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BOX SET (2008)

Varios Motown: The Complete No. 1's

Motown-Universal
Varios, Motown: The Complete No. 1's
 

Bienvenidos al reino de Motown. Para conmemorar su cincuenta aniversario, se publicó este objeto tan especial: diez CDs dentro de una caja en forma de casita –la maqueta de la sede de Tamla en Detroit–. Doscientas canciones para satisfacer al más melómano: la seda, la magia y el soul familiar de la marca Motown, casi al completo. No obstante, un exigente David S. Mordoh, al revisar el asunto, buscó algunos temas y no los encontró.

Probablemente, Tamla Motown no hubiese existido sin “Reet Petite”, una canción que Berry Gordy –antiguo boxeador y dueño de una tienda de discos de jazz en bancarrota– compuso para que Jackie Wilson la convirtiese en éxito de Brunswick Records en 1957. Gracias al dinero ganado con esta y las siguientes –“Lonely Teardrops”– que fabricó para Wilson, Berry empezó a producir a jóvenes talentos de color de su Detroit natal como MARV JOHNSON y SMOKEY ROBINSON. Un par de años después, ya tenía listo un plan discográfico modesto para conquistar el mundo. Al principio, fue Tammie, poco después rebautizada Tamla, a la que se juntaron discográficas subsidiarias –Motown, VIP, Soul, Rare Earth– para conformar el imperio Tamla Motown.

El secreto de Gordy no solo se debió a su olfato fichando grandes voces (MARTHA REEVES, THE FOUR TOPS, DIANA ROSS, THE TEMPTATIONS), sino también a brillantísimos compositores (los Holland-Dozier-Holland o los Whitfield-Strong). O ambas cosas a la vez (Smokey Robinson, STEVIE WONDER, MARVIN GAYE). Una vez dominada la fórmula del hit perfecto, durante cuatro años se explotó con sincronización matemática. A un éxito le seguía el siguiente, se componía una canción con horario de oficina: a los tres días estaba grabada y a los siete en las tiendas. Incluso se creó una escuela para enseñar modales a sus inexpertos pupilos. A medida que avanzó la década, surgieron diversos competidores serios –Atlantic, Stax– que fueron desplazando a una Tamla Motown con crecientes problemas evolutivos. La marcha de Holland-Dozier-Holland a Invictus Records incrementó la sequía. Empujados por los vientos de cambio, The Temptations se aferraron a la psicodelia mientras que, en lo social, Marvin Gaye hurgó en el racismo y la paz. Aquellos críos habían crecido. Ya no creían en el poder de la inocencia adolescente.

Despojada de los componentes que la coronaron diosa, Tamla Motown procuró sobrevivir a golpe de talento. La visión de Gaye, las voces de la Ross o THE MIRACLES y la pericia compositora de aquel niño ciego llamado Stevie Wonder –ahora ya en su plenitud– seguían allí, complementadas con la euforia imparable de los hermanos THE JACKSON 5. Gracias a ellos se transitó con una bien remunerada modestia la década siguiente, pero a partir de entonces el talento y los éxitos –alejados de su sonido personal: mudarse de Detroit a Los Ángeles influyó– fueron espaciándose hasta convertirse en una pendiente que va de LIONEL RITCHIE a BOYZ II MEN.

 
Varios, Motown: The Complete No. 1's

The Supremes, con Diana Ross (en el centro): uno de los aciertos indiscutibles de Berry Gordy, maestro para fichar grandes voces.

 

El resumen apresurado viene a cuento porque tengo entre manos una de esas pequeñas maravillas que inventan las discográficas para combatir la piratería: diez CDs dentro de una caja en forma de casita –la maqueta de la sede de Tamla en Detroit– que se extraen levantando el tejado. La excusa, conmemorar el cincuenta aniversario de la empresa. La amplia selección de las canciones –doscientas– en principio parece abarcar lo mejor y más representativo del catálogo, y juntas reflejan una perspectiva equilibrada de quién ha sido quién en su desarrollo. Como tampoco cabía todo, debieron pensar, se buscó un criterio matemático para que además sirviera de título a la recopilación: “Motown: The Complete No. 1’s”. Todos los número uno. La sentencia es relativa, ya que Motown no ha tenido doscientos números uno en las listas generales de pop, pero sí si sumamos las listas sectoriales (de R&B, dance-disco, incluso country). Y bajo esta premisa se abarcaba casi todo lo imprescindible.

Casi. La escucha inicial parcial induce a la euforia. Los dos primeros CDs son magistrales y cubren hasta la primavera de 1969. Tercero y cuarto aún conmueven mostrando el esfuerzo de la factoría para combinar éxitos y acción social. Quinto y sexto, hasta cerrar 1979, entretienen. Y los cuatro restantes sí vomitan éxitos, pero, sobre todo noveno y décimo, apenas merecen la denominación de la marca. ¿Una cajita apetitosa? Para quien se ciña a los parámetros de la radiofórmula o para los fanáticos de las listas, evidentemente. Para quien, sin embargo, desee revivir la época dorada de un sonido singular, sobran y faltan cosas. No están “It's The Same Old Song” ni “Baby I Need Your Loving” de Four Tops. No está “Roadrunner” de Jr. Walker; ni “Ooo Baby Baby” ni “Tracks Of My Tears” ni “Going To A Go-Go” de The Miracles (esta última, un clásico northern soul) mientras se repite “The Tears Of A Clown”. Y, ya como favoritas personales, yo hubiera incluido también “What The World Needs Now Is Love” (el escalofriante recorta y pega de Tom Clay), “Third Finger, Left Hand” de Martha & The Vandellas (cara B de “Jimmy Mack”), “Heaven Must Have Sent You” (de los Elgins) y una tremenda versión de “Ball Of Confusion” (The Undisputed Truth).

The Supremes: “Where Did Our Love Go”.

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