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BOX SET (2005)

THE BAND A Musical History

Capitol-EMI
THE BAND, A Musical History
 

Aquí está el fabuloso legado de una de las formaciones fundamentales de finales de la década de los sesenta. Su labor de recuperación, transversalmente estilística, de las raíces de la música americana, especialmente en sus dos primeros discos y en su colaboración con Bob Dylan, supuso un hito mayúsculo y nunca bien ponderado del que esta fabulosa caja antológica nos resarce sobradamente. Editada en 2005, y compuesta por cinco CDs y un DVD, nos muestra con orgullo las causas reales de la importancia de The Band. Miguel Martínez lo explicó así. 

Material que se creía perdido y canciones que los componentes vivos del grupo ni recordaban haber grabado son la sal de esta tierra. A esas treinta tomas inéditas hay que sumar setenta y dos sacadas de su discografía oficial. Todo junto forma un recopilatorio de cinco CDs más un DVD con nueve filmaciones en directo que apabulla por su presentación (libreto de ciento doce páginas), pero sobre todo por lo que suena. Eso, lo que suena, lo resumió muy bien el crítico Greil Marcus en el pasado, al referirse a esa versión de “The Weight” que cierra el quinto CD de esta antología con The Band respaldada por The Staples, aparecida en la película “El último vals” (Martin Scorsese, 1978). Según Marcus, esa grabación logró lo que perseguía Elvis Presley con “An American Trilogy”, una interpretación que abarcase lo ancho y lo largo de Estados Unidos, que le hablase a –y hablase de– todos los colores, los hombres y mujeres, los viejos y jóvenes, el norte y el sur. Moraleja: The Band abrió magistralmente los ojos a la diversidad de aquel país y cuestionó sus tópicos monolíticos.

La compilación recorre las fases fundamentales de la carrera de The Band hasta que Robbie Robertson abandonó en 1977 (sin él, tres de sus compañeros, Levon Helm, Rick Danko y Garth Hudson, reactivaron el grupo para grabar discos menores en los noventa y realizar algunas giras). Esta caja abarca desde sus inicios como grupo de acompañamiento de Ronnie Hawkins, allá por 1961, cuando se llamaban The Hawks y estampaban el rock’n’roll de Memphis contra el de Nueva Orleans, hasta la posterior reencarnación como Levon & The Hawks y a continuación su aventura con Bob Dylan durante 1965 y 1966, aquel rabioso fogonazo en el que se aliaron con el judío errante para inmolar en la misma hoguera a Sun Records y Harry Smith y dar nacimiento a esa serpiente que hemos bautizado como rock, signifique lo que signifique.

A partir de ahí llegó la refundación del combo en Woodstock, la que dio lugar a su Nuevo Testamento. Se inició a mediados de 1967, al regresar a su seno el batería Levon Helm, quien se había bajado del tren año y medio antes. Inciso: Helm es el único estadounidense de la formación, sus otros cuatro miembros –Robbie Robertson, Garth Hudson, Richard Manuel (1943-1986), Rick Danko (1943-1999)– nacieron en Canadá, pero ya de adolescentes estaban fascinados por el sur profundo del país vecino, un mundo de sonidos febriles que entraba en sus casas gracias a las mágicas emisoras de radio de aquella época.

 
THE BAND, A Musical History

En 1969, cuando la magia y la química entre los cinco miembros del grupo hizo florecer un legado musical único. Foto: Elliott Landy

 

En esa segunda etapa de su trayectoria, que empezó en la casa de color rosa que alquilaron en Woodstock, la misma que dio nombre a su disco de debut, y acabó en 1976 con aquel último vals, el grupo emite su música desde un místico, violento y romántico País de las Maravillas Perdidas, un lugar donde el tiempo blando gira dentro de relojes dalinianos, donde el calendario puede retroceder a 1913 para adelantarse a su época –buena parte de lo que hoy se etiqueta como americana ya estaba ahí, y aún resiste comparaciones en términos de vanguardia–. En ese lugar van de la mano The Impressions y The Stanley Brothers y se cuestiona el triunfo de los efectos especiales que supuso “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (The Beatles) y el culto a la juventud y lo instantáneo. La exigencia era alta y la recompensa mereció la pena. Pero su magia más especial, la química entre los cinco miembros del grupo que hacía a sus canciones servirse del pasado sin ser serviles con el presente, empezó a difuminarse tras “Stage Fright” (1970), cuando el gran dilema pasó a ser otro: drogas y problemas personales.

Veamos lo que llama la atención (entre otras cosas) de esta caja. En el CD 1, escuchar a unos pipiolos blancos desfogarse con versiones del rock’n’roll negro de Bo Diddley y del blues de Jimmy Reed y Muddy Waters con fiereza y una dinámica interna que le saca bastantes cuerpos de distancia a la que The Rolling Stones iban a poner en práctica año y medio después. También se los sacan al primer Eric Clapton. Robbie Robertson ya había aprendido a moverse con su guitarra entre el caos rápido tal como hacían los subalternos de Howlin’ Wolf. En ese mismo compacto, tampoco tienen desperdicio dos directos de 1966, con Bob Dylan al mando de “Tell Me, Momma” (inédito) y “Just Like Tom Thumb’s Blues”: ese sentimiento de lucha, ese drama intrincado.

 
THE BAND, A Musical History

The Band abrió magistralmente los ojos a la diversidad de EEUU y cuestionó sus tópicos monolíticos. Foto: Elliott Landy

 

En el CD 2, ya sea con el enigma bíblico de “The Weight” (inspirado en el cine de Luis Buñuel) o en ese honky tonk que nunca había sonado como su magnífica “Long Black Veil”, brota su potencial para esculpir cada canción como una entidad única, su atención por los pequeños detalles (o los grandes: el órgano en la entrada de “Chest Fever”) para separarse instintivamente del resto del lote y rebelarse contra los rebeldes trendies.

En el CD 3, un par de detalles. Uno, la inédita toma de “Rockin’ Chair” –enorme tema sobre viejos lobos de mar retirados–, con Rick Danko y Levon Helm compartiendo la parte del cante. Es un live que conecta con uno de los puntos fuertes en estudio de este combo donde todos cantaban: su querencia por grabar las voces en la misma habitación y en directo, mantenida sobre todo en sus dos primeros discos, los mejores: “Music From Big Pink” (1968) y “The Band” (1969). A su manera, presenta contrastes de tono y color a la altura de los de Sam Cooke y Paul Foster en The Soul Stirrers. Finaliza este compacto con otra toma inédita, donde Richard Manuel y Van Morrison se turnan, cruzan y rugen en el micrófono a lo largo de “4% Pantomine”. Más de eso mismo.

En el CD 4, con abundante presencia de cortes del directo “Rock Of Ages” (1972), brillan los vientos dirigidos por Allen Toussaint, contrapuntos que suben y bajan como ascensores y sacan a la superficie lo mucho de Nueva Orleans que The Band llevan dentro. Del CD 5 puedes quedarte con la furia que seguían inyectándole a Bob Dylan en 1974 (toma inédita de “Highway 61 Revisited” incluida) o preguntarte por qué la tranquila “Home Cookin’”, tan Randy Newman, se descartó para su disco más flojo, “Islands” (1977), aunque sabes que no habría merecido ser contemplada para “Music From Big Pink” (1968). Pero yo me quedo con esa relectura de “The Weight” en blanco sobre negro que tanto impresionó a Greil Marcus. 

“The Weight” (con The Staples).

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