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ÁLBUM (2011)

ZOMBY Dedication

4AD-Popstock!
ZOMBY, Dedication
 

Vas a pescar en el revuelto (y que siga) río de la electrónica británica y (casi) siempre vuelves con una pieza de consideración. En formato corto, generalmente, llámese single, EP, maxi o descarga. Por eso, las andanzas de Zomby merecen un recuento aparte: es capaz de generar bombas de corta duración y/o de alcance más largo: ahí está su álbum de debut, “Where Were U In '92?” (2008), un homenaje a la escena rave filtrado por el jungle y el dubstep que abría compuertas con una carga del calibre de “Fuck Mixing, Let’s Dance” y brincaba gozoso entre sirenas, chillidos y subidones como “Daft Punk Rave”, “Need Your Lovin’” y “Pillz”.

Habitante en la zona enigmática del dubstep –jugando a la no identificación y poco amante de pisar escenarios, en el más puro estilo Burial–, Zomby opera desde 2007 (el single “Memories”) y, desde entonces, ha pisado la mítica Hyperdub y se ha labrado una reputación entre lo más granado y brillante de la escena post-dubstep.

Tras un EP (que algunos consideran álbum: veintiséis minutos) en 2009, “One Foot Ahead Of The Other”, Zomby escuchó (al igual que Skream y Benga) la llamada de las sirenas de sellos importantes, pero finalmente decidió recalar en 4AD y preparar este “Dedication” casi coincidiendo con la muerte de su padre. La pérdida del progenitor es posible que haya tintado el álbum, ya que el cambio respecto al debut es radical. Adiós a los beats gordos y al ritmo químico, hola a la oscuridad, al minimalismo y al recogimiento.

 
ZOMBY, Dedication

Un buen misterio: vivero de texturas profundas, inventivo en las cenefas melódicas, seductor y malsano. Foto: Kate Garner

 

El negro domina un disco cuyos títulos –por no hablar de ese corazón roto estampado en la galleta– son claramente indicativos de las tinieblas en las que ha sido ideado: “Witch Hunt”, “Black Orchid”, “Riding With Death”, “Things Fall Apart”, “Lucifer”, “A Devil Lay Here”, “Haunted”... No son precisamente enunciados para prologar un día radiante y soleado (aunque el cierre, “Mozaik”, parece querer iluminar nuevos amaneceres).

La música se genera en fragmentos cortos –el álbum no pasa de los treinta y cinco minutos– que asemejan porciones de piezas más extensas que quedan en suspenso. “Witch Hunt” y “Lucifer” se emparejan con las misas negras de Salem, el brevísimo “Salamander” deja entrever los reflejos de una tribu ignota y el ya conocido “Natalia’s Song” –propulsado por el sample vocal de Irina Dubtzova, diva de la ‘Operación Triunfo’ rusa– podría ir firmado por el Burial de “Untrue” (2007). Es, de hecho, la pieza más extensa, la más “canción”, y uno de los momentos a retener de esta temporada.

Monumento de ritmos escuálidos y sintetizadores etéreos, “Dedication” chorrea una extraña y adictiva fascinación. Sus cortes parecen cápsulas de recuerdos, migajas de las añoranzas de seres errantes o desaparecidos (“Vanquish”: Cluster o Eno desconectados en una estación espacial averiada). La presencia de la frágil voz de Panda Bear en “Things Fall Apart” –como el piano lánguido de “Basquiat”– refuerza este efecto de nostalgia futura.

Vivero de texturas profundas, inventivo en las cenefas melódicas, seductor y malsano, “Dedication” es una majestuosa escultura sonora que se postula –con James Blake, con Balam Acab– a álbum electrónico del año.

“Natalia’s Song”.

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