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ÁLBUM (2011)

TOM WAITS Bad As Me

Anti-Epitaph-[PIAS] Spain
TOM WAITS, Bad As Me
 

Entra “Chicago”, echando humo: un tren descarrilando en el Gran Circo Waits. Y aparece la primera sonrisa, la primera compensación: el gruñón de Pomona no ha perdido el pulso ni ha aguado la tensión. Buenas, grandes noticias, las primeras con material totalmente nuevo desde “Real Gone” (2004). A punto de cumplir las 62 primaveras, Thomas Alan Waits entrega trece canciones (dieciséis en la edición limitada) que se antojan un gran resumen de su fértil trayectoria. Una trayectoria que hace años que ya acuñó su fórmula magistral, pero que todavía suena poderosa y nueva.

Tom Waits (y Kathleen Brennan: alguien debería hacer una investigación a fondo sobre el peso de la señora Waits en la obra de su marido) sigue cocinando rock chatarrero, blues torcido y baladas tóxicas, radiografiando las rosas (con espinas) de las relaciones amorosas, señalando con sus dedos roñosos las injusticias de un mundo cada vez más atraído por el abismo de la autodestrucción.

El entorno sonoro suena más que nunca a bohemia de lujo: pianos etílicos, vientos de callejón noir, riffs de guitarra angulosos y cortantes. Y la garganta del protagonista se pasea por este decorado –pintado por especialistas de currículo contrastado: Marc Ribot, Charlie Musselwhite, David Hidalgo, Flea, Larry Taylor, Keith Richards, Patrick Warren, Les Claypool...– con un dominio que no parece de este mundo. Rasposa o acariciante, grave o aguda, histriónica o dulce: Waits muerde las palabras, las retuerce, las besa... y las lanza a las ondas sensoriales para que hagan su carnicería emocional.

“Bad As Me” es, básicamente, un álbum de canciones de amor, de dependencia y arrebato, de sufrimiento y placer. Pero el autor de “Swordfishtrombones” (1983) no olvida los nubarrones que oscurecen la tierra prometida de Obama (y del resto del planeta): en la cimbreante “Talking At The Same Time”, con voz en falsete y vientos que retumban en la Gran Depresión, describe un panorama desolador en el que “algunos hacen dinero mientras las calles se llenan de sangre” y donde “todas las noticias son malas”. El comentario social se repite en la brutal, caótica “Hell Broke Luce”, una descripción de los desastres de la guerra que probablemente enfoque hacia Irak o Afganistán, pero que puede servir para cualquier sinsentido bélico.

 
TOM WAITS, Bad As Me

Los malos nunca mueren. Foto: Jesse Dylan

 

Los espejos más lúdicos de “Bad As Me” relucen en el rock’n’roll primitivo de “Get Lost” (con guiños a Wolfman Jack y a “Love Me Tender”) y en un poderoso “Satisfied”, algo así como la otra cara de “(I Can’t Get Not) Satisfaction” que, además de citar a Jagger & Richards, cuenta con el propio Keith proveyendo los riffs. Clase.

Algunas de las piezas más asequibles que Waits ha descorchado en los últimos años también encuentran su sitio en “Bad As Me”: es el caso de “Face To The Highway”, balada de huida y carretera. O de “Pay Me”, derrota a cámara lenta donde afirma que “all roads lead to the end of the world”. “Kiss Me” es Waits en hueso: voz, contrabajo, guitarra y piano a la hora de cierre de todos los bares. Una love song directa al canon clásico en busca de la emoción del primer beso. O cómo manejar el tópico para que salte la cáscara y se infle el nudo en la garganta. Y las esencias latinas –David Hidalgo en guitarras y percusión– se desperezan en la deliciosa miniatura de “Back In The Crowd”.

El Waits más histriónico se sube al pedestal en un tema titular donde sus dotes de actor-cantante se crecen mientras escupe “you’re the same kind of bad as me” y Marc Ribot se agiganta como guitarrista exquisito y especial. Y el crooner crepuscular reaparece en un “Last Leaf” delicado y reflexivo (“The autumn took the rest but they won’t take me / I’m the last leaf from the tree”), con Richards en los coros: autohomenaje o los “malos” nunca mueren.

“Bad As Me” se cierra con el carrusel de “New Year’s Eve”, un desfile de personajes y situaciones waitsianas que parece una colección de postales rescatadas de baúles del pasado: peleas, borracheras, nomadismo, reproches y barullo en una escena que podría pertenecer a cualquier noche perdida de la generación beat.

Tan necesario como siempre, Tom Waits pone otro hito –experto, potente, depurado– en su particular carretera hacia el cielo de la eternidad.

“Bad As Me”.

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