con estruendos de guitarra eléctrica y horrorosos chapuzones en el Auto-Tune– y que hacen añorar al Stevens de “Seven Swans” (2004).

“The Age Of Adz” no naufraga en su ambición: en el cómputo final uno acaba recordando más instantes de disfrute que de rechazo. Pero huele a callejón sin salida, a fin de trayecto. Quizá ha llegado el momento de un baño en la piscina del back to basics para que todos disfrutemos al cien por cien del genio, indudable, del ángel de Michigan.

“I Walked”.

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