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REEDICIÓN (2010)

THE ROLLING STONES Exile On Main St.

Rolling Stones-Polydor-Universal
THE ROLLING STONES, Exile On Main St.
 

La historia que lo rodea es mitología moderna y está ya glosada minuciosamente en las hemerotecas. El disco que The Rolling Stones fueron a grabar al exilio después de “Sticky Fingers” (1971) en la mansión cerca de Cannes es de los que más tinta ha hecho correr. Lean a Nando Cruz en el especial Rockdelux del siglo para refrescar la puesta en escena de un legajo imperecedero de canciones que fue tratado de saque como una especie de spin off de Keith Richards y cuya consideración ha crecido en el tiempo hasta convertirlo en el grower más paradigmático de la historia del rock.

En su maltrato a la planificación artística –fueron a grabar con poco más en el refajo que “Sweet Virginia”–, su confianza en el mojo, su permeabilidad para capturar el momento de la banda como conjunto deshilachado pero perfectamente funcional, su complicidad para todos los vicios modernos del hombre y su sabiduría natural (del minimalismo del solista blues a la ejecución coral comunitaria del gospel), “Exile On Main St.” (1972) es el disco que mejor explica lo que tiene de diferencial el rock’n’roll. Cuáles son sus rasgos, qué espíritu lo acompaña más allá, qué aspecto tiene su “duende”. Es un pivote con el que recuperar el rédito de peligro e inmediatez del género y también el faro para los que se han dedicado a mantenerlo, remozarlo o exagerarlo siguiendo sus principios.

Sus anteriores discos ya influenciaron a una generación, este es para los que quisieran enfangarse a conciencia: cualquier compás vale por Jon Spencer o Royal Trux, “Shake Your Hips” por Suicide, “Happy” por Primal Scream, “Ventilator Blues” suelta pringue glam... Por americano que parezca, es lo que unos ingleses grabaron en la Costa Azul. Así que podemos considerarlo un gran bicho posmoderno que demuestra que el rock es un lugar en sí mismo, con raíces propias. Si ya sonaban americanos, aquí además invitaron a Gram Parsons. Sexo, drogas y rock’n’roll se integraron como nunca en lo que fue el pajareo más productivo imaginable.

 
THE ROLLING STONES, Exile On Main St.

El provechoso exilio en villa Nellcôte, convertido en la cumbre de los Rolling Stones. Foto: Dominique Tarlé

 

¿El mejor disco de los Stones? Es su última obra maestra de una ristra y un disco clave del canon. ¿Su “Blonde On Blonde”? ¿Su “White Album”? Añadan como mínimo “The Basement Tapes”, las drogas del gurú Maharishi, el botellero de “Bajo el volcán” y unos vientos bien puestos. Aunque desde el primer navajazo de Telecaster y ese “Oh yeah” de “Rocks Off” hasta el coro final de “Soul Survivor”, “Exile...” se diferencia de los otros dos en que no pretende trascender el género: se pasa de la raya.

Y si ya invita a lo superlativo y la nueva masterización es de las que se nota, cuidado con el CD extra. Pesa más que cualquier novedad concienzuda. Tiene el bulto de las joyas del grupo y es de lo más fresco que han hecho desde entonces. Completo en detalles, con unos músicos que parecen poder rodar indefinidamente y con temas tan grandotes que es increíble que fueran descartes, confirma que aunque Jagger no comprendiera “Exile...” lo interpretó de maravilla, y añade diez piezas al cesto.

Lo tiene todo: la lascivia de “Pass The Wine (Sophia Loren)” –un tema que se cuece con el chup-chup marca de la casa–; singles: “Plundered My Soul” –¡un clásico instantáneo en 2010 de 1972!–o “So Divine (Aladdin Story)”, con estribillo exultante; blues de viscosidad ramera en “I’m Not Signifying”, torch gospel para todos sus públicos con “Following The River”, una especie de honky tonk con toques de “Tumbling Dice” en “Good Time Women”, dos tomas alternativas que cuelan por buenas (“Loving Cup” y “Soul Survivor” cantada por Richards), riffs con pedigrí y amplitud de sonido... ¿Qué hacía todo esto escondido? A ver si el documental “Stones In Exile” (Stephen Kijak, 2010) aclara algo.

“Rocks Off”.

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