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ÁLBUM (2011)

THE DECEMBERISTS The King Is Dead

Capitol-Rough Trade-Popstock!
THE DECEMBERISTS, The King Is Dead
 

Colin Meloy necesitaba un reinicio. Un refresh. Su obsesión por la Historia, las sagas, las fotos de color sepia y el pasado como refugio de fabulaciones le acabó llevando a las playas de “The Hazards Of Love” (2009), algo así como una crónica de ambientación medievalista que desembocaba en los pantanos de lo seudosinfónico y provocaba serias indigestiones. Y el magnífico hacedor de canciones que había mostrado tan buenas maneras en discos como “Castaways And Cutouts” (2002) y “The Crane Wife” (2006) cayó en la trampa de la (a veces) innecesaria trama conceptual y la ambición artificiosa y artificial. Un tropezón nada grave a juzgar por este “The King Is Dead”, un disco de establo y bosque que siembra en la frondosidad de la música de raíces para levantar el vuelo con impecables temas de regusto country.

Con Tucker Martine de nuevo a los controles, Meloy y sus muchachos (y muchacha) se instalaron en una granja del Happy Valley de Oregón y allí, entre hierba fresca, caballos y un ascético back to basics, cocinaron un disco que huele a lluvia y tierra. Con invitados de excepción –la mandolina y la guitarra de doce cuerdas de Peter Buck, las segundas voces de Gillian Welch, Dave Rawlings y Laura Veirs, el violín de Annalisa Tornfelt–, The Decemberists han construido un precioso álbum sobre una América rural que ya únicamente parece vivir en la mitología de los restos de una utopía (llamada Pendarvia, por la granja-estudio de grabación).

Eminentemente acústico y con el acordeón de Jenny Conlee con especial protagonismo, “The King Is Dead” nos devuelve a unos Decemberists oxigenados, como recién lavados y perfumados de rocío, con un Meloy apoteósico en su papel de trovador romántico, entre el arrebato y la derrota, con un olfato para las melodías pegajosas que obliga a quitarse el sombrero. Y con una capacidad para sintetizar influencias –de Bruce Springsteen y R.E.M. a The Smiths; lo del título no es casual– que activa la sonrisa y acalla el reproche. Y entre emotivos lamentos de tiempo lento –“Calamity Song”, “Rise To Me”, “Dear Avery”...–, emergen maravillas de country-pop como “Rox In The Box” , “Down By The Water” (puro “The River”), “All Arise!” y un definitivo “This Is Why We Fight” capaz de levantar a Johnny Marr (¡esas  guitarras!) de su letargo. Que un disco así alcance lo más alto del Top USA reconforta (aunque sea temporalmente). Bienvenidos de nuevo.

“This Is Why We Fight”.

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