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BOX SET (2009)

THE BEASTS OF BOURBON The Beasts Of Bourbon

Bang!
THE BEASTS OF BOURBON, The Beasts Of Bourbon
 

Estos son los tres legendarios primeros discos de los Beasts Of Bourbon, editados en 1984, 1988 y 1990, y recuperados en 2009 en un box set limitado a mil copias publicado por el sello vasco Bang! Records. El legado original de las míticas fieras australianas, comandadas por Tex Perkins y Kim Salmon, remasterizado y reeditado en vinilo. Jaume Ribell repasó el contenido de la caja.

En principio, tenía que ser solo un divertimento. Un grupo paralelo de varios miembros de la escena australiana de los primeros ochenta que les sirviera de vía de escape de sus bandas principales. Sin embargo, The Beasts Of Bourbon acabaron siendo mucho más que eso. A ello ayudó que en sus filas estuvieran dos bestias pardas como Tex Perkins (que provenía de The Dum Dums y en los noventa cosecharía cierta fama comercial con The Cruel Sea) y Kim Salmon, que atrajo hasta los Bourbons a otros dos compañeros suyos en The Scientists, una banda seminal de la escena aussie: el bajista Boris Sudjovic y el batería James Baker, también en Hoodoo Gurus. Si a eso le sumamos la guitarra de Spencer P. Jones (de The Johnnys), tendremos la formación original de esta especie de superbanda australiana, la que grabaría sus tres primeros álbumes, incluidos en la presente caja de vinilos.

El primero, “The Axeman’s Jazz” (1984), no deja de ser lo que pretendían: un divertimento. Grabado en una tarde, y se intuye que con las botellas de bourbon pasando de mano en mano en el estudio, el disco es un tratado de blues-rock sureño, sucio y ponzoñoso donde dan rienda suelta a su querencia por el garage y el rock más fangoso. Musicalmente, no es nada del otro mundo, excepto en momentos puntuales, como en la muy stoniana “Evil Ruby”, en la pulsión pop a lo Flamin’ Groovies de “The Day Marty Robbins Died”, en la notable versión del “Psycho” de Leon Payne o en “Lonesome Bones”, donde ya se deja notar la querencia por otros ilustres paisanos suyos: los Birthday Party de Nick Cave.

Tras ese debut, cesó su actividad, pero la progresiva popularidad que fue adquiriendo aquel trabajo hizo que acabaran planteándose darle continuidad al proyecto. Tardaron cuatro años en decidirse: hasta que salió “Sour Mash” (1988). Pero, desde luego, lo hicieron a conciencia: con The Scientists ya desmantelados, se centraron en dar forma a un disco más ambicioso.

 
THE BEASTS OF BOURBON, The Beasts Of Bourbon

De grupo paralelo de varios miembros de la escena australiana de los primeros ochenta a bestias con fundamento.

 

Y así consiguieron la que sin duda es la mejor de sus obras: un álbum que ya desde los primeros compases marciales de la inicial “Hard Workin’ Man” (firmada a medias con Jack Nitzsche) te pone en aviso: eso ya no es solo un divertimento. La sensación se acentúa con “Hard For You”, donde se nota abiertamente la enorme influencia de Nick Cave, en este caso de los Bad Seeds más punzantes y agresivos. Todo ello sin perder de vista su punto de partida: “Watch Your Steps” es un blues-rock canónico y ortodoxo. Sin embargo, se percibe la voluntad de hacer algo mucho más personal y duradero, como en “Playground”, cuya atmósfera opresiva y guitarras disonantes ya no son cosa seria, sino muy seria. Mientras que en “Pig” se vislumbra la sombra de Tom Waits en las primitivas percusiones y la rasgada forma de cantar de Perkins.

Unas influencias, estas de Tom Waits, que se verían acrecentadas en su tercer disco, “Black Milk” (1990), mucho más flojo en conjunto que el anterior, pero cuya cara B contiene algunas de sus mejores piezas, como “A Fate Much Worse Than Life”, “El Beasto” –con unos punteos que son puro Marc Ribot– o la tremenda “Execution Day”, donde de nuevo dejan relucir su pulsión pop.

La edición contiene también diversos materiales extras: concretamente, cuatro temas inéditos, un póster y un libreto con todas las letras y breves comentarios de los miembros originales sobre su formación como banda, en los que Perkins confirma la sospecha: efectivamente, solían ir borrachos. Y lo bien que les sentaba, oigan...

“Evil Ruby”.

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