Coincidiendo con la edición de la tan feroz como formidable biografía oral y colectiva “I’ll Sleep When I’m Dead. The Dirty Life And Times Of Warren Zevon” y el lanzamiento del recopilatorio de inéditos y rarezas “Preludes” (2007), la discográfica Rhino exhuma y remoza tres momentos de la demencial carrera del creador y acaso único practicante del estilo California noir en lo que a las canciones se refiere. “Excitable Boy” (1978) –quizá su álbum más conocido por incluir esa formidable broma que es “Werewolves Of London”– aparece aquí aumentado por la inédita “I Need A Truck”, así como por versiones alternativas de “Werewolves Of London”, “Frozen Notes” y “Tule’s Blues”, pero poco y nada ha cambiado: “Johnny Strikes Up The Band”, “Roland The Headless Thompson Gunner”, “Accidentally Like A Martyr” y “Lawyers, Guns And Money” siguen siendo lo mejor.
El durante mucho tiempo desaparecido “The Envoy” (1982) evidencia el mal envejecimiento de cierto sonido ochentero; los temas extra no aportan gran cosa, pero continúa siendo el huésped de las formidables “Jesus Mentioned” (canción necrófaga con Elvis Presley) y “The Hula Hula Boys” (seguramente el único tema jamás grabado sobre la experiencia de que te pongan los cuernos en Hawái y vivir para cantarlo).
Mucho más agradecible es la reaparación del inconseguible hasta ahora en formato CD “Stand In The Fire” (1981). Registrado en el Roxy de Los Ángeles, es uno de los directos más intensos de la historia (comparable al de The Who en Leeds o al de Bob Dylan en Manchester) y muestra a un artista tocado por la gracia, los calmantes, los esteroides y el vodka. Particularmente emocionante es el momento –en el extra “Hasten Down The Wind”– cuando Warren Zevon (1947-2003), a solas al piano, ordena encender las luces de la sala y comenta: “He descubierto dónde estaban mis amigos”. Al no haber estado allí, queda el consuelo de estar ahora. Descanse en paz, aunque seguro que no. ![]()


























