Probablemente, Tamla Motown no hubiese existido sin “Reet Petite”, una canción que Berry Gordy –antiguo boxeador y dueño de una tienda de discos de jazz en bancarrota– compuso para que Jackie Wilson la convirtiese en éxito de Brunswick Records en 1957. Gracias al dinero ganado con esta y las siguientes –“Lonely Teardrops”– que fabricó para Wilson, Berry empezó a producir a jóvenes talentos de color de su Detroit natal como MARV JOHNSON y SMOKEY ROBINSON. Un par de años después, ya tenía listo un plan discográfico modesto para conquistar el mundo. Al principio, fue Tammie, poco después rebautizada Tamla, a la que se juntaron discográficas subsidiarias –Motown, VIP, Soul, Rare Earth– para conformar el imperio Tamla Motown.
El secreto de Gordy no solo se debió a su olfato fichando grandes voces (MARTHA REEVES, THE FOUR TOPS, DIANA ROSS, THE TEMPTATIONS), sino también a brillantísimos compositores (los Holland-Dozier-Holland o los Whitfield-Strong). O ambas cosas a la vez (Smokey Robinson, STEVIE WONDER, MARVIN GAYE). Una vez dominada la fórmula del hit perfecto, durante cuatro años se explotó con sincronización matemática. A un éxito le seguía el siguiente, se componía una canción con horario de oficina: a los tres días estaba grabada y a los siete en las tiendas. Incluso se creó una escuela para enseñar modales a sus inexpertos pupilos. A medida que avanzó la década, surgieron diversos competidores serios –Atlantic, Stax– que fueron desplazando a una Tamla Motown con crecientes problemas evolutivos. La marcha de Holland-Dozier-Holland a Invictus Records incrementó la sequía. Empujados por los vientos de cambio, The Temptations se aferraron a la psicodelia mientras que, en lo social, Marvin Gaye hurgó en el racismo y la paz. Aquellos críos habían crecido. Ya no creían en el poder de la inocencia adolescente.
Despojada de los componentes que la coronaron diosa, Tamla Motown procuró sobrevivir a golpe de talento. La visión de Gaye, las voces de la Ross o THE MIRACLES y la pericia compositora de aquel niño ciego llamado Stevie Wonder –ahora ya en su plenitud– seguían allí, complementadas con la euforia imparable de los hermanos THE JACKSON 5. Gracias a ellos se transitó con una bien remunerada modestia la década siguiente, pero a partir de entonces el talento y los éxitos –alejados de su sonido personal: mudarse de Detroit a Los Ángeles influyó– fueron espaciándose hasta convertirse en una pendiente que va de LIONEL RITCHIE a BOYZ II MEN.