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ÁLBUM (1986)

THE SMITHS The Queen Is Dead

Rough Trade
THE SMITHS, The Queen Is Dead
 

Con “The Queen Is Dead” (1986) –recientemente reeditado con abundante material extra en tres formatos diferentes: 3CDs + DVD, 2CDs y caja con 5 LPs–, el cuarteto de Mánchester alcanzó la cima de su poder creativo, un trabajo donde la alianza entre Johnny Marr y Morrissey encontró el campo perfecto para ensamblar canciones entre la depresión y la euforia, entre lo personal y lo colectivo. Fue escogido el segundo mejor álbum entre los 300 mejores discos del período 1984-2014 en el especial del 30 aniversario de Rockdelux. Juan Cervera explicó el porqué en esta crítica maestra.

El ADN de la música pop se regenera a base de fogonazos brillantes y fugaces, momentos deslumbrantes que refulgen con luz cegadora para apagarse y luego perderse en las galaxias del olvido. A veces reaparecen con el paso del tiempo, desempolvados por la curiosidad de nuevas generaciones, pero en la mayoría de las ocasiones permanecen enterrados para siempre en el cementerio de lo que pudo ser y quedó –por escasez de talento o por accidentes de la mala suerte– truncado para siempre. Le podía haber ocurrido a The Smiths, el cuarteto de Mánchester integrado por Johnny Marr (guitarra, música), Steven Patrick Morrissey (voz, letras), Andy Rourke (bajo) y Mike Joyce (batería). Formado en 1982, el grupo fascinó a propios y extraños cuando apareció su primer single a mediados de mayo de 1983, un 7” con “Hand In Glove” en la cara A y una toma en directo –cazada en The Haçienda– de “Handsome Devil” en la B, alcanzando el número 1 de las listas independientes. Ambas canciones –empaquetadas en una portada con un desnudo masculino del fotógrafo norteamericano Jim French– fueron una brava tarjeta de presentación con la que la banda se desmarcaba de todo el fértil semillero de la escena alternativa británica, esa que unos años después, en 1986, acabaría canonizada por el semanario ‘New Musical Express’ en la casete “C86”. Con estas dos canciones, toscas y de un romanticismo desesperado, The Smiths estaban anunciando, alto y fuerte, que habían llegado para quedarse, para dejar su marca en las páginas de la historia de la música pop. Y tenían prisa por demostrarlo con hechos: sus siguientes sencillos –“This Charming Man” (octubre 1983), “What Difference Does It Make?” (enero 1984)– afirmaban con argumentos incontestables la personalidad del proyecto, cimentado en las imaginativas filigranas de guitarra de Marr y en la voz y los textos de un Morrissey sin miedo a la hora de mostrar las partes más vulnerables del hombre. Estos gloriosos preludios se vieron totalmente confirmados con la aparición del álbum homónimo, editado el 20 de febrero de 1984. La (hoy) icónica portada –una imagen de Joe Dallesandro en “Flesh”, el filme de Paul Morrissey de 1968 producido por Andy Warhol– guardaba en su interior diez canciones rotundas, producidas por John Porter, que se encaramaron sin problemas hasta el número 2 de los charts británicos.

 
THE SMITHS, The Queen Is Dead

Responsables de canciones que utilizaban los códigos del pop para ir creando fascinantes capas con múltiples lecturas.

 

Incansable, el grupo siguió editando singles (“William, It Was Really Nothing”, en agosto del 84, escondía en el reverso “How Soon Is Now?”, la menos canónica de sus canciones, convertida con el tiempo en uno de sus clásicos) previos a la edición de un segundo largo (“Meat Is Murder”, febrero 1985) que les reportaría su único número 1 (recopilaciones al margen). Convertidos en fenómeno mediático, su constante goteo musical tenía (en UK) la misma repercusión que las chirriantes declaraciones de Morrissey, lenguaraz líder dispuesto a despotricar contra Margaret Thatcher, los conciertos benéficos, el sistema educativo, la música negra, la monarquía, y, por supuesto, a defender ferozmente sus opiniones en pro del vegetarianismo y de los derechos de los animales.

Ya con el certificado BBB –Big British Band–, The Smiths se hallaban en la encrucijada de mantener este estatus o plantearse su expansión (todavía limitada) más allá de las Islas; las posturas de Marr y Morrissey eran divergentes, pero este no era el menor de sus problemas: tenían que afrontar su tercer álbum –ese que sirve para afianzar y/o triturar carreras. Marr lo sabía: “En el tercer disco tienes que ser innovador; se acabó lo de querer sonar como tus héroes, quería ser tan bueno como ellos”– en un clima no precisamente propicio: líos de mánagers, la cada vez mayor dependencia de la heroína de Joyce (expulsado fugazmente), su tensa relación con Rough Trade... Pero su supersónico método de trabajo no varió y las primeras sesiones de grabación del nuevo largo –título de trabajo: “Margaret On The Guillotine”– comenzaron a finales de julio en los Drone Studios de Mánchester, para pasar en agosto a Londres (RAK Studios) y, tras un parón estival, a finalizar en octubre (Jacobs Studios, Surrey). La grabación del disco, con Stephen Street en los controles técnicos, casi acaba con Marr. El guitarrista le confesó a Johnny Rogan, biógrafo “oficial” del grupo: “Fue muy duro. Cuando terminé ese disco, me encerré durante un par de semanas. Me sentaba en una silla, sin moverme, y me deprimía, y eso no era propio de mí”. El LP estaba acabado, pero su edición pendía de un hilo: hasta que se solucionó su contencioso discográfico, estuvo “congelado” durante meses; finalmente, “The Queen Is Dead” –Thatcher tuvo que esperar hasta el debut de Morrissey en solitario para recibir su canción-escarmiento– apareció el 16 de junio de 1986. Subió al puesto 2 de los charts británicos e hizo bajar la cabeza a los detractores que pregonaban que The Smiths eran una más, otra, de las novelty bands que llenaban las (entonces) influyentes páginas de ‘Melody Maker’ y ‘New Musical Express’: si el salto cualitativo entre el primer álbum y “Meat Is Murder” fue más que notable, con este se elevó hasta niveles estratosféricos.

 
THE SMITHS, The Queen Is Dead

Steven Patrick Morrissey (voz, letras), Johnny Marr (guitarra, música), Mike Joyce (batería) y Andy Rourke (bajo): gigantes.

 

Las diez canciones de “The Queen Is Dead” muestran a un grupo en plena ebullición creativa, apuntalando un universo que poco (o nada) tenía que ver con lo que imperaba en aquel momento. Más interesados en mirar hacia el pasado que en dejarse broncear por los sonidos de momento, M&M centrifugaron todas sus influencias en un tapiz creativo tejido con mimbres tan diversos como el añejo music hall, Sun Records, los vapores del punk que tanto les alimentó, el melodrama, el humor, lo público y lo privado. Todo en canciones que utilizaban los códigos del pop para ir creando fascinantes capas con múltiples lecturas. Su simplicidad, engañosa, sirvió de correa de transmisión para desperdigar toda una ristra de códigos culturales (Morrissey) y para reescribir de manera inédita algunos de los más gloriosos capítulos de la historia del rock (Marr). Cuando el guitarrista habla de la influencia de The Rolling Stones en “Bigmouth Strikes Again” (“mi ‘Jumpin’ Jack Flash’ particular”) o de que “Never Had No One Ever” no existiría sin The Stooges, no está jugando al enfant terrible, al contrario: reconoce sus deudas (algo que muy pocos hacen). Y su grandeza reside en que estas están utilizadas con la exacta dosis de sabiduría e inspiración para devolver algo genuino, alejado del homenaje hueco. “El talento coge prestado, el genio roba”. Lo dijo Oscar Wilde  y Morrissey lo hizo suyo (la frase se grabó en la matriz de la edición single de “Bigmouth Strikes Again”).

Musical y líricamente, “The Queen Is Dead” se mueve entre lo grave y lo liviano, entre el drama y la comedia, entre la ironía y la tragedia. Este continuo juego de opuestos, lejos de pintar un lienzo disperso, sirve para realzar tonos y texturas del inmenso poder de sugestión del disco y lo aparta de una mera lectura (escucha) plana y directa. Estos contrastes se encuentran, muchas veces, en la misma canción, sin que sus piezas chirríen en esta marejada de luz y sombras. La pluma de Morrissey, siempre dispuesta a la autocompasión, se equilibró como nunca en unos textos de una poderosa palpitación poética tocada por la cotidianidad de Philip Larkin, el fatalismo de Sylvia Plath y la pulsación iconoclasta de Wilde. “The Queen Is Dead” (la canción), por ejemplo –cuyo título enfoca a la monarquía, claro, pero también es un guiño homosexual a “Última salida para Brooklyn” (Hubert Selby, Jr., 1957)–, se engrandece al unir su feroz diatriba contra la Reina y la institución religiosa con esa sentencia final (“La vida es muy larga cuando estás solo”) que desnuda la vulnerabilidad del autor tras su descarga de rabia y desprecio. En esta composición, que se abre con una grabación de la actriz Cicely Courtneidge cantando en “La habitación en forma de L” (Bryan Forbes, 1962), un olvidado capítulo de free cinema que recalca, una vez más, la fijación de Mozzer por los perdedores y marginados –la portada es igualmente ilustrativa: un Alain Delon en “La muerte no deserta” (Alain Cavalier, 1964), sonado fracaso comercial del actor francés–, la banda explosionó con uno de sus mejores mosaicos de música, un arrollador torrente de oscuras pulsaciones punk propulsado por los redobles de batería de Joyce y una monstruosa línea de bajo de Rourke, otorgando definitivamente su valía a los dos eternos olvidados, “los Smiths a sueldo”. Sobre el trabajo de Rourke, Marr sentenció: “Es una de las mejores líneas de bajo que se han hecho, y algo que los bajistas no han igualado todavía”.

 
THE SMITHS, The Queen Is Dead

La banda explosionó con uno de sus mejores mosaicos de música, otorgando definitivamente su valía también a la sección rítmica.

 

El Morrissey que administra veneno letal se luce en “Frankly, Mr. Shankly”, su particular venganza con aires cabareteros contra Geoff Travis, jefe de Rough Trade (“un flatulento dolor en el culo”), y su vena satírica, en línea con la mejor tradición de humor destroyer británico, fija en “Vicar In A Tutu” uno de sus retratos más hilarantes, con ese vicario travestido que baila en el tejado de su parroquia y que “solamente quiere vivir su vida de esa manera”; en un (otro) giro genial, el propio autor se incorpora al final a la sátira (“él vuelve a bailar / la tela de un tutú / cualquier hombre podría acostumbrarse a ella / y yo soy un ejemplo viviente”).

Las estancias intimistas tienen en “The Queen Is Dead” los dos momentos más sublimes de todo el cancionero smithsoniano: en la cara A, un “I Know It’s Over” reptante no apto para depresivos (“Si eres tan gracioso / ¿por qué estás solo esta noche? / Y si eres tan listo / ¿por qué estás solo esta noche? / Si eres tan divertido / ¿por qué estás solo esta noche? / Si eres tan tremendamente guapo / Entonces ¿por qué duermes solo esta noche?”); y en la B, “There Is A Light That Never Goes Out” –que en un estrepitoso error de cálculo no se editó como single hasta 1992, coincidiendo con la edición del recopilatorio “... Best II” por Sire-WEA–, el lamento definitivo, la oda pop perfecta a la congoja, la alienación y la soledad (“Llévame esta noche / a donde haya música y haya gente / Que sea joven y esté viva... / Oh, por favor, no me dejes en casa... / No quiero volver nunca, nunca, a casa / porque ya no la tengo”). Ambas, con unos precisos y sutiles arreglos de cuerda firmados por Marr.

Con “The Queen Is Dead” se rompió el molde: es una obra única e intransferible cuya resonancia puede escucharse con fuerza a través de los años, pero cuya imitación está condenada al fracaso (vean el álbum-homenaje “The Smiths Is Dead” de 1996, una iniciativa de ‘Les Inrockuptibles’ donde las diez canciones del disco eran versionadas por, entre otros, The Boo Radleys, Billy Bragg, Placebo, The Divine Comedy, Bis, The High Llamas y Supergrass). Pero como la historia nunca es perfecta, y contradiciendo el consenso general –fue encumbrado en 1989 por ‘Spin’ como el mejor álbum de todos los tiempos; ‘New Musical Express’ hizo lo propio en 2013–, Morrissey & Marr han sentenciado en diversas ocasiones que su mayor logro es “Strangeways, Here We Come” (1987), el cuarto y último disco del cuarteto, la nota póstuma que enterró para siempre a The Smiths.

“I Know It's Over”.

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