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ÁLBUM (1979)

THE CLASH London Calling

CBS
THE CLASH, London Calling
 

Una de las cumbres de la música rock de todos los tiempos. Brillante y abierta estilísticamente, la tercera obra de los Clash (presentada en formato de doble LP) sentó cátedra. En poco más de una hora, The Clash le regalaron al futuro un puñado de temas eternos. “London Calling” fue escogido el número 14 en la lista de los doscientos mejores álbumes del siglo XX que se publicó en octubre de 2002 en el Rockdelux 200 aquí, la crítica escrita por Ramon Llubià en aquel celebrado extra. Y dos años después, en 2004, se reeditó el disco en una edición especial conmemorativa de su veinticinco aniversario (ver aquí).

Puede que ni el archivero más quisquilloso haya conseguido contar aún todos los discos que se han editado en más de medio siglo de rock’n’roll. Por eso es normal que no haya dos listas que coincidan al cien por cien en cuáles son los mejores después de todas las volteretas que ha dado el invento. Ahora bien, este es uno de los que más consenso ha causado: “London Calling”, tercer álbum de The Clash, grabado y publicado en diciembre de 1979, el otoño del punk. A toda prisa, como si nada. Un doble LP plagado de hits que toda la vida se ha vendido a precio de serie media, igual que “Sandinista!” (1980), un triple LP menos afortunado que apareció solo un año más tarde. The Clash tenían estas cosas.

Mientras los Sex Pistols habían nacido prisioneros de la codicia de Malcolm McLaren, The Clash fueron un caudal creativo independiente (sobre todo respecto a la multinacional que los tenía en nómina) que nunca olvidó el compromiso con los suburbios londinenses de donde procedían (bien, es de dominio público que Joe Strummer “se escapó” de una familia bien, pero hoy todavía se le puede ver tocando en casas ocupadas) ni con los del resto del planeta. Mick Jones había sacado el nombre del grupo de un grafiti en el muro de la autopista que hacía de frontera entre su barrio y una de las zonas más acomodadas de la ciudad. Claro que Paul Simonon también se atribuye el bautismo, después de comprobar que la palabra “clash” estaba presente en la mayoría de las noticias que se publicaban en los periódicos británicos de la época. En cualquier caso, el conflicto, el choque, el enfrentamiento, vienen de visita.

Lejos de vivir encerrados y de emprenderla con la población inmigrante que ya era común en las calles donde habían crecido, The Clash se impregnaron de cosmopolitismo, se dejaron llevar por la marea de diversidad que invadía Portobello y por el ritmo caribeño del Roxy, un templo punk donde siempre se acababa bailando reggae porque el DJ era jamaicano y en esos tiempos todavía no encontraba suficientes discos de punk rock en las tiendas para llenar una noche de música.

Y The Clash decidieron que al punk le convenía ver mundo. Por eso se tomaron en serio lo que Estados Unidos tenía que ofrecerles como fuente cultural y musical inagotable, por eso también se fueron a Jamaica a la primera ocasión y conocieron a Lee Perry. Y tal vez por eso mismo se apuntaron a todas las causas perdidas tiñendo su obra de un idealismo de izquierdas que casi siempre fue antagónico a la anarquía o al simple nihilismo propuestos por sus compañeros de generación.

 
THE CLASH, London Calling

El idealismo punk de Topper Headon, Mick Jones, Paul Simonon y Joe Strummer en una obra que propone salidas y respuestas.

 

Todo esto cristalizó de un modo exuberante en “London Calling”. Strummer, Jones y Paul Simonon, a esas alturas con Topper Headon bien asentado en la batería, estuvieron sembrados en el momento de parir este disco. Lúcidos hasta en los instantes de furia: la misma portada –Simonon, capturado en blanco y negro por la fotógrafa Pennie Smith, a punto de estrellar su bajo contra el suelo– marca una huella inconfundible y, por supuesto, también ha figurado en todas las listas de las mejores portadas de la historia habidas y por haber. El diseño recuerda sospechosamente al primer álbum de Elvis Presley, editado en 1956. ¿Homenaje o pedorreta? Podríamos dudar a la escucha de “London Calling”, el tema titular que abre el disco como un ciclón y que alude entre otros argumentos apocalípticos a la liquidación de aquella “ridícula beatlemanía”. No es de extrañar que a George Harrison el punk le pareciera tan asqueroso que se llegara a plantear la retirada de la música.

Y es que The Clash fueron de lo más punk, aunque no se lo parezca a quienes se acercan a “London Calling” más de dos décadas después. Desde luego, no es search & destroy. Es una obra que propone salidas y respuestas, la solución más cuerda y entusiasta al callejón sin salida en que se había metido el punk denunciando que todo el pasado había sido decadencia. Como todos los grandes discos, tiene la virtud de reciclar, filtrar, reinventar y generar. Hay rock clásico y hasta apuntes de rockabilly, además de la evidente inmersión, honesta y respetuosa, en la música de baile de la época, el reggae y todas sus variantes.

Sin complejos. Como en la letra de “Spanish Bombs”, una denuncia a los estragos de la Guerra Civil española que hace sonrojar a cualquiera que entienda mínimamente el castellano. Esa falta de complejos es también la manera idónea de acercarse a “London Calling” con toda la comercialidad que atesora, en potencia. Que Pulp rindieran tributo a “Lost In The Supermarket” en “Common People” o que el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, fuera recibido a ritmo de “Rudie Can’t Fail” hace cuatro días son solo detalles. En poco más de una hora, The Clash le regalaron al futuro un puñado de clásicos eternos como “Jimmy Jazz”, “Hateful”, “The Right Profile”, “Clampdown”, “The Guns Of Brixton”, “Death Or Glory” o “Revolution Rock”, lo suficientemente recuperados y revisionados para que veinte años después de su desaparición ni siquiera notemos su ausencia.

“Spanish Bombs”.

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