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ÁLBUM (2006)

Varios White Bicycles. Making Music In The 1960s

Fledg'ling
Varios, White Bicycles. Making Music In The 1960s
 

Se sabe, claro, pero nunca está de más recordarlo: la historia de la música popular, tal y como la conocemos, no sólo la escriben los artistas que exhiben su talento y/o narcisismo encima de un escenario o en las portadas de los discos. También está repleta de nombres más o menos escondidos –por voluntad propia o por los vaivenes de los acontecimientos– que han jugado y juegan un rol fundamental en el desarrollo final del arista. Son los mánagers, productores, fundadores de sellos discográficos, gestores de salas, fotógrafos, ingenieros, musas, descubridores... Un ejército de las sombras de influencia incontestable que, por supuesto, también tiene su star system particular. ¿Nombres? Ahí van algunos: John Hammond, Sam Phillips, Berry Gordy, Chris Blackwell, Norman Granz, Bruce Pavitt, Richard Branson, Harry Smith, Geoff Travis, Clive Davis, Tony Wilson, David Geffen, Teo Macero, Rick Rubin, Hilly Cristal, Albert Grossman, George Martin, Brian Epstein, Phil Spector, Sylvia Robinson, Alan McGee... Se podrían escribir varios voluminosos volúmenes sobre las aventuras de estos “reversos” del artista. Y un capítulo importante habría que dedicarlo, sin duda, a Joe Boyd, el impecable caballero bostoniano a quien siempre se asociará con la efervescencia de la escena folk británica de mediados de los sesenta.

Boyd ha publicado hace escasos meses “White Bicyles”, un suculento libro de memorias centrado en su actividad en la industria musical entre los años 1966-1974, con los correspondientes flashbacks sobre sus inicios en el business. El libro, editado por Serpent’s Tail, se publicita con una rotunda setencia de Brian Eno (“The best book about music I have read in years”) y tiene su correspondiente gemelo sónico en el CD del mismo título que nos ocupa, un rápido recorrido en setenta y ocho minutos por los momentos de gloria del Joe Boyd productor que aparece en un contexto temporal favorable: la vuelta de los oídos de las nuevas generaciones hacia el folk más o menos psicodélico puede descubrirle a muchos a un nuevo gurú hasta ahora reservado a melómanos de larga trayectoria.

 
Varios, White Bicycles. Making Music In The 1960s

Joe Boyd, narrador de los años en que parecía que no existían fronteras para la experimentación ni barreras para los delirios.

 

Boyd, un graduado en Harvard nacido en el seno de una respetable familia bostoniana en 1942, pisó por primera vez suelo británico a los 22 años y quedó fascinado por la efervescencia creativa que latía en las calles y los clubs de Londres, ciudad donde acabaría instalándose en 1965 como responsable de la oficina británica de Elektra. A partir de ahí su curiosidad y su nombre se confunden con la génesis y el esplendor del Londres más swinging y underground. Antes de las navidades de 1966 funda con John Hopkins el club UFO, legendario centro de operaciones de la fauna más in que se convirtió en tubo de ensayo para la expansión de los nuevos evangelios psicodélicos. Uno de los grupos que pisaban el escenario de Tottenham Court Road eran Tomorrow –el guitarrista era Steve Howe: Yes–. Una de las canciones de Tomorrow, titulada “My White Bicycle” en referencia al transporte gratuito que los provos habían instaurado en Amsterdam, sirve ahora como espoleta para rememorar unos años que, según Hanif Kureishi, continúan “idealizados y mitificados”, pero que son “cruciales para comprender la corrupción de muchos gobiernos actuales” ya que sus dirigentes se formaron en esa década de rupturas y transgresión. Un interesente punto de vista sociológico que no invalida el legado artístico de la época: la mayoría de las obras maestras del rock, el jazz o el pop germinaron en los ¿felices? sesenta, años en los que parecía que no existían fronteras para la experimentación ni barreras para los delirios más inclasificables.

Fascinado por las posibilidades que la aventura psicodélica podía aportar al folk, Boyd pone en marcha Witchseason Productions, su compañía de management, y tutela la trayectoria de THE INCREDIBLE STRANG BAND y FAIRPORT CONVENTION, las dos bandas más representativas del acid folk. Antes había supervisado una muy particular versión del “Crossroads” de Robert Johnson interpretada por THE POWERHOUSE, un supergrupo con Paul Jones (Manfred Mann), Eric Clapton, Steve Winwood y Jack Bruce. El monumento psicodélico de “Arnold Layne” de Syd Barrett para PINK FLOYD o el espeso “She’s Gone” de SOFT MACHINE –con un sample casi inaudible de William S. Burroughs leyendo el texto que los bautizó– muestran las afinidades de Boyd con la cultura expansiva de las drogas (aunque él se autodefine como “un modesto consumidor”), pero es en las excursiones de folk visionario, mágico y onírico donde sus manos encuentran el guante perfecto: aquí hay suficientes pruebas con el aliento de SHIRLEY COLLINS, MARTIN CARTHY, FOTHERINGAY (la malograda Sandy Denny post-Fairport) o JOHN MARTYN. El mito NICK DRAKE lo sería menos sin el paraguas de su productor y la hoy reivindicada VASHTI BUNYAN no dudó en acudir al norteamericano cuando decidió pisar el estudio para “Just Another Diamond Day” (1970). Y en la mina de “White Bicyles”, el disco, hay más gemas: la NICO de “Desertshore” (1970), rarezas inéditas de DUDU PUKUWA o THE NEW NADIR y, last bust not least, las extensas anotaciones del propio Boyd que contextualizan cada canción. La historia se detiene con la llegada de los setenta; es necesario, por tanto, un nuevo capítulo que glose la fundación de Hannibal Records o sus puntuales encuentros con R.E.M., 10.000 Maniacs, Billy Bragg o el proyecto Songhai. Que no tarde.

Soft Machine: “She's Gone”.

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