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ÁLBUM (2012)

THE MAGNETIC FIELDS Love At The Bottom Of The Sea

Merge-Domino-[PIAS] Spain
THE MAGNETIC FIELDS, Love At The Bottom Of The Sea
 

Concluida la trilogía sin sintetizadores a la que Stephin Merritt dedicó seis años de The Magnetic Fields, las máquinas y los circuitos resucitan su cara más pop en “Love At The Bottom Of The Sea” con quince himnos inolvidables, tambaleantes como enormes tartas de boda a punto de desmoronarse, en los que el melodrama y la soledad se travisten con humor y ternura en una irresistible comedia de poco más de media hora. Los años no han tumbado el romanticismo insobornable de Merritt; si acaso, lo han convertido en algo todavía más ingenuo y entrañable, y estas canciones y sus personajes, para los que él ha escrito algunas de las mejores letras de su carrera, no son más que voces distintas de un mismo corazón, abandonado después de que alguien cambiara la cerradura de su apartamento y lo dejara fuera para siempre.

Con un aire teatral propio de “69 Love Songs” (1999), “Love At The Bottom Of The Sea” reúne a mujeres heridas que planean venganzas horribles (“Your Girlfriend’s Face”, “My Husband’s Pied-à-terre”), y otras que tienen a un hombre a su lado, pero lamentan no poder evitar acostarse con todos los demás (“The Only Boy In Town”); chicas que sueñan con ser el smartphone que acapare toda la atención de sus novios (“The Machine In Your Hand”) y, claro, amores imposibles (“I’d Go Anywhere With Hugh” o la fantástica “Andrew In Drag”).

Y luego están “God Wants Us To Wait”, un hit sobre el sexo premarital sin desperdicio –“Despite my beauty and the scent of jasmine / Could you be happy in the knowledge of sin?”– y “I’ve Run Away To Join The Fairies”, de un dolor imborrable, en la que Merritt sueña que las hadas del jardín lo esclavizan y lo humillan tanto como un ex novio. Con canciones así, es normal que Stephin Merritt diga que le avergonzaría cantar lo que suelen cantar los demás. Ojalá escribiera él todas las canciones que escuchamos.

“Andrew In Drag”.

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