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REEDICIÓN (2012)

THE DOORS L.A. Woman

Elektra-Rhino-DMC-Warner

Por Joan Pons

THE DOORS, L.A. Woman
 

En 1971 Jim Morrison era un joven de 27 años muy viejo. En el lustro que estuvo al frente de The Doors, acumuló todo el cansancio de quien ha estado en demasiados sitios, ha visto demasiadas cosas y se ha equivocado demasiadas veces. Y eso se nota en “L.A. Woman”. El atractivo de la música del último disco de The Doors ya no era aquella transfusión de energía sexual, poética y sobrenatural que tenía tanto que ver con Jimi Hendrix como con “Aullido” de Ginsberg. Aquello murió con los sesenta. Ahora el imán de este grupo con un cantante con barba y sobrepeso se había transformado en la erótica de la sabiduría, del creador sobreexperimentado, del artista de vuelta que ya no necesita exhibirse ni chulear a nadie, aunque se sepa en la plenitud de su expresión.

Porque en “L.A. Woman”, Morrison suena a veces masculino y a veces femenino, a veces blanco y a veces negro, a veces accesible y a veces críptico, a veces animal y a veces intelectual y, claro, a veces joven y a veces viejo. Es un cantante total: es un Morrison total. Unido a su “An American Prayer” (1978), “L.A. Woman” invita a especular que si no hubiera muerto en julio de 1971, quizá lo mejor de Jim Morrison, con o sin The Doors, aún estaba por llegar.

Esta edición para celebrar el 40 aniversario del último disco del grupo (también hay un DVD conmemorativo que, de momento, se vende aparte) complacerá tanto al indie que la busque con mala conciencia por su escaso background histórico (“Love Her Madly”, “Riders On The Storm”, “Hyacinth House”) como al aficionado de la heterodoxia sonora (“The Changeling”, “L'America”) y al rockero chapado a la antigua (“Been Down So Long”, “L.A. Woman”). Aunque este último será el que sin duda disfrute más del tema inédito que se incluye para la ocasión, el juguetillo blues “She Smells So Nice”.

“Riders On The Storm”.

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