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ÁLBUM (2009)

THE FLAMING LIPS Embryonic

Warner
THE FLAMING LIPS, Embryonic
 

Un cuarto de siglo en las procelosas aguas del show business y los de Wayne Coyne todavía son capaces de sorprender y de hacerle un magnífico corte de mangas al sustantivo “acomodo”. Parecía que habían encontrado su lugar en el sol con discos icónicos como “The Soft Bulletin” (1999) y “Yoshimi Battles The Pink Robots” (2002), rodeados de un imaginario de psicodelia amable engarzada con animales de peluche, globos de colores, serpentinas, robots y alegría de ficción científica. Y de canciones pegadizas que agrietaban el espeso muro del mainstream como “Do You Realize??”, “The Yeah Yeah Yeah Song”, “Waitin’ For A Superman” y “Race For The Price”. Los Flaming Lips convirtieron la década que acaba en un viaje multicolor diseñado con realidades paralelas y mundos virtuales, un trip que bañaba a Walt Disney en alucinógenos y convertía a los niños en adultos y a los adultos en niños para siempre. Nada que objetar, salvo que la fórmula dio muestras de cierta anemia en el cuestionado “At War With The Mystics” (2006) y que los (grandes) esfuerzos dedicados al proyecto fílmico “Christmas On Mars” (2008) acabaron siendo bastantes decepcionantes, incluyendo una banda sonora que no pasaba de anecdótica, a pesar de mostrarlos en su franja de investigadores sin fronteras.

A los de Oklahoma parecía que les estaba ocurriendo lo peor que le puede pasar a un grupo: patentar una fórmula y moverse en sus márgenes sin excesiva atracción por el riesgo. Algo imperdonable en una banda siempre inquieta que durante los años ochenta había firmado revoltosos ciclones tóxicos del calibre de “Telephatic Surgery” (1989) y que saludó el ecuador de la siguiente con obras mayores como “Clouds Taste Metallic” (1995), sin olvidar esa magna locura llamada “Zaireeka” (1997), cuatro CDs para ser escuchados simultáneamente. Pero el ADN de Flaming Lips parece haber activado la alerta de los lugares comunes y ahora encaran la segunda década del siglo XXI con un disco arisco que quiere dar portazo a su antigua etapa de happy band con pedigrí. “Embryonic” es inquietante, amenazador y sombrío, sorprendente y escurridizo. Adiós a los estribillos soleados, a la euforia vigorizante y a los sueños en tecnicolor. Esto es un mal viaje guiado por unos magos sabios preparando brebajes para encender pesadillas que permitan pasar al lado oscuro.

 
THE FLAMING LIPS, Embryonic

Los Flaming Lips de Wayne Coyne lo han vuelto a hacer; en este caso, colonizando asteroides que cargan música para flotar.

 

En palabras de Coyne, “Embryonic” nace de la necesidad de la banda por volver a sentir el vértigo de la inmediatez y el pellizco de la improvisación: “Convinced Of The Hex”, el tema que lo abre –una especie de blues corrupto con guitarras obsesivas y percusiones caníbales: no esconden la influencia de Can–, nació de unas jams en casa de Steven Drozd. Sonido crudo y tribal que continúa en “The Sparrow Looks Up At The Machine” y que marca la tónica de un álbum ambicioso –doble vinilo– de setenta minutos que vuelve a delinear planetas ocultos –hay interludios instrumentales que parecen sacados del iPod del austronauta solitario de “Moon”– utilizando el sonido como combustible para un paseo extrasensorial lleno de simas y picos.

Pocas veces ha sonado Coyne tan frágil como en “Evil” –Pink Floyd entre gasas lisérgicas– mientras declama “I wish I could go back / Go back in time”. Odisea del espacio con los pies en la Tierra que juega a la épica a punto de quebrarse –la extensa “Powerless”–, levanta insólitos territorios zoológicos –“I Can Be A Frog”, con Karen O– y esparce polvo de estrellas con el Major Tom en el punto de mira –“Sagittarius Silver Announcement”–. Cuando llega el himno final de “Watching The Planets”“Yes, yes, yes, killing the ego tonight”–, lo más parecido a un posible hit de todo el disco, uno tiene la sensación de haber asistido a una brillante sesión de psicoterapia sonora que nos ha sumergido en turbulentas aguas eléctricas para volver a emerger purificados a la realidad. O tal vez no. “The sun’s is gonna rise” son las últimas palabras que se oyen en “Embryonic”: una promesa de luz al final del túnel que invita a iniciar el viaje otra vez. Sin temor a descolocar a su logia de fans de (pen)última hornada, The Flaming Lips lo han vuelto a hacer. Colonizando asteroides que cargan música para flotar.

“Watching The Planets” (con Karen O).

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