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BOX SET (2006)

THE DOORS Perception

Elektra-Rhino-Warner
THE DOORS, Perception
 

Jim Morrison (1943-1971), figura, leyenda e icono de la música de los años sesenta, fue, además del cantante de The Doors, uno de los nombres míticos de la historia del rock. Con motivo de la edición de este box set, David S. Mordoh comentó la obra de la banda californiana, “el grupo que mejor uso supo hacer del concepto ‘rock’ junto a The Velvet Underground”. Esta caja, que conmemoró el cuarenta aniversario de la formación de los Doors, contiene seis CDs con los seis álbumes con Jim Morrison todavía vivo, además de seis DVDs con imágenes de directos, ensayos, clips... “Percepcion” fue escogido mejor recopilatorio de 2006 según el Rockdelux 247.

Por muchas remasterizaciones, reediciones, recopilaciones y demás objetos que se publiquen de The Doors, jamás serán suficientes para hacer justicia al grupo que mejor uso supo hacer del concepto “rock” junto a The Velvet Underground. Lo tenían todo. Y a Jim Morrison (1943-1971). Su voz era capaz de llenar el mundo si se lo proponía: cálida en los tramos suaves, decididamente animal cuando partía del blues, pero siempre dueña del sonido y de los sentidos del oyente. Te abrazaba, te acariciaba, te lamía, te mordía y te escupía. Te amaba y te amedrentaba. A veces en una misma canción. Por sus labios brotaban susurros y rugidos, amor y gruñidos, palabras de un autor convencidísimo del poder de sus poemas, que sabía cómo entonarlos para destrozarte. Jim poeta. Jim lagarto. ¿Por qué se tuvo que ir? Jim cabrón.

Aun así, la verdadera anomalía –al fin y al cabo, tipos con carisma, buena voz y textos interesantes no escaseaban en los años sesenta– era el trío que lo acompañaba. Robby Krieger, como guitarrista espectacular, no ganaría ningún trofeo. Aparentaba falta de mordiente y dedos poco firmes. Sin embargo, podía ser rápido si se lo proponía, dulce, guarro, melifluo o acrobático, y como buen compositor sabía lo que precisaba de él cada canción. Nunca sobraba o faltaba. Lo mismo ocurría con el batería John Densmore y su ingenio –no solo existen caja y plato– supliendo cualquier carencia. Como la que implica tener una banda de rock sin bajista. Lo compensaba Ray Manzarek –cuyo sonido de órgano tan característico se convirtió en denominación de origen– con un bajo a pedales en directo.

 
THE DOORS, Perception

¿Fueron el grupo que mejor uso supo hacer del concepto “rock” junto a The Velvet Underground? Foto: Joel Brodsky

 

Esta caja conmemora el cuarenta aniversario de su formación. Además de seis DVDs con imágenes de directos, ensayos, clips, etc., contiene seis CDs con los seis álbumes con Morrison vivo salvo –no sé por qué– el directo “Absolutely Live” (julio de 1970), más los temas extra de rigor, a los que hay que añadir créditos, notas técnicas del ingeniero Bruce Botnick y escritos describiendo el entorno del grupo en cada etapa. Por ejemplo, ahora nos dicen que la versión de “Light My Fire” aparecida en “The Doors” (enero de 1967), por un error de pitch, era más lenta (7’05”) que la de la cinta original (6’50”) aquí rescatada. Este mismo álbum (número 35 en la lista de los mejores discos del siglo XX según el Rockdelux 200) albergaba, entre otras maravillas, “Alabama Song (Whisky Bar)” de Kurt Weill y Bertolt Brecht, y –declaración de principios blues– “Back Door Man” de Willie Dixon; además, para esta ocasión incluye la versión original –retocada en su momento por problemas de censura: la palabra “fuck”– de “The End”. De los tres bonus destaca una lectura de “Indian Summer” casi cuatro años anterior a la grabación de la oficial. ¿Por qué esperaron hasta el quinto álbum para publicarla?

En “Strange Days” (octubre de 1967) deciden también cerrar el disco con una pieza larga, “When The Music’s Over”, aunque son las tres primeras canciones –la titular, “You’re Lost Little Girl” y “Love Me Two Times”– junto a “People Are Strange” –Morrison entre solitario y alucinado– las que funcionarán en las emisoras. Una toma de esta última y de “Love Me Two Times” se incluyen como extras.

A pesar de no estar a la altura del primero, “Waiting For The Sun” (1968) es un buen tercer disco con un contenido diverso y amplio de miras. El arranque para todos los públicos de “Hello, I Love You” y “Love Street” pronto deja paso a reflexiones más severas en pleno debate sobre Vietnam como la de “The Unknown Soldier” –brutal– o a composiciones de plasticidad serena –“Spanish Caravan” escenifica la devoción de grupos californianos como The Doors o Love por la guitarra española– sin dejar de lado –“Five To One”– su lado insumiso. Aquí los bonus ya tienen peso, sobre todo –anécdota de “Albinoni’s Adagio In G Minor” aparte– la pieza que debería haber sido estrella del álbum, una fusión larga tipo “The End” o “When The Music’s Over” –aquí diecisiete minutos– de pasajes cambiantes con la poesía más psicodélica de Morrison llamada “Celebration Of The Lizard”, solo presente antes de manera oficial en “Absolutely Live”. En su lugar se publicó sintetizada una de sus fases, “Not To Touch The Earth”, aquí representada con tres tomas –bueno, una es solo un diálogo previo– alternativas.

 
THE DOORS, Perception

Atisbando los “Strange Days” en esta caja que conmemora el cuarenta aniversario de The Doors. Foto: Paul Ferrara

 

Como los tres álbumes anteriores, “The Soft Parade” (1969) suelta sus mejores bazas en las tres primeras canciones –“Tell All The People”, “Touch Me”, “Shaman’s Blues”– y se guarda la larga –“The Soft Parade”– para el final. Sobre todo “Touch Me”, una hermosísima joya de orfebrería de Krieger –con pulso, melodía, vientos, orquesta y la sensual virilidad vocal de Morrison–, de la cual aquí se recuperan un diálogo previo y una toma más. Completan las novedades “Whiskey, Mystics And Men” (por partida doble), “Who Scared You” y “Push Push”.

La configuración original de “Morrison Hotel” (febrero de 1970), para mí su obra más homogénea, no agradó a todos. Apenas hay hits, ni tema largo final ni grandes discursos psicodélicos. Simplemente un vinilo dividido en dos caras –la primera “Hard Rock Cafe” y la segunda “Morrison Hotel”– con canciones siempre por debajo de los cinco minutos que incluyen algunos rescates como la antes mencionada “Indian Summer” o “Waiting For The Sun”. ¿Se agota la inspiración? La estrella es “Roadhouse Blues” –aquí con más de media hora de tomas extras–, pero no deberían quedar atrás “Blue Sunday” o “Peace Frog”, esta última con su guitarra nerviosa y el bajo acolchando: por fin The Doors alquilan bajistas de carne y hueso. Se nota.

Desgraciadamente, “L.A. Woman” (1971) se convirtió en el último álbum de la banda con Jim Morrison. Era un trabajo maduro y cuidado –colaboraron Jerry Scheff al bajo y Marc Benno a la guitarra–, controlado por Bruce Botnick tras la renuncia de Paul Rothchild –su productor de siempre–, con dos temas largos en vez de uno, “L.A. Woman” y “Riders On The Storm”, ambos los momentos clave al final de cada cara y curiosamente meros esbozos antes de entrar en estudio. Por aquel entonces, como indican los bonus“Orange County Suite” de Densmore y “(You Need Meat) Don´t Go No Further” de Willie Dixon–, la savia de The Doors se estaba secando. Jim Morrison seguramente lo sabía antes de expirar.

“The End”.

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