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ÁLBUM (2007)

VIC CHESNUTT North Star Deserter

Constellation-Green Ufos
VIC CHESNUTT, North Star Deserter
 

Tres lustros largos desde su debut –“Little” (1990)– y Vic Chesnutt sigue poniendo los pelos de punta. En disco, en directo: recuerden su pase por el Primavera Sound de 2005: aquel 28 de mayo el enorme escenario del Auditori enmudeció con su presencia y sus canciones, con su humor irreductible y con la tristeza de una de las voces más conmovedoras que existen. Vic Chesnutt jamás ha pretendido ser un transgresor. Es un artesano que excava en la tradición para coser canciones que signifiquen algo. Para él y para el oyente. Que usó la música para salir del pozo en que cayó cuando a los 18 años se vio sentado, para siempre, en una silla de ruedas. La autocompasión es una carretera directa al infierno y Chesnutt esquivó todos los carriles con melodías y versos, con cuerdas y pentagramas (y con la ayuda de algunos pequeños-grandes amigos: Michael Stipe fue su valedor en los primeros tiempos de profesionalización).

Volviendo a la transgresión: Chesnutt tampoco se ha conformado nunca con los patrones establecidos e inamovibles del folksinger, y buena prueba de ello es la lluvia de colaboradores –Lambchop, Will Johnson, Van Dyke Parks, Widowspread Panic, Bill Frisell...– que han ido poblando sus grabaciones en distintos momentos. Su vagabundeo discográfico lo ha llevado a todos los puertos –incluyendo la aventura multinacional de los noventa con “About To Choke” (1996) y “The Salesman And Bernardette” (1998)– y ahora reaparece, tras dos magníficas entregas –“Silver Lake” (2001) y “Ghetto Bells” (2003)– en el sello roots New West, en las filas de Constellation. Una sorpresa en toda regla –la conjunción de la comuna de Godspeed You! Black Emperor con el autor de “Drunk” (1993) no constaba en la agenda ni del A&R más pirado– que ha dado como resultado uno de los pináculos más altos (¿el más alto?) de la ya larga carrera del cantautor sureño.

En Constellation ya rompieron esquemas con la apropiación del mundo de Carla Bozulich, aunque la visita a Canadá de la ex Geraldine Fibbers puede encuadrarse dentro de cierta “normalidad”. El viaje a Montreal de Chesnutt no. Y por eso “North Star Deserter” (2007) fascina todavía más, ya desde su inusual concepción. Fue idea del cineasta Jem Cohen (el de “Instrument” de Fugazi), aquí en calidad de productor, que las nuevas composiciones de Vic tomaran forma en el Hotel2Tango rodeado por la crema del post-rock más militante.

 
VIC CHESNUTT, North Star Deserter

Artesano contra la comodidad y el olvido que excava en la tradición para coser canciones que signifiquen algo. Foto: Jem Cohen

 

Dicho y hecho, una sesión de diez días bajo la invocación de la poesía de Auden y del espíritu de Nina Simone, y una banda mutante que incluye al completo a los siete componentes de Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra y a miembros de Frankie Sparo, Hangedup, Godspeed, Esmerine, The Quavers y la presencia del Fugazi Guy Picciotto (guitarra y grabaciones de campo). Once composiciones propias y una lectura de Nina Simone (“Fodder On Her Wings”, 1982; en su etapa de exilio francés) con un Vic Chesnutt a pleno rendimiento, tierno y oscuro, lírico y seco, inexpugnable y cercano, que estruja el corazón para saciarse con el jugo de la vida. Grandes canciones que resuenan en la voz de ángel caído, de profeta que traspasa las tinieblas para dejar al hombre con el esqueleto de la verdad. Drama grave y comedia con pinchos, ironía y compasión: el gran teatro del mundo filtrado en canciones que meten la mano en el barro de los trovadores de siempre, de ahora. Ya sea con las vestimentas más puras y esenciales o con las cascadas de electricidad desbocada, ya sea en el espacio de dos minutos o de siete. Solo o con coros casi de congregación religiosa. Vic Chesnutt no imposta: sus canciones parecen nacer de una necesidad que se antoja imperiosa, casi violenta. Reflexiona sin acartonar la naturalidad. Quizás esa sea el aura de los genios, hacer fácil lo difícil, hacernos comprender los misterios más enrevesados, traducir lo ignoto en cuentos para niños.

“North Star Deserter” es uno de esos discos fuera de tiempo y catalogación. Su red musical –guitarras y contrabajo acústico, vibráfonos, chelos, violas, pianos, órganos, violines, samples...– parece que ya existía de antemano, oculta como los diamantes en la mina, esperando que Chesnutt llegara para colocar su voz y sus versos. De la pureza de la obertura (“Warm”) y el cierre (“Rattle”) a las sublimes cumbres colectivas de “Everything I Say” y “Debriefing”, sin olvidar “Rustic City Fathers” (la canción que necesitarían R.E.M. para recuperar su prestigio), todo en “North Star Deserter” lleva la firma y el aliento de un genuino maestro, aquí reverenciado por una nueva cohorte de pupilos felices y aplicados. Con 42 años cumplidos, Vic Chesnutt acelera más que nunca en una carrera contra la comodidad y el olvido. Catártico.

“Rustic City Fathers”.

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